Cuando un bolillo costaba mil pesos

Mochilazo en el tiempo

En enero de 1993 entró en vigor un decreto que creaba una nueva unidad monetaria, al “nuevo peso” se le eliminaron tres ceros, de modo que $1,000 pesos se convirtieron en N$1 peso; el Banco de México emprendió una campaña en medio de comunicación para que no hubiera confusiones

Texto: Gamaliel Valderrama
Diseño Web: Miguel Ángel Garnica
 

Qué pasaría si usted saliera a la panadería a comprar un bolillo y le dijeran que debe pagar mil pesos por su pan. Seguramente la reacción inmediata sería: “pues de qué está hecho”. Pero antes del primero de enero de 1993, esos precios eran muy comunes.
 
Por ejemplo, en octubre de 1992 un litro de aceite de cártamo se cotizaba en 3 mil 250 pesos; un café soluble de 200 gramos en 8 mil 850; cereal de 200 gramos 2 mil 510 pesos y una margarina de 190 gramos podía costar mil 310 pesos.
 
Pero, ¿qué hizo que los precios de productos comunes llegaran a cotizarse hasta en millones de pesos? Especialistas apuntan que se debió “a la inestabilidad económica de los años ochenta en el país. La inflación provocó un crecimiento descomunal en el precio de las mercancías, por lo que fue necesario emitir monedas con denominaciones cada vez más altas”, lo que ya no resultaba tan eficiente para la década de los años noventa.

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Hasta antes de 1993 se imprimían billetes con alta denominación, por ejemplo, en la imagen se observa uno de 100 mil pesos con el rostro del expresidente Plutarco Elías Calles

Por tal motivo, según señala el Reporte Anual 1992 del Banco de México (Banxico), el poder ejecutivo, encabezado por Carlos Salinas de Gortari, propuso “crear una nueva unidad monetaria” a la que se le denominó “nuevo peso” –para distinguirla de la anterior– y así eliminar 3 ceros al “peso”, de tal manera que 1,000 “pesos” equivaldrían a 1 “nuevo peso” (N$), a partir de enero de 1993.
 
Así lo recuerda la señora Rosario Gámez Olalde, quien lleva más de 40 años atrás del mostrador de una tienda, “el anuncio de la nueva moneda nos tomó por sorpresa. Para muchos fue un golpe anímico, se pensaba que era una nueva devaluación del peso”.
 
De la campaña que explicaba el cambio, asegura, tuvieron que estar muy atentos para no tener sorpresas o pérdidas en su negocio “estuvimos atentos a los anuncios del gobierno para usar la nueva moneda. El día que entraron los nuevos pesos algunas personas se confundían con las cantidades, pero poco a poco nos fuimos acostumbrando".

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En 1992, por disposición oficial y ante la próxima renovación de la moneda, se instruyó exhibir los precios de los productos en pesos y nuevos pesos. En la imagen, el huevo en caja se ofrecía en 3 mil 200 pesos y 3 pesos con 20 centavos en su equivalencia en nuevos pesos.

Según doña Rosario, durante los primeros días de 1993 las personas seguían usando los viejos pesos, pero poco a poco empezaron a convivir los dos tipos de moneda. “Nosotros recibíamos todo, viejos y nuevos pesos, no batallábamos mucho con el dinero. Conforme pasó el tiempo el banco fue retirando los viejos y circularon más los nuevos billetes y monedas. Para evitar confusiones teníamos a la vista los precios de los productos en viejos y nuevos pesos, luego ya no hubo necesidad de las dos cantidades”.  

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Preparándose para la transición de pesos a “nuevos pesos”, algunos almacenes comerciales ofrecían sus productos señalando su valor en viejos y nuevos pesos. Por ejemplo, un traje 100% lana para caballero se podía comprar desde los 2 millones 350 mil “pesos” o 2 mil 350 “nuevos pesos”.

En tanto, Francisco Juárez, tendero desde hace más de 35 años, recuerda de aquellos años los reclamos de sus clientes por una eventual devaluación de la moneda. “Muchas personas tenían esa impresión, era común porque veníamos de varias crisis económicas. Pero al final nos acostumbramos a los nuevos pesos, aunque había clientes que durante varios meses no paraban de quejarse por el cambio”.
 
