Todos hablamos del futuro digital, pero pocas veces nos detenemos a pensar en algo más importante: quién está diseñando la infraestructura que lo hará posible.

En el sector financiero, esa infraestructura no es abstracta. Son los sistemas que procesan pagos en tiempo real, las plataformas que conectan a empresas con sus cadenas de suministro, los modelos que permiten administrar liquidez global o financiar comercio entre países. Son redes invisibles que, todos los días, sostienen millones de transacciones y decisiones económicas.

Cada mejora en una plataforma, la automatización que reduce tiempos operativos o la innovación que simplifica el comercio internacional tiene efectos concretos: empresas que crecen más rápido, cadenas de suministro más resilientes y economías más conectadas.

Por eso, cuando hablamos del futuro digital, la pregunta no es solo tecnológica. También es estructural: quién define las reglas, los modelos y las soluciones que moverán la economía en los próximos años.

Actualmente, en el sector financiero el 25% de las posiciones de vicepresidencia son ocupadas por mujeres, esto significa que muchas de las plataformas, algoritmos y sistemas que están redefiniendo la economía global todavía se diseñan desde perspectivas poco diversas. Adicional, vemos que en las carreras STEM —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas— la participación femenina ronda 35%, y en áreas tecnológicas más especializadas apenas supera 26%.

En un mundo cada vez más digital, eso importa.

Hoy, la digitalización está transformando cómo operan las empresas: la gestión de tesorería, los pagos internacionales, el financiamiento del comercio hasta la administración de cadenas de suministro. Actualmente las compañías necesitan soluciones financieras que operen en tiempo real, que conecten mercados y reduzcan fricciones para competir en una economía global.

Diseñar esas soluciones exige comprender la complejidad de los negocios, pero también anticipar riesgos, cuestionar supuestos y construir sistemas que funcionen para realidades muy distintas. Ahí es donde la diversidad deja de ser solo una conversación de inclusión y se convierte en una ventaja estratégica.

Los equipos diversos no solo enriquecen las discusiones: también mejoran las decisiones. En el sector financiero, donde la precisión, la confianza y la capacidad de anticipar escenarios son fundamentales, esa amplitud de perspectivas se traduce en soluciones más robustas y en sistemas que responden mejor a las necesidades de empresas y mercados.

América Latina tiene una oportunidad única. La región está viviendo una transformación profunda en infraestructura digital, pagos y comercio internacional. En México, por ejemplo, la creciente integración económica de Norteamérica y el dinamismo del comercio regional están acelerando la demanda por soluciones financieras más ágiles, digitales y conectadas.

Eso significa que la arquitectura financiera del futuro se está diseñando hoy.

Y esa arquitectura; los sistemas que facilitarán el comercio, moverán la liquidez global y conectarán a empresas con oportunidades en distintos mercados; debe construirse con talento diverso, capaz de entender tanto la tecnología como la complejidad del mundo empresarial.

Porque si el futuro de los negocios será digital, debemos asegurarnos de que las decisiones que lo diseñen reflejen la diversidad del mundo real.

Managing Director, Global Co-Head Corporate & MNC GTB Sales, Latin America, CCA & Mexico en Scotiabank

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