La economía de México tendrá en 2019 un crecimiento semejante al de años recientes. Estimaciones de organismos financieros internacionales, como el FMI y la Cepal, lo sitúan ligeramente superior a 2%. En el país, bancos y otras instituciones del sector privado tienen una estimación semejante e incluso menor. En la encuesta que mensualmente aplica el Banco de México a empresas, consultorías y bancos del sector privado sobre las expectativas del comportamiento de la economía del país, el resultado en diciembre de 2018 es un recorte del crecimiento del PIB de 1.9% a 1.8% para este año. Como señalé en mi colaboración anterior, la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos de la Federación se elaboraron y aprobaron con una estimación de crecimiento para 2019 de 2%, una cifra que se suma al promedio obtenido desde hace lustros.

Las tasas de interés y su probable incremento son otro dato relevante del curso de la economía en el año. De diciembre de 2017 a diciembre de 2018, la Junta de Gobierno del Banco de México decidió modificar al alza en cinco veces el objetivo para la tasa de interés interbancaria a un día, que es la tasa de referencia en México. En cada caso el incremento fue de 0.25%, alcanzando el nivel de 8.25% a partir del 20 de diciembre de 2018. Los incrementos en la tasa siguen a los que decide la Reserva Federal (Fed), o incluso hay un mayor número aumentos. En 2019 la Fed mantiene su proyecto de normalizar la tasa de referencia en Estados Unidos, por lo que están previstos algunos incrementos en el resto del año. La suma de los incrementos a la tasa de interés de referencia no es un incentivo para la inversión productiva y actúa como un medio para propiciar mayores colocaciones financieras. Para grandes empresas y diversas sociedades financieras, los aumentos en la tasa de interés impulsan la diversificación de las colocaciones financieras, incluyendo de manera destacada los mercados en el exterior.

Para las finanzas públicas un resultado es el incremento de los recursos que deben destinarse al servicio de la deuda del gobierno federal y de las empresas productivas del Estado. El incremento previsto en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) para el pago de la deuda del gobierno federal en el año es de 51 mil 600 millones de pesos. En términos relativos, con relación al PIB implica un incremento de 2% en 2018 a 2.2% en 2019. También se considera un incremento nominal del costo financiero para las empresas productivas del Estado. Se mantiene una línea de crecimiento desde 2006. Además, en el PEF se estimó para el año en curso una tasa nominal promedio para los Cetes a 28 días de 8.3%, lo que no necesariamente se alcanzará. En resumen, es posible un costo financiero mayor para el sector público, lo que no impulsa el crecimiento de la economía. Cierto que la mayor parte de la deuda pública es interna, pero ello no excluye presiones para los mercados cambiarios; en tanto, ante el incremento de la volatilidad financiera, la venta de activos financieros en el país y la salida de recursos representan un escenario previsible. Las exportaciones, que son un elemento importante en la dinámica del PIB en el país, continúan dependiendo del mercado de Estados Unidos y de las decisiones que toma un reducido grupo de grandes compañías que explican la mayor parte de ellas. Una diversificación en esta materia será producto de nuevas inversiones y la intervención de otros actores sociales demandando un tiempo mayor.

La inversión pública no alcanza un peso mayor y menos se tiene previsto que permita un aumento más significativo del PIB. Es un escenario en el que no se observa a los actores sociales que hagan posible un importante aumento de la formación de capital y con ello se modifique la tendencia de crecimiento del PIB que caracteriza a la economía del país desde hace varios años.

Departamento de Economía, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa
Email: vidal.gregorio@gmail.com

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