Cuando entraron en circulación los nuevos pesos pocos de sus clientes pagaron con la nueva moneda; sin embargo, don Paco, como lo conocen, narra que se preparó y reservó una cantidad para cambiarla en el banco.
 
“El cambio nos agarró en un fin de semana, yo no abrí la tienda el primero de enero, pero sabía que era bueno tener billetes y monedas nuevos, así que mandé a mi hermano, pero se tardó horas en regresar y no pudo cambiar todo el dinero”. El 2 y 3 de enero cayeron en fin de semana, a pesar de ello los bancos abrieron para cambiar viejos por nuevos pesos, se daba a conocer previo al inicio del año nuevo.

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Parte de la propaganda gubernamental que buscaba de una forma sencilla y visual, explicar el cambio de “pesos” a “nuevos pesos”.

Por su parte, la señora Griselda Chávez, quien en aquella época era una adolescente recuerda que “al inicio fue muy confuso, por el asunto de los ceros. Pero después nos fuimos acostumbrando. Con los nuevos pesos había la sensación de que tu dinero valía menos, pero sólo era eso, percepción, porque al final comprabas lo mismo. Esa misma impresión tuve cuando recibía dinero en la nueva moneda, pues de 200 mil pesos ahora eran sólo 200 pesos”, relata el ama de casa.

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No sólo los productos alcanzaban esas cifras, también los sueldos. Por una jornada de trabajo se ofrecían 70 mil pesos.

El propósito de crear una “nueva unidad monetaria”, explica el Banxico, fue reducir la magnitud de las cifras en moneda nacional, facilitar su comprensión y manejo, simplificar las transacciones en dinero y lograr un uso más eficiente de los sistemas de cómputo y de registro contable. Lo anterior, afirmaba el banco central “no puede ni debe considerarse como una ‘reforma monetaria’. Esto, debido a que no se modificaron en forma alguna las condiciones de la emisión de dinero”.
 
Los cambios propuestos, que entrarían en vigor el primer día de enero de 1993, se realizarían en tres etapas: la primera sería del 23 de junio de 1992 al 31 de diciembre de ese año, en ésta se informaría de los cambios a la población con una intensa campaña en medios, además se comenzaría con la fabricación de las nuevas monedas y billetes.
 
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Tabla de equivalencias entre los pesos y nuevos pesos. Se planteó que los billetes tuvieran los mismos diseños, excepto por las nuevas denominaciones (de 20,000 pasaron a 20), para evitar mayores confusiones.

A través de spots en televisión, radio y diversas publicaciones, se informó ampliamente al público sobre la forma en que se llevaría a cabo el cambio de unidad monetaria: “Nuevo peso. Más práctico y más sencillo”, repetía la propaganda gubernamental.
 

Según notas publicadas en esta casa editorial, en noviembre de 1992 se daba a conocer que el Banco de México emitiría nuevos pesos (sin tres ceros), pero con las mismas características a los que se encontraban en circulación en aquel momento. El billete de 50 nuevos pesos tendría el mismo color e ilustraciones que el de 50 mil pesos.

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Las monedas sí tuvieron un cambio de diseño, su peso y tamaño se redujeron.  

Según se explicaba, al sacar de circulación totalmente los “viejos pesos” se emitirían los “nuevos pesos” definitivos con características originales. Sería una “nueva familia de billetes”. Además se daba a conocer que los billetes de 2 mil y 5 mil pesos, es decir 2 y 5 “nuevos pesos”, no tendrían equivalente en papel moneda. Serían piezas metálicas.

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Respecto a los billetes de 2 mil y 5 mil pesos, ya no se imprimieron en nuevos pesos, sino que pasaron a ser monedas de 2 y 5 pesos.

Pero algunas reacciones apuntaban a que habría una “inevitable confusión”, como refería Duane Douglas, miembro de la Sociedad Numismática de México, pero sería “más de carácter sicológico, que por la supuesta crisis y devaluación monetaria, que para todos significa este proceso de cambio”.
 

 
Mientras seguía el despliegue mediático para informar del cambio en la moneda a los ciudadanos, a finales de 1992 el Banco de México daba inicio a la distribución de “nuevos pesos” y monedas fraccionarias a las instituciones bancarias del país.
 
