Colectivo Reversa

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Seña y Verbo: 24 años de teatro para sordos

“El problema de los sordos no es una discapacidad, es una diferencia de idiomas"
07/08/2016
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Por Luis Javier Maciel Paniagua

En la capital de nuestro país, por varios años, una minoría ha luchado para gozar de las mismas condiciones y facilidades que sectores mayoritarios: los sordos. Según el Censo de Población y Vivienda 2010 del Inegi, en la Ciudad de México habitan 62 mil 462 sordos y con el fin de compartir con los oyentes su situación, algunos actores sordos decidieron crear en 1993 la compañía Seña y Verbo: Teatro para sordos.

Hace unos meses tuve la oportunidad de asistir a Un gato vagabundo, la  primera obra de teatro escrita por sordos en México, todos miembros de Seña y Verbo: Teatro para sordos. Trata sobre un joven sordo de 25 años llamado Gato. Él quiere suicidarse debido a que su idioma nativo, la Lengua de Señas Mexicana, le dificulta en encontrar trabajo entre hispanohablantes y establecer vínculos. Encima de todo, su mejor amigo, su hermano mayor, falleció. Por eso emprende un viaje para encontrar sentido a sus acciones al norte de México.

Es un espectáculo bilingüe, donde los tres actores son sordos y se comunican mediante la Lengua de Señas Mexicana. Nosotros, los oyentes, los entendemos gracias a una enorme pantalla con subtítulos coordinados con sus gestos. Al concluir la función lo entendí, los sordos son personas a las que se les debe de admirar e incluir.

 En entrevista, Antonio Zacruz, gestor y gerente de Operaciones de Seña y Verbo: Teatro para sordos, así como Karla César Bazán, la coordinadora de Comunicación y asistente de Gestión, nos comentan un poco más de este grupo y del propósito de la compañía:

¿Qué es lo que caracteriza a Seña y verbo?

Antonio Zacruz: Lo que ha caracterizado a la compañía desde hace 24 años es que hace teatro a nivel mundial para sordos y oyentes. No estamos enfocados únicamente a las personas que tienen una discapacidad auditiva, “sordera”, como nosotros preferimos llamarle, sino que nuestro público está conformado por ambos grupos.

Nuestras obras no sólo están en la Lengua de Señas Mexicana, sino que también están en español, para que tanto sordos como oyentes puedan entenderlas.

Tenemos actores sordos profesionales, que se han formado con nosotros desde que entraron a la compañía. Ahora, nuestro director artístico es Eduardo Domínguez. Él ha estado 15 años con nosotros.  Además, todos los actores no sólo están en las obras, sino que son profesores que dan talleres de comunicación no verbal, técnica utilizada en el teatro de sordos.

¿Por qué prefieren el término “sordera”?

Porque los sordos no se sienten dentro de la discapacidad. Dicen que las personas con discapacidad son aparte, como la discapacidad motriz o la ceguera.

Como compañía pensamos que el problema es una diferencia de idiomas. Ellos hablan la Lengua de Señas Mexicana, nosotros hablamos el español. Si nosotros habláramos Lengua de Señas Mexicana no habría tal discapacidad. Ellos no se sienten con esta condición, o enfermedad, como algunos brutalmente le han llamado, sino que es una cuestión física que no los limita. Nuestros actores tienen toda la capacidad para crear espacios, personajes y crear emociones en la gente.

Karla César Bazán: Justo una de nuestras actrices hace mucho énfasis en que los sordos pueden trabajar, tienen familia, tienen relaciones con muchas personas y no presentan ningún problema con su cuerpo. No es propiamente una discapacidad.

¿Cuál es el proceso para generar nuevos montajes?

Antonio Zacruz: Pues depende mucho del interés tanto del director como de los actores. En el caso de Música para los ojos, (obra actualmente presentada en el Centro Cultural Helénico los domingos a las 13:00 horas), Sergio Batiz, que es músico y aparte es director de escena, dijo “quiero hacer algo con música, pero ¿cómo lo hago con sordos?”, entonces empezamos a investigar cómo hacer un montaje musical con personas sordas.

