Antes se ponían candados a los teléfonos fijos

Mochilazo en el tiempo

Los candados para teléfonos de disco tuvieron su auge debido al alto costo de las llamadas; los cambios tecnológicos hicieron obsoletos a estos sellos de acero que buscaban administrar el tiempo de comunicación para mantener a raya los cobros telefónicos.

Texto: Gamaliel Valderrama y Xochiketzalli Rosas

Diseño web: Miguel Ángel Garnica

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Los teléfonos de disco son como reliquias de otro tiempo. Los candados para ese tipo de aparato buscaban controlar el tiempo de las llamadas para mantener a raya la factura del teléfono. Eran usados comúnmente en casas y oficinas. Hoy, pocos establecimientos los siguen comercializando. Hoy se mira con extrañeza a quien solicita una cerradura o candado para teléfono.

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El candado telefónico se colocaba en uno de los orificios del “disco” de los antiguos teléfonos. Con eso se aseguraba que el dial del aparato no girara, pues la cerradura chocaba con el tope y no podía marcarse ningún número. Este aparato corresponde a los años 70 del siglo pasado. Foto: Especial.

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Candados para teléfono. Estos se colocaban sobre alguno de los huecos del dial –donde se indicaban los números–, así se bloqueaba la marcación.

Algunas personas todavía recuerdan esos candados que bloqueaban los teléfonos de disco. “Claro, en mi casa había un candado para el teléfono”. “En la oficina donde trabajaba mi papá cuidaban que los empleados no hicieran llamadas, por eso tenían candados”. “Eran muy populares en mis tiempos”. “Se cuidaba que la cuenta no fuera tan cara”. “El candado no te paraba para hablarle a la novia”. Coinciden a quienes se les consulta sobre las cerraduras telefónicas.  

Un factor importante para que estos sellos de acero prosperaran en décadas pasadas era el elevado costo de las tarifas telefónicas. María García Bulnes, dependiente de la cerrajería y ferretería Soto, cerca de Avenida Balderas, narra que en los años ochenta “vendíamos muchos de esos candados. Ahora es raro que alguien me pregunte por ellos. Hace unos 30 años, al mes salían 30 o 50 cerraduras de ese tipo. El número no era fijo, a veces se vendían más o menos. En ocasiones, empresas venían por sus candados”, doña Mary explica que había áreas donde no hacía falta hacer llamadas, sólo recibirlas.

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Según María García Bulnes, dependiente de la cerrajería y ferretería Soto, algunas oficinas compraban 15 o 20 candados para sus aparatos. Esto porque había áreas dentro de algunas empresas que sólo recibían llamadas, pero no las hacían, entonces con esta medida ahorraban en las facturas telefónicas.

Y cómo se hacía para llamar en este tipo de teléfonos fijos. En lugar de botones, estos tenían un disco con 10 orificios en su circunferencia, cada agujero equivalía a un número del 0 al 9. Según la combinación, se hacía girar todo el dial hasta el tope, después la rueda regresaba a su posición original, para continuar marcando el siguiente número hasta completar el número telefónico al que se deseaba llamar.

Hasta la década de los años veinte del siglo pasado, para llamar por teléfono bastaba con levantar el auricular, esperar a que la operadora solicitara el número a conectar y aguardar en la línea que la persona a la que se le llamaba estuviera en casa.

En México, la empresa Ericsson estableció un sistema “de comunicación automática” a mediados de 1926. Con la novedosa tecnología, ahora los aparatos tenían un disco con número para que los usuarios no tuvieran que esperar a una operadora para solicitar la comunicación.
 
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En la década de los años 20, el teléfono con números llegó a los usuarios. Ya no tenían que esperar que una telefonista conectara sus llamadas.

Ahora los usuarios tenían la posibilidad de hacer la conexión ellos mismos. Así se explicaba en una nota de julio de 1926 publicada en EL UNIVERSAL.

“‘Hoy las ciencias adelantan ¡que es una barbaridad!’. Así cantaba el vejete de la antigua zarzuela, allá por los años de mil ochocientos noventa y tantos”.

“¿Qué diría este mismo personaje en nuestros días si para hablar por teléfono con un amigo o amiga —a las que tan afecto era— no tuviese más que ensartar la yema del dedo cinco veces (los primeros números eran sólo de cinco dígitos) en los diversos agujeros de un círculo metálico adherido a la caja de su aparato? Se desmayaría de asombro”.

Según la nota publicada en esta casa editorial, “la cosa no es para menos. Cabía en la mente del más cretino telefoneador, la sencillez del antiguo sistema, tardo y molesto”.

“Descolgar el audífono, colocarlo en 1a oreja y esperar que una voz más o menos grata le preguntara lacónicamente: ‘¿Número?’ era, aunque, aburrido, fácil de comprender. Pero que ahora, con el nuevo sistema implantado por la Empresa de Teléfonos Ericsson, basta hacer girar el disco ruletario para ponerse en comunicación directa con quien se desea, sin intervención alguna de la mano del hombre (léase de la señorita telefonista)”, remataba el texto. 

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“Una vez Entendido el Funcionamiento del Aparato Automático por Parte del Suscriptor la Comunicación Nunca fallará” se afirmaba en la nota publicada en EL UNIVERSAL en 1926.

Sesenta años después de la novedosa tecnología de “comunicación automática”, en la década de los ochentas, personas consultadas por este diario recuerdan anécdotas entorno al teléfono de disco y la cerradura que impedía hacer girar su dial.

Guillermo tiene 45 años, pero recuerda bien que cuando era joven fuera del hogar se daba uso del teléfono como una forma de ganar dinero, pues se instalaba en tiendas para uso público y se cobraba por minuto. Se podía llamar desde los puestos de periódico, farmacias. “También había vecinos que los prestaban a otros vecinos para llamadas locales que costaban 5, 10 o hasta 15 pesos, según se demorara uno en la llamada”.

