Despertó del coma para ser campeón

#HéroesCotidianos

Anthar Sosa Miranda era boxeador profesional, pero un accidente terminó con su carrera. Actualmente entrena jóvenes en uno de los barrios más peligrosos de la ciudad.

Texto: Iván Cruz

Son las siete de la mañana en punto en Tacubaya. Olas de personas entran y salen del Metro. Entre puestos de comida, herramientas y fayuca cientos de camiones, en desorden, se abren paso para subir pasaje. El caos vehicular y la gran afluencia de gente permiten que la delincuencia haga de la suyas a plena luz del día, datos del Observatorio Nacional Ciudadano sitúan a esta colonia como la séptima más peligrosa de la CDMX.

También a las siete de la mañana, Alejandro Anthar Sosa llega al barrio, algunas veces en microbús, otras en bicicleta. Puntual se dirige al Gimnasio Lupita, un edificio pintado con un mural sobre boxeadores, ya es casi invisible por el desgaste. Allí trabaja él, es manager y entrenador.

Preparar su clase es como un ritual: primero enciende el estereo, después revisa que los costales sigan colgados firmemente del techo; que las peras estén bien atadas, los guantes y caretas ordenados por medida y las cubetas para escupir vacías.
 

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No hace mucho tiempo él también fue boxeador profesional, se retiró a los 22 años debido a un accidente que prácticamente destruyó su cuerpo, ahora entrena a niños y jóvenes de Tacubaya para alejarlos de las adicciones, algo muy común en la zona, simplemente el gimnasio se ubica a un par de calles de la llamada “Ciudad Perdida”, un hoyo de delincuencia y pobreza olvidado por las autoridades.

En el entrenamiento hay hombres y mujeres de todas las edades, el primer turno comienza aproximadamente a las 7:30 de la mañana, al llegar los primeros alumnos los hace correr para calentar los músculos. Justo como él lo hacía cuando llegó a los 9 años al gimnasio con la ilusión de ser campeón.

“Nosotros lo llevamos al gimnasio, yo también entrenaba ahí. Él tenía que pagar su inscripción para que valorara un poquito lo que cuestan las cosas. Fue muy inquieto de chamaco y este deporte le sirvió como disciplina”, recuerda su padre Gilberto Sosa.

El pequeño Anthar destacó rápidamente de sus compañeros por su velocidad y técnica, el manager del Lupita, Enrique “el profe” Morales, vio en el chico una promesa del boxeo nacional y lo entrenó bajo los principios de esfuerzo y disciplina.

Hoy en día Anthar sigue recordando esa etapa: “Había veces en las que no daba el peso para algunas peleas, entrenaba en la azotea o dentro de un carro, el “profe” encendía la calefacción y yo hacía ejercicios con el torso para bajar kilos”.
 

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Su constancia y dedicación lo llevó a ganar los Guantes de Oro en 2010 y tenía el subcampeonato del Cinturón de Oro de 2011.

Su principal característica era noquear a sus rivales con un “upper”, un golpe que ahora enseña a sus alumnos, pero que en su momento lo ayudó a ganar sus 18 peleas profesionales.

El momento de alcanzar la fama le llegó muy joven, tenía 22 años cuando en el 2013 alcanzó el nivel necesario para competir por el Campeonato Mundial Juvenil, pero su vida dio un cambió drástico.
 

Sólo tenía el 1% de vida

Anthar da instrucciones a todos de manera individual, manda a unos a golpear los costales, a otros a  hacer abdominales, toma una pausa para darle agua a cada uno de sus alumnos y les ajusta los guantes.

Se acerca al muro de fotografías y platica un poco sobre sus aprendices más avanzados y las medallas que han ganado, después comienza a hablar sobre él y porqué dejó de boxear.

Faltaba una semana para la pelea que él tanto esperaba. Cuenta que todo se vino abajo el 19 de noviembre  de 2013,  aquel día se levantó temprano, corrió 10 kilómetros por la mañana, luego trabajó un rato en la fonda que abrió con su familia y por la tarde se dirigió al Gimnasio Lupita.

Iba a bordo de su motocicleta cuando justo en el cruce de Periférico y Calle 10, un camión de la ruta 46 lo embistió. Tirado en el suelo sintió al vehículo pasarle por encima. Su cuerpo quedó destruido.

La madre de Anthar recuerda la escena: “Yo no aguanté, me desmayé, estaba irreconocible, tenía la cara sumida, las heridas todavía estaban abiertas, estaba inconsciente, en coma, nos decían que teníamos que esperar, que tenía el 1% de vida, no había nada que hacer”.

Los médicos que reconstruyeron su cuerpo no aseguraban que el boxeador saliera del coma y en caso de hacerlo era muy poco probable que volviera a caminar. Y aún así despertó.
 

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“Estuve en coma 15 días, me quitaron el vaso, tuve fractura expuesta de la cadera, me lesioné el hueso ilíaco, tuve traumatismo en el cráneo; mi pómulo derecho ya no lo tengo, me pusieron una placa de titanio; me quitaron parte del intestino”.
 

Campeón dentro y fuera del ring

La clase matutina termina y es hora de que Anthar haga sus ejercicios. Aunque los médicos le dijeron que no podía forzar mucho su cuerpo es algo que él no puede evitar, sin embargo pasó por una difícil etapa de recuperación antes de volver a los entrenamientos.

Anthar recuerda las primeras semanas de terapia intensiva después de despertar del coma fueron eternas para él. Al recibir la alta médica y volver a su casa se propuso como objetivo personal caminar nuevamente.

“Me dieron una silla y un bastón, pero si los usé dos o tres veces es mucho, yo me sostenía en las paredes, mi papá me ayudaba a ponerme de pie y yo me movía por la casa, a veces me tardaba hasta una hora para llegar al baño”. Contra todo diagnóstico Anthar mejoró rápidamente.

