El mundo no confabula contra ti

Francisco Vela

Culpable o no, Alan Pulido siempre está en el ojo del huracán. Desde su salida de Tigres, el futbolista se vio inmerso en una situación desagradable, dicen, se fue teniendo contrato.

En su “huida” dejó fuera de la jugada a su representante Mauricio García de la Vega para irse con el socio de éste, Felipe Ayala. Situación que derivó otro pleito.

Alan sufrió su decisión y aunque experimentó jugar en Europa, los problemas que dejó en México lo persiguieron muchos años fuera del país. Mientras vivía el sueño europeo jugando en la Liga griega, Pulido estuvo bloqueado para ser considerado en convocatorias de la Selección Nacional.

Tan “mala suerte” tiene Pulido que “lo mejor” de él en sus años de exilio fue expuesto en unos videos donde contaba chistes y bailaba en paños menores.

Pobre Alan, no para ahí. Sufrió de la delincuencia que azota nuestro país: fue secuestrado. Historia que tuvo un desenlace de película y que afortunadamente no le trajo mayores consecuencias.

Con el perdón de Tigres, el Pacto de Caballeros le dio la bienvenida a la Liga MX. Chivas lo repatrió y lo regresó por la puerta grande. La mala suerte de Pulido parecía cambiar.

Campeón de Copa y, con un gol suyo, campeón de Liga. Que dulce episodio, anotándole en la final al equipo que “tanto daño le hizo”, los Tigres. Pero la “nube negra” no se le retiró a Pulido. Las lesiones, mayormente musculares, lo han aquejado y han impedido que siga mostrando de manera consistente su gran talento.

El más reciente episodio de su mala “fortuna” le tocó vivirlo hace algunos días. Salió lesionado del Clásico que ganaba su equipo y que terminó por perder 2-1. Que dolor perder ante las Águilas y que dolor salir nuevamente lesionado.

A rehabilitación. Lesiones musculares requieren de reposo y de un rigor en su control de descanso y alimentación, sin embargo, la mala suerte lo persigue.

Pulido aprovechó las horas de la noche del domingo, casi al mismo tiempo que su equipo rescataba un triunfo vital para ellos, para asistir a un concierto; amigas, amigos, champagne, altas horas de la noche y a un auto deportivo: la combinación de la desgracia para el indefenso jugador que olvidó su reposo obligado para distraer el espíritu y el cuerpo. Lo que pasó poco a poco se va develando, pero la constante sigue siendo una: “Pulido no hizo nada, él está bien”.

Triste coincidencia que su carrera está plagada de eventos desafortunados, de momentos inoportunos. Rodeado de juicios “perniciosos” de la prensa. Pobre de Pulido.

Ojalá y su mala suerte se termine pronto, que ésta se componga cuando decida ser más cuidadoso y profesional con su carrera, sino, la mala suerte lo seguirá estrellando contra su carrera.

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