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Se ha hablado de su infarto y sus problemas del corazón, de los neurólogos de Miami que han viajado sistemáticamente a México para tratarlo, pero poco se ha dicho de una condición que aqueja al presidente electo Andrés Manuel López Obrador y que pone en riesgo su movilidad: según fuentes cercanas al mandatario electo, le tuvieron que quemar los nervios del cuello para esconder una grave dolencia en las cervicales, que son las vértebras que están en la base del cráneo y que envuelven para proteger a la médula espinal.
De acuerdo con los mismos informantes del primer círculo de AMLO, durante los últimos años el presidente López Obrador ha tenido mucho dolor de espalda y por eso en muchos de los mítines se le ha visto en una pésima postura, encorvado.
El año pasado, cuando era dirigente nacional de Morena, antes incluso de las precampañas, la condición se puso tan crítica que obligaba a una intervención quirúrgica que lo mandaría a reposo durante varias semanas. Los tiempos políticos se impusieron y el líder decidió no operarse: optó por que le quemaran los nervios en la zona de la nuca para dejar de sentir el dolor. Así, el problema no quedó solucionado de fondo, pero se escondió para que el presidente AMLO no lo sintiera.
En México, desgraciadamente, no existe la cultura de transparentar el estado de salud de los presidentes. En otras naciones forma parte de la información que se da a conocer durante las campañas e incluso es materia de debate. En nuestro país se ha ocultado siempre.
A consecuencia de ello, la condición médica del presidente entrante ha estado rodeada de incertidumbre.
Él ha dicho que está bien. En campaña reveló que toma “un coctel de pastillas”. No dio más detalles. También durante la contienda electoral los periodistas Raymundo Riva Palacio y Pablo Hiriart revelaron que un grupo de eminencias, doctores cubanos de Miami, viajaba regularmente a nuestro país para atender a López Obrador desde hace años. Fue un escándalo al que se reaccionó más con enojo que con transparencia desde el “cuarto de guerra” del tabasqueño. En diciembre de 2013 se dio a conocer que había sufrido un infarto que mermó su fuerza temporalmente y de no haber sido por EL UNIVERSAL este fin de semana, nadie se entera de que el 2 de octubre acudió al Instituto Nacional de Cardiología. El periódico publicó que el propio presidente electo contestó que fue una revisión de rutina.
El presidente entrante se ha planteado romper muchos moldes. Ojalá quiebre de una vez por todas la cortina negra que, por herencia de un sistema priista que buscó proyectar a los presidentes como figuras imbatibles que no se enferman ni toman vacaciones, esconde el estado de salud de los mandatarios que a mi gusto es una información que por derecho deben saber los ciudadanos.
historiasreportero@gmail.com
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