En el caso de ¿Quién te entiende? , que es una obra de teatro documental, Alberto Lomnitz, director general de la compañía, entrevistó a sordos que verdaderamente vivieron las dificultades que se ven en escena y las transformamos a historias para teatro.

En el caso de Un gato vagabundo, Roberto de Loera y Eduardo Domínguez tuvieron la inquietud de contar cómo es la vida de los sordos. Entonces le dijeron a Alberto Lomnitz esta inquietud y empezaron a escribir. Ahora, Gato vagabundo es la primera obra en México escrita por sordos.

¿Cómo se fueron uniendo?

Todo empezó en 1993. Alberto Lomnitz trabajaba en el National Theatre of the Deaf (Teatro Nacional de la Sordera), en Estados Unidos. Sabía Lengua de Señas Americana, porque deben de saber que la lengua de señas no es universal. Si bien hay una internacional, que se maneja en Europa, en América predomina la Lengua de Señas Americana, aunque cada país tiene un sistema de lenguas diferente.

Con apoyo del National Theatre of the Deaf creó una compañía para sordos en México. Consiguió una beca del FONCA junto con Enrique Singer y Carlos Corona y comenzaron a invitar a personas sordas. Llegaron y se conformaron dos equipos, pero fueron reduciéndose poco a poco, hasta que conformaron uno, la primera compañía.

Hoy en día, la única persona que queda del elenco original es la actriz Guadalupe Vergara. Todos los demás han ido cambiando. Tenemos un taller que se llama “El Semillero”, donde chicos sordos que quieren pertenecer a Seña y Verbo entran al taller, reciben cierta capacitación en diferentes áreas, como improvisación, actuación, técnica de teatro de sordos, traducción, y después de ese proceso ya se selecciona a uno o a dos que formarán parte del elenco.

Los que estamos en las demás áreas que son Gestión, Administración y Producción hemos llegado por azares del destino. Algunos porque dimos un comentario en Facebook, otros porque nos invitaron ciertas personas... La mayoría ya conocíamos a Seña y Verbo de tiempo atrás y soñábamos con estar en la compañía, hasta que un día lo conseguimos.

¿Qué es lo más complicado que han experimentado en sus obras?

Lo que nos ha platicado Sergio Batiz, en el caso de Música para los ojos, es justo encontrar el punto donde se encuentran la música y la sordera. Es experimentar, es probar, es ver qué funciona y qué no funciona.

Otra cosa que ha sido un problema tanto en la compañía como en los montajes es la comunicación, porque son dos idiomas totalmente diferentes. Es necesario que los miembros de la compañía sepamos Lengua de Señas Mexicana y estemos en constante contacto con los sordos. Es importante conocer su cultura y conocer su lengua para saber acercarnos, para que la comunidad sorda no sienta que nosotros los oyentes queremos abusar de ellos. Ha sido una comunidad que ha vivido oprimida durante mucho tiempo.

Muchas veces se necesita ser intérprete dentro de los talleres, dentro de los montajes. En el caso de Carlos Corona, Haydee Boetto y de Sergio Batiz, todos son directores de teatro que saben la lengua de señas, que han tenido que aprenderla junto con los sordos y Alberto Lomnitz lleva 24 años con ellos aprendiendo esta lengua. Ahora que Eduardo Domínguez toma el mando de director artístico uno de los retos que tiene es hacer que la gente reconozca a nuestra compañía y que reconozca que nuestro director es una persona sorda. No por eso es menos, sino que tiene toda la capacidad de dirigir una compañía. Quizá sí necesite la ayuda de un intérprete, en este caso yo estoy fungiendo como su intérprete, pero lo que Eduardo quiere y sueña es que reconozcan más a Seña y Verbo. Si bien llevamos 24 años trabajando, todavía hay mucha gente que no ubica a la compañía.

Las personas sordas pasan desapercibidas. En México es una de las discapacidades menos reconocidas. El gobierno pone rampas, da tarjetas para entrar al metro gratis, otorga aparatos, pero no entiende que ellos tienen una lengua diferente. Tú cuando ves a los sordos en la calle o en el metro, si no hablan con señas parecen personas normales.