Pero la incertidumbre, desconocimiento, confusión e inquietud privaba “en la generalidad de las personas ante la puesta en circulación de la nueva moneda y la quita de tres ceros a la actual a partir de enero”, sostenía una nota publicada en este diario el 30 de diciembre de 1992.

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Para familiarizar a los usuarios, en 1992 los precios también se publicaban en nuevos pesos.

“En un recorrido por diferentes sucursales bancarias se pudo comprobar que los anuncios por televisión, radio y folletos han sido insuficientes para explicar a la ciudadanía la manera de operar el redondeo de cifras al expedir un cheque, para el pago de tarjeta de crédito o bien para los diferentes documentos bancarios”, continuaba la nota.
 
El viernes primero de 1 enero de 1993, todas las sucursales bancarias recibieron su dotación de la nueva moneda; sin embargo, sería hasta el sábado y domingo cuando iniciarían su circulación.

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Los bancos abrieron durante todo el primer fin de semana de 1993, el sábado 2 y domingo 3 los usuarios pudieron acceder a los “nuevos pesos” en el banco de su preferencia, según se anunciaba. 

“El gerente de la sucursal de Banca Serfin que se ubica en la calzada de Guadalupe, Jorge Becerra Ramírez, dijo que son innumerables las llamadas que se reciben por parte de clientes y usuarios, en las que se requiere mayor in formación acerca del manejo del nuevo peso y la quita de tres ceros”, apuntaba una nota del 31 de diciembre de 1992.
 
Por su lado, usuarios opinaban respecto al tema: “el señor Pedro Ramos dijo que la difusión que se ha dado al cambio de valores de la moneda ha sido eficiente y ampliamente difundido. En contraparte, la señora Adriana Gaona, cuentahabiente de Bancomer, quien señaló que a pesar de la gran difusión que se ha dado al valor del nuevo peso, es confuso para el manejo de expedición de cheques”.
 
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La circulación del nuevo peso y el retiro de los pesos se dieron paulatinamente. Según notas de este diario, el primer fin de semana del nuevo peso, muchos bancos no abrieron y el efectivo se agotó pues no fue suficiente.

La segunda fase para la introducción del nuevo peso iniciaría el primer día de 1993 y consistiría en la circulación gradual de los nuevos billetes y monedas, además de la paulatina sustitución de los “viejos pesos”, y al retirarlos totalmente, quedaría concluida esta etapa y comenzaría la siguiente. En la tercera fase se suprimirá la palabra “nuevos” y la letra “N” de las emisiones de la nueva familia de billetes y monedas metálicas, para volver a la denominación de “pesos” y al símbolo “$”.

Pero el proceso de circulación de la nueva moneda daba inicio en la capital del país en medio de “confusión, desinformación, insuficiente dotación de nuevos pesos, escasas sucursales bancarías abiertas y excesiva demanda de dólares”, consignaba este diario.

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Parte de la primera plana del domingo 3 de enero de 1993 de EL UNIVERSAL, donde se daba cuenta de la entrada en circulación del “nuevo peso”.

“En los establecimientos comerciales se vivió un desquiciamiento entre vendedores y compradores al hacer intercambio de monedas. Aun cuando los empleados daban los precios con nuevos pesos, recibían y daban cambio con la moneda anterior”, relataban las crónicas.
 
El inicio de circulación del “nuevo peso” comenzaba de manera difícil, los establecimientos comerciales que abrieron durante la transición, realizaban sus operaciones con “nuevos pesos”, pero los consumidores recibían monedas anteriores, debido a que no disponían de la actual para devolver cambio.
 
Aunque el cambio a la nueva unidad monetaria no implicaba una devaluación, en diferentes casas de cambio de la Ciudad de México se registraba una demanda extraordinaria de dólares, pues diversas personas estaban temerosas que, en efecto, se diera una desvalorización de la moneda nacional, ya que en años anteriores el peso había sufrido varias caídas.

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Fue hasta el 15 de noviembre cuando el Banco de México daba a conocer que a partir del primer día de 1996, se suprimiría “la palabra nuevo del nombre de la unidad del sistema monetario de los Estados Unidos Mexicanos para volver a la denominación peso”.

Fotos: Archivo EL UNIVERSAL.
Fuentes: Hemeroteca EL UNIVERSAL. Informe Anual de 1992 del Banco de México.
 

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