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Combaten con luz el rezago social

Moisés Venegas fundó Aselus, una empresa que lleva electricidad a comunidades sin ese servicio. Con ello, dicen, combaten la inseguridad y empoderan a los habitantes
24/03/2018
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Texto: Alexis Ortiz
Fotos: Yadin Xolalpa

En la localidad de El Paje, en Hidalgo, están de fiesta porque les llegó un poste de luz. Parece poco, pero cuando cae la noche “tenebrosa”, como le llaman sus habitantes, se convierte en mucho. Esa luminaria apenas cubrirá unos cinco metros de un camino que se extiende por kilómetros en la oscuridad, “pero por algo se empieza”, dicen los pobladores.

Moisés Venegas, director tecnológico de la empresa Aselus, fue a levantar ese poste personalmente. Los números llevaron a Moisés a El Paje: “Hay 800 casas en pobreza energética en esta zona y sus calles oscuras pueden generar altas tasas de criminalidad”.

Con su empresa, Moisés instala fuentes de electricidad en comunidades donde, aún en pleno siglo XXI, no hay luz. Las luminarias creadas por el ingeniero mecánico agrícola tienen el beneficio de absorber la energía solar durante el día y convertirla en energía eléctrica en la noche; además, son hechas con plástico y aluminio para poder reciclarlas en un futuro.

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En El Paje hay un sistema de iluminación cada tres kilómetros y las calles de esa colonia, atrapada en el pasado, son transitadas por niños, mujeres, hombres y estudiantes que prefieren no esperar el camión de vuelta a casa, porque pasa cada hora, y caminan durante altas horas de la noche. Entrar a este lugar es como volver a los tiempos en los que no existían muchos caminos, sino veredas que conducían a hogares y cultivos de los habitantes; retroceder a la época en la que disponer de un buen sistema de agua era tener acceso a ese líquido vital cada tres días, además de seguir dependiendo de la lluvia en muchos momentos.

¿Y la luz? “Pues llevamos mucho tiempo sin luz, no recuerdo cuánto, pero yo tengo 35 años y desde que tengo uso de razón no la tenemos. Pero sí me gustaría que hubiera otras dos lámparas, porque las calles están bien oscuras”, dice Socorro Acosta, vecina de la localidad.

“Tener iluminación en una calle, por ejemplo, puede mejorar los niveles de seguridad de una comunidad”, explica Moisés durante el trayecto al lugar de la instalación.

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Serán los mismos pobladores quienes ayuden al fundador de Aselus a iluminar su hogar. Un niño de unos 12 años es el primero en tomar una pala y empezar a cavar el hoyo donde se pondrá el poste de luz; lo hace medio jugando y con seriedad, sin conciencia del cambio que está ayudando a crear.
 

Potro del cielo

“Aselus es una empresa que surgió formalmente hace dos años con la idea de brindar soluciones tecnológicas a problemáticas sociales”, señala Moisés Venegas.

Su empresa se dio a conocer a nivel nacional cuando fue una de las finalistas del concurso Cleantech Challenge 2017, un certamen que premia a los mejores proyectos de innovación sustentable. En ese momento, Moisés y sus dos hermanos presentaron Luciérnaga, una luminaria ecológica diseñada para ser instalada en casas con techo de lámina en las que no hay luz.

En un inicio estaba hecha con botellas de plástico recicladas, pero ha sido modificada para que su vida útil sea más extensa y dé un mejor servicio. Sin embargo, lo que no ha cambiado en sus sistemas es el aprovechamiento de la energía solar.

“En nuestras luminarias, la energía del sol se almacena en baterías que alimentan a un foco led. De esa forma se sustituyen métodos tradicionales, como usar leña, carbón o lámparas de queroseno, y lograr un tipo de iluminación sustentable para las familias”, explica Moisés.

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Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, en México vivían 12 millones de personas en pobreza energética hasta 2014, es decir, “no satisfacen sus necesidades relacionadas con el uso de energía, lo cual tiene serias implicaciones en los temas de pobreza y calidad de vida”.

Chiapas, la Ciudad de México, Guanajuato, el Estado de México y Yucatán son las entidades con más fallas en el servicio de electricidad en el país. En el estado chiapaneco, por ejemplo, “74% de los hogares viven en pobreza energética”.

Sin embargo, estos números se oponen a los publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía en su Encuesta Intercensal 2015, en la que se señala que hay más de 31 millones de casas habitadas con servicios de luz, lo que equivale a más de 98% de los hogares del país.

“Potro de cielo”, ese es el significado de Aselus, nombre que se adoptó para la empresa. Hasta ahora, la empresa ha recorrido el Estado de México e Hidalgo poniendo luminarias principalmente de casa, pero con el poste de luz colocado en El Paje esperan variar su oferta.

Los sistemas de iluminación que fabrican tienen diferentes costos: el de casa cuesta entre 2 mil y 3 mil pesos y el poste con luz eléctrica eleva su precio hasta los 8 mil pesos; sin embargo, el equipo está buscando la manera de que una financiera absorba la mayor parte del costo y la carga económica sea menor para las familias mexicanas.

