Las mujeres olvidadas por el Premio Nobel

A pesar de sus notables contribuciones, importantes científicas han sido relegadas por la historia

Científicas olvidadas por el Nobel
Las mujeres han contribuido en diversos campos de la ciencia/Foto: Archivo
Ciencia y Salud 08/03/2019 15:36 Sebastián Pérez Sánchez CDMX Actualizada 20:09
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Las mujeres han tenido una innegable participación activa en el desarrollo de la ciencia, aunque no muchas veces han sido reconocidas.

Quizá la más famosa sea Marie Curie, Premio Nobel en 1903 y reconocida por contribuir en el descubrimiento del elemento químico Radio. Fue premiada junto a su esposo Pierre y su colega Antoine Becquerel. Aunque el consejo del Nobel tenía la intensión de excluirla de la premiación, debido a su ascendencia polaca y por ser mujer. Pierre Curie se enteró de lo que intentaban hacer y amenazó con rechazar el galardón si no reconocían el trabajo de su esposa.


Lovelace, la primera programadora de la historia

Cuando alguien habla de programación lo normal es pensar en las personas que actualmente trabajan con lenguajes computacionales, pero esta ciencia data de tiempos más remotos.

Ada Lovelace nació en 1815, desde muy joven recibió una educación enfocada a las matemáticas.

En su juventud conoció a Charles Babbage, el creador de la maquina analítica (considerada como la antecesora de la computadora). Si bien esta máquina nunca llegó a producirse, Lovalace contribuyó con la teoría e incluso duplicó la extensión original del trabajo del científico.

Además durante su trayectoria considero el uso de las tarjetas perforadas, inspiradas en el telar de Jacquard. Incluso llego a pensar, aunque lo descarto tiempo después, en máquinas que se pudieran crear ellas mismas (lo que hoy conocemos como inteligencia artificial).

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Lise Meitner y los átomos liberadores de energía

Otto Hahn fue condecorado con el Premio Nobel de química en 1944, por el descubrimiento de la fisión nuclear. Pero él no realizó este importante logro.

Fue Lise Meitner, investigadora del Instituto Químico de Berlín, quien desde su autoexilio en Suecia, a causa del ascenso en el poder de los nazis, descubrió junto a su compañero Otto Hahn que el núcleo del átomo liberaba energía al separarse.

El comité encargado del Nobel ignoró completamente sus aportaciones y exclusivamente entregó el premio a su colega.

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Hedy Lamarr, actriz y madre del WiFi

Hedwig Eva Maria Kiesler, conocida en el mundo de la actuación como Hedy Lamarr, fue famosa por ser la primera actriz que simuló un orgasmo en el cine y por sus contribuciones a la tecnología de comunicación inalámbrica.

Siempre buscó ser independiente, lo que la llevo a huir de su primer marido, quien la mantenía constantemente vigilada.

Lamarr se dio cuenta de la facilidad con la cual se podían interferir las señales de radio que guiaban a los torpedos de las fuerzas navales americanas, esto les daba una ventaja a las fuerzas alemanas ya que podían desviarlos de su trayectoria original.

Por lo anterior y con la ayuda del compositor George Anthiel idearon una técnica de modulación de señales que, usando tambores perforados y sincronizados, cambiaban entre más de 80 frecuencias. Lo que contribuyó en la creación de torpedos teledirigidos por radio indetectables para el enemigo.

Este descubrimiento se llamó “espectro ensanchado por salto de frecuencia” y es un predecesor de lo que hoy usamos en redes móviles y WiFi.

La patente de este invento fue firmada con su nombre de casada, por lo que su contribución se mantuvo olvidada por mucho tiempo.

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Rosalind Franklin y la doble hélice

Durante mucho tiempo se ha considerado que los ganadores del Nobel de Medicina 1962 (James Watson, Francis Crick y Maurice Wilkins) fueron los que descubrieron la doble hélice del ADN, pero fue Rosalind Franklin la que capturó la fotografía que ilustraba este descubrimiento.

Maurice Wilkins, compañero y rival de Franklin en la Universidad Kings College de Londres, pasaba secretamente información de su trabajo a otro investigador, James Watson. Lo que pudieron sustraer de la investigación de Rosalind ayudó a complementar su propio trabajo acerca de la estructura del ADN.

Franklin murió de cáncer a los 37 años sin saber la importancia de su trabajo en la investigación de Crick y Watson.
 

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