Observaciones con el telescopio ALMA han permitido la primera detección definitiva de una molécula radioactiva en el espacio interestelar, concretamente en los restos de una colisión estelar .

La parte radioactiva de la molécula es un isótopo de aluminio, según informa el Observatorio Europeo Austral (ESO). Las observaciones revelan que el isótopo se dispersó en el espacio después de la colisión de dos estrellas, que dejó un remanente conocido como CK Vulpeculae . Es la primera vez que se hace una observación directa de este elemento en una fuente conocida. Anteriormente ya se había identificado este isótopo, pero procedía de la detección de rayos gamma y su origen exacto era desconocido.

El equipo, liderado por Tomasz Kaminski, utilizó el telescopio ALMA y el conjunto NOEMA para detectar una fuente del isótopo radioactivo aluminio-26. La fuente, conocida como CK Vulpeculae, fue vista por primera vez en 1670 y en aquel momento lo que vieron los observadores parecía una "nueva estrella", brillante y roja. Aunque inicialmente era visible a simple vista, se desvaneció rápidamente y ahora son necesarios potentes telescopios para ver los restos de esta fusión, una tenue estrella central rodeada por un halo de materia incandescente que fluye de ella.

348 años después de que el evento inicial se observara, los restos de esta explosiva fusión estela r han llevado a la firma clara y convincente de una versión radioactiva del aluminio, conocido como aluminio-26. Se trata de la primera molécula radioactiva inestable detectada definitivamente fuera del Sistema Solar. Los isótopos inestables tienen un exceso de energía nuclear y, finalmente, decaen en una forma estable.

"La primera observación de este isótopo en un objeto de tipo estelar también es importante en un contexto más amplio: el de la evolución química de la galaxia", señala Kaminski. "Es la primera vez que se identifica de forma directa el origen en el que se produce el núclido radioactivo aluminio-26".

Kaminski y su equipo detectaron la única firma espectral de moléculas compuestas por aluminio-26 y flúor en los restos que rodean a CK Vulpeculae , que se encuentra a unos 2.000 años luz de la Tierra. A medida que estas moléculas giran y caen a través del espacio, emiten una distintiva huella de luz en longitudes de onda milimétricas, un proceso conocido como transición rotacional. Los astrónomos consideran que es la mejor forma de detectar moléculas.

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