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Hace dos días, hablé en este espacio sobre el desastre de nuestras policías. Detallé en esa columna los resultados de dos ejercicios elaborados por la organización Causa en Común: un Índice de Desarrollo Policial (Indepol) y una encuesta entre policías estatales. Ambos dan cuenta, en ángulos distintos, de la fragilidad institucional de las policías estatales.
Esos diagnósticos son un llamado a la acción, pero no bastan para detonar cambios. Para eso se requieren también ideas. Por suerte, Causa en Común y la Red por la Seguridad compilaron en paralelo un decálogo de propuestas para transformar a nuestras policías. Aquí va, sin mayores comentarios míos:
1. Establecer un solo modelo de policía a nivel nacional. Eso significa homologar los procedimientos, capacidades institucionales y modos de operación de las corporaciones municipales, estatales y de la Policía Federal, así como modificar la ley a fin de incorporar sanciones e incentivos para dar cumplimiento a las reformas orgánicas y estructurales de todas las policías del país. En paralelo, garantizar que el municipio cuente con una fuerza policial que mantenga el orden público, y realice funciones de proximidad social, prevención, vigilancia, tránsito y primer respondiente.
2. Basar la operación de las instituciones de seguridad en la planeación, la recolección y el análisis de información, la investigación y la generación de inteligencia.
3. Definir una estructura a nivel de Secretaría de Estado, encargada exclusivamente de la seguridad pública y reanudar los programas de crecimiento y desarrollo de la Policía Federal.
4. Certificar a las academias e institutos de formación policial, aplicar el Programa Rector de Profesionalización y evaluar periódicamente a los elementos.
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5. Auditar y fortalecer a los centros de control de confianza, a la vez que se flexibiliza la aplicación de exámenes y se homologan los protocolos. Asimismo, en cumplimiento de la ley, dar de baja los elementos que no aprueben los exámenes.
6. Crear un solo modelo para las Unidades de Asuntos Internos y promover la supervisión externa de las policías
7. Incrementar el tamaño de las corporaciones, pero primero transparentar su estado de fuerza (es decir, saber cuántos policías hay).
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8. Ampliar el presupuesto de las policías y establecer una estrategia multianual, pero al mismo tiempo condicionar los recursos al cumplimiento de objetivos y metas.
9. Establecer y poner en marcha un régimen complementario de seguridad social para los policías (seguros, atención médica, pensiones, etc.)
10. A la par de la reforma policial, iniciar un proceso de transformación de las procuradurías y lanzar una intervención urgente para atender la crisis de las prisiones.
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Muchas de estas medidas suenan obvias. Pero en nuestras policías (y en todo el sistema de seguridad y justicia) lo obvio no es tan obvio y lo elemental no se cumple. Las carencias, tanto materiales como institucionales, son extraordinarios y por eso es necesario empezar por los cimientos.
Pero tan sólo poner ese piso firme, tan sólo contar con una estructura básica, tan sólo dotar a las policías de elementos básicos de operación, sería casi revolucionario.
Entonces, si nuestros gobernantes (y los que aspiran a serlo en el futuro próximo) desean transformar a las policías e iniciar un proceso sostenido de pacificación en el país, tienen aquí una hoja de ruta. Ojalá algunos decidan seguirla.
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alejandrohope@outlook.com,
@ahope71
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