Mientras él continuaba su recuperación a finales de 2015 su manager, el profe Enrique Morales, tuvo una recaída médica, la avanzada edad le impedía seguir como entrenador.

Eventualmente el profe Morales no pudo continuar su trabajo en el Lupita y se retiró de los entrenamientos y después una operación dejó la responsabilidad de continuar la formación de nuevos boxeadores a su último campeón: Anthar Sosa.

“El profesor Enrique Morales, que era el manager, empezó a tener problemas de salud, lo operaron y después tuvo un periodo de recuperación. En ese lapso nos quedamos sin entrenador y yo no quería traer a alguien más de otro lado. Me llamaron varias personas para ocupar su lugar pero yo quería que el profe Morales siguiera”, dice Alberto Navarrete, dueño del Gimnasio Lupita.

En una ocasión Anthar visitó a Morales en su casa, allí le pidió que lo relevara como entrenador, sus conocimientos y experiencia en el boxeo eran suficientes para formar a nuevas generaciones de campeones:

El dueño del gimnasio aceptó con gusto la propuesta de Morales y recibió a Sosa Miranda como nuevo entrenador, los resultados fueron positivos desde el inicio: “Cuando Anthar  llegó se hizo cargo de los muchachos con bastante éxito, ellos lo quieren mucho, algunos lo conocieron cuando él era boxeador, yo estoy contento con su trabajo porque es un joven muy dedicado, muy puntual, muy sano y eso le está ayudando a los chamacos”.

Su nueva etapa como entrenador no comenzó de manera fácil, poco a poco se ganó el afecto y respeto de los alumnos, algunos de ellos eran compañeros suyos en su época como boxeador amateur. Hoy es normal escuchar como le llaman “Profe Anthar”.

Pero su trabajo no sólo consiste en mantener a los boxeadores en forma, sino también de convertirlos en campeones, como él lo fue en sus mejores años. Para ello solicitó su licencia de manager profesional la cual se le otorgó después de una serie de pruebas, cabe destacar que al obtenerla se convirtió en el entrenador certificado más joven del país.

En el Lupita, Anthar imparte un estilo clásico de boxeo, le gusta que sus alumnos hagan contacto visual con sus rivales:

“Lo que yo les enseño a los chavos es que sean aguerridos, que sean fajadores, de mis 18 peleas profesiones que hice las gane con el upper, que es un golpe hacia arriba, siempre noqueaba a mis rivales así”.

Su sistema se basa en el box de los años 60, el cual aprendió de Morales y que distinguió al Lupita durante su mejor época. “La prioridad es mantener al rival cerca, no permitirle moverse en el ring, siempre ser propositivo durante la pelea, tener las piernas firmes y dar golpes efectivos”, destacó Anthar.

“El año pasado saqué a dos campeones del torneo “Ídolo Chilango, Juan Ramírez en peso Walter y Leslie Granada en Peso Pluma, con los niños es más difícil, al principio todo lo ven como juego. También tengo dos muchachos que ya van a debutar como profesionales. Con los que aún están en etapa amateur hemos ido a distintas partes del país, a veces ya no nos quieren invitar a los torneos porque siempre ganamos. Cuando ven que nuestros peleadores son del Gimnasio Lupita se espantan.”

Así Sosa Miranda encontró una nueva forma de continuar con su carrera, cada día entrena a más de 40 personas a cada uno de la su propio tiempo y espacio para sacar sus mejores cualidades. Junto con Alberto Navarrete tiene un objetivo plasmado en el lema del gimnasio: “Más campeones para una mejor sociedad”.

Tal es el caso de  Cristian Charel de 33 años, es nativo del barrio de Tepito y tuvo una juventud complicada, encontró en las drogas una forma de huir de sus problemas e incluso estuvo un tiempo en prisión.

“Me fui un tiempo a Estados Unidos, con la idea de sanar mi espiritualidad, cuando regresé practicaba artes marciales mixtas, tuve un par de peleas amateur y me ayudaba a canalizar toda la energía. Puse un negocio en la Escandón, cerca de Tacubaya y supe de la historia del profe Anthar, de su accidente y de su carrera, yo tenía interés en el boxeo así que fuí  a entrenar con él”, recuerda Cristian.

Cuando Cristian conoció a Anthar encontró en él un ejemplo a seguir, dice que ver a un joven tan aguerrido le ayudó a cambiar por completo su estilo de vida: “fue un escape para desintoxicarme de todo lo que yo ya traía e incluso me metí a la universidad y estudio actualmente urgencias médicas, me enseñó a aprovechar toda esa adrenalina y energía que yo usaba para mal. Es un ejemplo para todos, la carrera que tuvo, su accidente, verlo ahora de pie, entrenando y formando a nuevos boxeadores eso me hizo saber que yo todavía podía hacer algo.
 

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Otro de sus alumnos es un niño de nueve años, Cristian N, quien al llegar al Lupita entrenaba con la clase infantil, pero Anthar decidió llevarlo a la par de los jóvenes por su gran habilidad:

“Mis papas me trajeron porque me molestaban en la escuela y yo no hacía nada, yo no era peleonero, el profe me enseña a boxear. Cuando son las peleas me pongo nervioso pero Anthar me dice que estoy haciendo mal y me corrige para dar lo mejor”. dijo Cristian N, quien toma como modelos a seguir a Anthar y Mayweather.

-¿Hasta dónde consideras que pudiste llegar si no hubieras tenido el accidente?

- A ser campeón mundial, sin duda. Era tremendo, nadie me ganaba, concluye confiado Anthar Sosa Miranda, un héroe urbano dentro y fuera del cuadrilátero.

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