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Moisés Venegas también piensa en fomentar la responsabilidad del cuidado: “Queremos incentivar un empoderamiento de las comunidades y que se den cuenta que ellos también pueden resolver sus problemas. Esto lo hacemos dejándoles un gasto mínimo: el de la sustitución de las baterías de las luminarias”.

La gente de El Paje asiente y dice que ayudará a conservar la luz. Hacen un pacto: juntarán diez pesos al día para que después de cinco años puedan comprar las nuevas baterías que necesitará la luminaria.
 

Frenos gubernamentales

El poste de luz que llegó a El Paje fue instalado tras casi medio año de pláticas. Una de las principales problemáticas a las que se enfrenta Moisés y su equipo es la dificultad para que los municipios y los mismos pobladores acepten sus sistemas de energía, pues “hay barreras gubernamentales y de todo tipo, pero también está la parte de que no aceptan tecnología mexicana”.

Un círculo vicioso es el que explica Moisés: el gobierno no invierte en tecnología porque es muy cara, pero mientras no compren, los niveles de producción no se elevan y el costo no se abarata. Sólo en la Ciudad de México y Guadalajara, dice, se puede innovar gracias a sus concursos y becas, “pero lo difícil después es dejar de vivir de esos apoyos”.

Una de las trabas a las que se ha enfrentado Moisés ocurrió hace un par de meses en Oaxaca. Después de los terremotos de septiembre, el equipo de Aselus decidió crear una casa sustentable para dar techo a los damnificados; sin embargo, esto no fue posible debido a que la propuesta tecnológica no convenció a los pobladores ni a las autoridades.

“Hay un problema cuando hablas de los costos de la tecnología, la gente no entiende por qué es caro. Los mexicanos tenemos el problema de no entender soluciones de corto plazo, sobre todo cuando lo planteas a esquemas de gobierno y ellos no asimilan el alcance de las propuestas sustentables”, explica.

Justamente uno de sus objetivos este año, dice, es llegar a más de 10 mil casas y comunidades que vivan en pobreza energética, especialmente en Oaxaca y Morelos, donde aún quedan las cicatrices de los sismos.

Colocar el poste costó el esfuerzo de cuatro hombres, pero eso servirá para tener iluminación por 10 años. Según Moisés, el material del que está hecho su sistema puede resistir lluvias, vientos y cualquier tipo de circunstancia natural que pueda afectarlo.

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“Se siente padre que haya luz aquí, porque pasa mucha gente y siempre estaba oscuro. Pero sí nos hace falta que hayan otros dos postes, al menos”, dice Socorro.

Esa pequeña comunidad, ubicada en el municipio de El Arenal, está regida por un gobierno de usos y costumbres. “Nos cansamos del municipio y del presidente municipal porque hace puras imposiciones”, explica Marco Antonio, quien fue elegido como líder de El Paje mediante elecciones organizadas por los pobladores.

Sin embargo, aunque dicen haber abandonado el sistema político mexicano por sus deficiencias, cuando platican sobre su gobierno aparecen los mismos vicios que critican: hay reelecciones, imposiciones e incluso intereses personales que influyen en sus elecciones.

Cuando por fin queda colocado el poste de luz, representantes del municipio y el líder de la comunidad toman la parte trasera de una camioneta como templete y exclaman un discurso: “Es la primera luz de muchas, seguiremos iluminando a El Paje”.

Lo dicen aunque Moisés sólo podrá destinar 10 luminarias para El Arenal y las otras nueve que sobran serán llevadas a otras localidades donde también viven en pobreza energética. En los gobierno de usos y costumbres, al parecer, también hay promesas, pero según el fundador de Aselus, mientras en México no se invierta en tecnología no se podrán crear más sistemas como el suyo. Y a El Paje quién sabe cuándo le llegue una nueva lámpara.
 

Experiencia internacional

Explorar los mercados de Sudamérica y África también es uno de los retos de Moisés. Su proyecto convenció a empresas privadas que le proveerán materiales de mejor calidad y así espera posicionar sus productos en otras regiones del mundo.

“La verdad es que nos hemos dado cuenta de las problemáticas que hay en el centro y sur de América, además creemos que ahí hay una posibilidad de exportar tecnología mexicana. Es una manera de aportar un poco a esos países con soluciones sustentables”, dice Moisés.

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Explica que Aselus ha crecido gracias a experiencias internacionales. Su empresa ha tenido la oportunidad de representar a México en eventos de Filipinas y Estados Unidos, donde se reconoce a las mejores innovaciones sustentables del planeta.

Entre todas, Moisés tiene una meta clara: “Llevar electricidad a las comunidades es el primer paso para conectarlas. Si una comunidad tiene luz, tiene acceso a la educación y otros derechos, eso mejora su calidad de vida. Además, con eso produciremos una sociedad más productiva”.

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