Sin embargo, lo que más recuerda Guillermo es cuando los padres colocaban candados a los diales de los teléfonos. “Fue un caos para la juventud de ese entonces. Únicamente se tenía acceso a una llamada con autorización y presencia de los padres mientras hablabas, ¡imagínate!”, dice entre risas.

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De diferentes formas, colores y tamaños, la principal característica de estos aparatos es su disco para marcar. Girar el dial, esperar a que éste regrese a su posición original, volver a girar.

Doña Vicenta, a quien le tocaba pagar los recibos del teléfono, cuenta que tuvo que comprar su candado o hasta esconder el aparato telefónico, pues sus hijos no reparaban en las llamadas. Algunas eran de broma, otras para comunicarse con familiares en otros estados de la República Mexicana y hasta para ganar premios o pedir canciones en las estaciones radiofónicas. “Recuerdo que cuando tuvimos el teléfono todos estábamos fascinados, pero después llegaron los problemas. Durante unos años las cuentas estuvieron estables, pero después, ¡los cuentononones! Ya no sabíamos cómo pagar”.

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Hace un par de años se eliminó el cobro de larga distancia nacional. Anteriormente, las llamadas se facturaban por minuto.

Vicenta y su esposo, relata, tuvieron que comparar un candado, que era muy barato en relación a su factura de teléfono. Sin embargo, sus muchachos se “hacían sus mañas” y seguían llamado. Así que muchas veces tuvieron que desconectar el teléfono y ponerle doble candado. “Mis hijos aprendieron cuando les quitamos su domingo para pagar las cuentas, sólo así”, afirma.

Don Memo esboza una leve sonrisa y afirma que en su casa también el teléfono tuvo candado. Inmediatamente explica que uno de sus sobrinos fue la razón de asegurar el aparato: “…vivió con nosotros una temporada. En una ocasión la cuenta del teléfono llegó carísima. No sabíamos qué había pasado. Pensamos que era un mal cobro, pero después confesó el sobrino. Había sido él”.

El joven, cuenta el señor Guillermo, “había llamado a la Ke buena –una estación de radio de la Ciudad de México –, no recuerdo para qué, pero la llamada había durado mucho tiempo. En lo que le tomaron la llamada, lo hicieron esperar, bueno. En aquellos tiempos te cobraban por minuto, entonces las llamadas eran carísimas y no se diga las ladas –llamadas a otros estados y países– y después a los celulares”.

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María García Bulnes, dependiente de una cerrajería, explica que los candados tuvieron su auge debido a los altos precios de la telefonía fija. “Hoy el teléfono es barato, en comparación con aquellos años. Te cobraban las llamadas por los minutos que duraran y bueno, las ladas o largas distancias salían en un ojo de la cara, por eso las personas preferían comprar un candado”.

Pero este tipo de candados no eran exclusivos de México, también en España eran populares. Según “Rekadista”, usuario de la red social YouTube, explica en un video cómo hacer una llamada telefónica con un aparato de 1952. Ahí relata a un niño el por qué se ponía un candado al teléfono.  

“Sabes qué nos hacían en casa a los que estábamos todo el día hablando por teléfono fuera de la provincia. Nos ponían un candado pequeñito con llave, ¡sí! Nos ponían un pequeño candado con llave, lo colocaban en el número uno del dial, entonces no podías llamar”.

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En España también utilizaban el candado para mantener a raya los altos costos de la telefonía.

“Cuando hacías llamadas de un estado a otro te cobran muy caro, y claro cuando venía el recibo de teléfono a fin de mes, ¡un motón de dinero! Pero qué pasa, ahora las facturas llegan detalladas y pero en aquel entonces no se sabía, entonces llegó de tanto, pues a pagar todo y no se sabía en qué se había gastado y a dónde se había llamado”, remata.

Las diferentes personas consultadas, coincidieron que el alto costo de la telefonía incentivó el uso del candado en los teléfonos de disco y aunque los teléfonos evolucionaron, los precios continuaron altos, por ello se implementó otro tipo de candados para cuidar que las cuentas no sobrepasaran el presupuesto.

Con los teléfonos fijos de teclas se implementaron candados que ya traían incluidos algunos modelos. En otros casos, se solicitaba a la compañía telefónica bloquear ciertos números, por ejemplo los celulares. En cierta época también se construyeron cajas, de diversos materiales, que sólo permitían levantar el auricular. Aunque una forma muy socorrida fue ocultar el aparato telefónico, dicen algunos de los consultados, “no fallaba”.

Aunque con otra función, no para ahorrar en llamadas, los teléfonos móviles también cuentan con sistemas que bloquean el ingreso a sus contenidos, por ejemplo, fotos. Estos candados digitales van desde lo más sencillo: patrones de diseño, contraseñas o códigos, hasta los más sofisticados, que incluyen reconocimiento biométrico: huellas digitales, reconocimiento de iris, rostro o voz.    

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Con la llegada de nuevas tecnología el uso de los candados para los teléfonos de disco poco a poco cayó en desuso. Hoy María García Bulnes, dependiente de la cerrajería y ferretería Soto, conserva este tipo de candado por nostalgia, “no recuerdo cuándo fue la última vez que vendí uno”.

Fotografías: Archivo fotográfico EL UNIVERSAL.

Fuentes: Hemeroteca EL UNIVERSAL. Seis siglos de historia gráfica de México 1325-1976, de Gustavo Casasola. Entrevista con María Alegría García, de la Cerrajería y Ferretería “Soto”.

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