Mancera apoyaba mucho la sordera, pero al parecer fue sólo al inicio. En un punto dejó de apoyarlos, se fugó. Barack Obama sabe un poco de lengua de señas; entonces, cuando los sordos se acercan a él, Obama con decirles nada más “hola (en señas)”, la persona sabe que lo reconocen como una persona sorda.

Pero en el caso de instituciones como Indepedi (Instituto para la Integración al Desarrollo de las Personas con Discapacidad), que si bien tiene personas con discapacidad trabajando, sordas, no hacen lo suficiente. O por ejemplo Conadis (Consejo Nacional para el Desarrollo y la Inclusión de las Personas con Discapacidad), no reconoce la sordera, prefiere irse con otras condiciones que son más visibles, prefiere tocar otros temas de discriminación antes que la sordera.

Y también hay muchas personas con esta condición que la ocultan. Ellos mismos dicen “yo no soy sordo”, porque tienen implante coclear, porque tienen aparato auxiliar auditivo, porque oyen poquito. No quieren ser sordos y no quieren aprender Lengua de Señas Mexicana, pero no están ni en la gente oyente ni en la gente sorda. Están en un limbo.

Seña y Verbo durante estos 24 años ha intentado apoyar a la comunidad sorda y ha provocado que la gente oyente abra su mente para que vean que los sordos pueden hacer cualquier cosa. Que reconozcan que ser sordos no está mal y que no son menos que nosotros.

¿Cómo se visualizan en un futuro?

 Karla César Bazán: El objetivo de la compañía es promover la cultura sorda y la Lengua de Señas Mexicana. Planeamos tener más obras entretenidas, pero su propósito es abrirle los ojos a la gente, que tengan en mente que la sordera no es un bloqueo. Una frase de una de nuestras obras dice: “Romper la barrera de la comunicación”. El objetivo es que la gente se atreva a romper esa barrera, que se decida a hacerlo.

Muchas veces, cuando nos encontramos a una persona sorda, nos congelamos. Sentimos miedo y es normal esa reacción. Sin embargo, cuando empiezas a tener contacto te das cuenta de que ellos son personas comunes y corrientes, que también tienen la intención de hablar contigo y que no necesitas hablar su idioma, ni ellos el tuyo, para poder entenderlos. Únicamente con la pantomima, con la cara, con la corporalidad podemos transmitir nosotros mensajes  y con más contacto generamos un código. Es como cuando entre amigos saben que cierta mirada significa tal cosa, que cierta postura significa tal cosa; es lo mismo con los sordos, porque finalmente son personas que ven, sienten y pueden comunicarse.

El término sordomudo es muy mal empleado, porque pueden hablar, pueden reír, pueden gritar, sólo no tienen una referencia, por eso no lo hacen. No obstante, todos pueden emitir sonidos.

Algunas de nuestras obras, como Desafío Babel, hacen que las personas tengan contacto con los sordos. En ella, el público se sube al escenario a jugar con todos los sordos, para hacer desafíos y se dan cuenta de que no necesitan hablar, que no necesitan un idioma, que no necesitan saber señas para poder comunicarse y para hacer historias muy bonitas. Es solamente querer hacerlo y tener las ganas.

Antonio Zacruz: También Seña y Verbo ha puesto el camino a proyectos más grandes como es el caso de Manos a los Estados. Es un proyecto que comenzó con una beca de México en Escena, del FONCA, hace ya unos cuantos años, y ahorita, desafortunadamente, perdimos esa beca. Si bien una de nuestras metas es conseguir dinero para que la compañía siga sobreviviendo, también lo es que los grupos que actualmente forman parte de este programa, que son Tijuana, Culiacán, León, Uruapan y Guadalajara, grupos que formaron compañías amateur de teatro para sordos, hagan sus montajes y los presenten en el Festival Internacional de Teatro para Sordos, que tenemos cada dos años.

Seña y Verbo se dividió hace unos años en dos: Teatro para Sordos y Educación y Desarrollo. La primera está enfocada en el teatro. Educación y Desarrollo ahorita tiene un gran vínculo con la Biblioteca Vasconcelos. Se abrió una sala específicamente para Lengua de Señas Mexicana y está enfocada a talleres educativos, sociales y de civilización. Queremos continuar con todo esto.

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