Distanciamiento social aumenta 30% riesgo de muerte prematura: Neurobiólogos

Las caricias como los abrazos activan los receptores de los nervios C-táctiles que activan centros cerebrales específicos para la producción de endorfinas, que a su vez tienen un efecto analgésico 30 veces superior a la morfina

distancimiento social
Foto: EFE/Esteban Biba, archivo
Ciencia y Salud 09/12/2020 12:51 SINC Actualizada 12:51
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El confinamiento y las restricciones sociales nos han demostrado lo imprescindible que resulta para el ser humano la sociabilidad, pues de acuerdo a Robin MacDonald Dunbar, especialista en psicología evolutiva, la falta de estimulación social aumenta el 30% las posibilidades de padecer una muerte prematura, sumándose como uno de los principales factores de riesgo, junto con el tabaquismo, el alcoholismo y la obesidad

“El aislamiento social podría suponer la máxima amenaza para la supervivencia y la longevidad”, recalcó el antropólogo británico. 

En el 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró a la soledad como un problema que aquejaba a la salud pública. En la actualidad, ante los efectos de la pandemia por Covid-19, el organismo aconseja que nos abstengamos de saludarnos de beso, abrazo y hasta de chocar los codos. 

Ante esta situación, el neurobiólogo de la Universidad de Oxford expresó a SINC que el distanciamiento social “(…) afecta al razonamiento, al desempeño de la memoria, al equilibrio hormonal, a la conexión entre la materia gris y la materia blanca del cerebro, y a nuestra capacidad de hacer frente a enfermedades físicas y mentales”.

En una publicación de “Trends in Cognitive Sciences”, McDonald Dunbar expuso que se interesó en comprender la manera en que la falta de contacto social afecta sobre el sistema inmunitario

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El estudioso se percató que cuando nuestra integridad física se ve amenazada, activamos áreas especificas del cerebro que nos ayudan a hacer frente a la situación; sucede lo mismo cuando las relaciones sociales son vulneradas.

“Parece que acariciarse y abrazarse activa los receptores de los nervios C-táctiles de la piel, que envían una señal directa a varios centros cerebrales para que produzcan endorfinas”, detalló. 

“Las neuronas C-táctiles -ahondó el investigador- mandan al cerebro la orden de estimular la liberación de endorfinas, que entre otras cosas tiene un efecto analgésico 30 veces superior a la morfina”.

Las endorfinas son opioides naturales que al ser producidas entran en contacto con estructuras cerebrales como el tálamo, el estriado y las cortezas cingulada y frontal, provocándonos placer.
 

“Pero lo realmente interesante de las endorfinas es que, además de producir un agradable 'subidón' anímico, consiguen estimular lo suficiente al sistema inmunitario para que produzca células T-asesinas, una de cuyas misiones es destruir virus invasores”, aseguró Robin MacDonald.

Por consiguiente, cuanto más bajen los contactos, las defensas también disminuirán. Esto sucede automáticamente, después de que nos aislamos y la demostración de afecto físico merma.

“La actividad del sistema inmunitario desciende y nos defendemos peor de las agresiones externas”, manifestó el biólogo evolucionista. 

Además, la sensación que experimentamos a partir del aislamiento genera una cantidad mayor de la proteína C-reactiva, produciendo un aumento en los niveles de inflamación de nuestro cuerpo.

Los científicos están conscientes de que los abrazos parecieran ser un antídoto para combatir el estrés. Sin embargo, se cuestionan acerca de si la efectividad de estos varía, según de quién sean recibidos. 

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Para esto, el investigador junto con otros colegas observaron que los abrazos reducen la presión arterial significativamente. Además ayuda a reducir los niveles de cortisol, la dañina hormona del estrés, “independientemente de si nos tocan las manos de un masajista desconocido o nos abraza un buen amigo”, apuntó Juulia Suvilehto, neurocientifica de la Universidad Aalto, en Finlandia. 

Sin embargo, cuando el contacto físico proviene de personas a las que tenemos afecto, como familiares u amigos, los beneficios fisiológicos y psicológicos aumentan”. “(…) Si nos dan a elegir, la mayoría escogemos que nos toque un buen amigo o una pareja sentimental, y el contacto físico es mucho más agradable con un conocido que con un extraño, aunque objetivamente la cinemática del tacto sea idéntica”, agregó la experta en estabilidad social.

“No quiero decir que sea contraproducente pedir el distanciamiento social: hacerlo plantea nuevos retos para nuestra salud mental y física a largo plazo. Pero el SARS-CoV-2 es una amenaza inmediata y no queda más remedio”, reconoció y sugirió atender a nuevas formas de adaptación, pues si no lo hacemos ahora podríamos perder a muchas amistades durante el combate contra el Covid-19.

nrv

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