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La maldición de un siglo

La maldición de un siglo
04/07/2018
03:05
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Uruguay 1930. El invierno era tan frío que uno de los seleccionados mexicanos, Raymundo Rodríguez, tuvo que envolverse los brazos, las piernas y el torso con unas vendas. Así adquirió el apodo con que iban a conocerlo hasta la hora misma de su muerte: La Momia Rodríguez.

La selección mexicana había salido de Veracruz a bordo de un vapor. En el malecón le tocaron esa canción del adiós, Las Golondrinas, que los 17 jugadores que por primera vez representarían a México en un Mundial, escucharon emocionados. El vapor los dejó en Nueva York. Ahí abordaron un crucero que bordeó el continente hasta Montevideo.

Lo que hoy se llamaría el director técnico, y entonces era solo el entrenador, Juan Luque de Serrallonga, los puso a trabajar diariamente en la cubierta “para evitar subidas de peso” y endurecerles los músculos.

Serrallonga, nacido en Gerona, había jugado como guardameta en el Sevilla. En 1928 llegó a México, y alineó en el Germania. Pasó a la historia como el primer técnico español en el extranjero, y también como el primero que le dio un campeonato a los Tiburones Rojos del Veracruz.

Era célebre por su mano dura y los regímenes casi militares a que sometía a los jugadores. Al llegar a Montevideo, por ejemplo, buscó el hotel más apartado para hospedar a los jugadores, y alejarlos de las rutilantes tentaciones que podía ofrecerles la ciudad. Fue la primera “concentración” en forma en la historia del futbol mexicano.

En México, la medida fue celebrada, pues ya desde entonces los jugadores tenían fama de “inquietos”: la fiesta de los seleccionados de 2018 es una tímida variación de algunas otras fiestas: revísese el expediente del experto mundialista, Antonio La Tota Carvajal, retratado en Chile en 1962 en brazos de una hermosa señorita.

La base de la selección estaba formada por cuatro equipos: el Marte, el Atlante, el América y el Necaxa. En México se pateaban balones desde 1896. Para fines de los años 20 (la Federación Mexicana se fundó en 1922) el futbol se había convertido en una de las grandes pasiones de la sociedad mexicana: una verdadera religión laica.

Además del mediocampista La Momia Rodríguez, la escuadra mexicana alineaba al portero Óscar Bonfiglio, y a los delanteros Luis Pichojos Pérez e Hilario El Moco López. Figuraban también Juan El Trompo Carreño, Felipe El Dientes Rosas, Nicho El Rabanillo Meja y Manuel El Chaquetas Rosas (¿?).

La estrella americanista era Rafael El Récord Garza.

El uniforme era bellísimo. La camiseta guinda y los pantaloncillos negros —que llegaban hasta la pantorrilla.

En 1930 se jugó el primer Mundial de la historia y a México le tocó inaugurarlo. En el grupo estaban Francia, Argentina y Chile. Francia fue nuestro primer rival.

El día de la inauguración, Serrallonga colocó un fonógrafo a un lado de la cancha, para que los seleccionados mexicanos pudieran escuchar las notas del Himno. Los jugadores, emocionados, guardaron un minuto de silencio —“en honor de la Virgen de la Guadalupe”, según reseña la edición correspondiente de EL UNIVERSAL— y luego besaron, “respetuosamente” el lábaro patrio.

La esperanza duró 18 minutos.

Un jugador del París, Lucien Laurent, anotó el primer gol en un Mundial: el primer gol en la historia de los Mundiales tenía que ser precisamente contra México.

Un atlantista, El Trompo Carreño, había sido el primer jugador mexicano en anotar un gol en los Juegos Olímpicos de 1928. Aquel día de junio El Trompo Carreño apareció en el área francesa y acribilló al portero.

México luchó, jugó, corrió todo el primer tiempo. Le metieron el segundo gol en el minuto 42, y a partir de ahí comenzó la masacre que dejó un marcador final de 4-1.

Serrallonga echaba espuma por la boca. Culpó públicamente del desastre al portero Bonfiglio, aunque la prensa nacional pensaba que el problema mexicano estaba en la zaga: “los jugadores de esta oncena adelantaban demasiado la pelota, facilitando de esa manera la labor de sus contrarios”.

El segundo partido se jugó contra Chile. En ese partido El Chaquetas Rosas metió el primer autogol en la historia de los Mundiales. El marcador final: Chile 3, México 0.

Ya eliminada, sin posibilidades de avanzar, la selección jugó su último partido contra Argentina. El Chaquetas Rosas se convirtió en aquel partido en el primer jugador del mundo en anotar un penal. En solo 16 minutos, sin embargo, la meta mexicana recibió tres goles. El marcador final: Argentina 6, México 3.

En doce años se cumplirá un siglo de todo esto.

En 1994 extraje estas notas de una hemeroteca. Cada Mundial las recuerdo con la esperanza de que la historia que cuentan quede exorcizada: que llegue al fin la redención.

Esperaré a Qatar 2022.
 

@hdemauleon
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