Mike

FJ Koloffon

Una de las mayores hazañas de una persona es acercarse a otro ser humano, sobre todo para nosotros los callados

Una de las mayores hazañas de una persona es acercarse a otro ser humano, sobre todo para nosotros los callados. Romper la barrera de la distancia, traspasarla y  presentarme ante un extraño, significa para mí toda una proeza, especialmente con quien por cualquier razón me atrae. Me costaba trabajo desde niño con las niñas que me gustaban.

Así perdí varias, y así me obligué a ser un poco más aventurado, no solo en cuestión de amores, sino de sueños. Recuerdo cuando me enteré que Alfonso Cuarón presentaría Children of Men a la prensa en el hotel Four Seasons. Conseguí burlar la seguridad y llegar con el gafete del cinismo a donde aguardaba el inicio de la conferencia, hasta que su asistente personal, una chica creo que venezolana, me detuvo.

—Vengo a entregarle este libro a Alfonso —le dije con un tono de misterio, como si alguien de la mafia me hubiera enviado—, por favor que lo reciba.

—¿El astronauta terrestre? —me preguntó—. ¿Quién se lo envía?

—Tú entrégaselo —y se lo di con la esperanza de que un día me llamara para hacerlo película, pero mejor hizo Gravity.

Con los años —y un poco con el ejemplo de mi madre, que sin rubor aborda famosos en la calle, como la vez que iba con ella y corrió con Xavier Velasco a decirle que yo era escritor—, he aprendido a establecer la mágica comunicación con quien llama mi atención, cosa que me sucedió apenas el viernes con Mike, el personaje que corre desde hace más de 55 años todas las mañanas en los Viveros de Coyoacán en sentido contrario.

Todos corremos hacia un mismo lado, pero Miguel Alcántara, Mike, corre al revés y desde hacía tiempo quería preguntarle por qué. Por fin me atreví a saludarlo, él me dio la mano y un dulce. Tiene 78 años, va de lunes a sábado a las 7:30 a.m.; antes empezaba a las cuatro. Ha terminado 70 maratones, pero nunca se ha tomado el tiempo porque, dice, simplemente corre para sentirse bien. Una sola ocasión su hermano le cronometró por curiosidad una carrera del Día del Padre: 1:13 horas.

En la vuelta que lo acompañé alcancé a contar 30 corredores que lo saludaron; mujeres, hombres, viejos, jóvenes,  todos los conocen. Eso sucede cuando haces las cosas a tu manera, a tu sentido y de manera distinta, te vuelves único y mucho más visible, reconocido.

“No es llevar la contraria, es que hacia este lado del circuito hay una subidita casi imperceptible que tras 55 años de correrla me ha hecho más fuerte”. Sabía que tenía que hablar con Mike, porque somos las experiencias, los libros que hemos leído, las canciones que nos mueven por dentro y las relaciones que nos permiten conocer otros mundos.

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