13 | DIC | 2019
Brasilia Volkswagen

Por qué amamos al Volkswagen Brasilia

11/11/2019
12:32
CARLOS CAVAZOS
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Este hatchback buscaba dejar atrás la leyenda del Vochito y abrir la puerta a una nueva etapa en Volkswagen en América Latina

De 1974 a 1982 existió en piso de venta de Volkswagen una opción para quienes deseaban un transporte familiar económico, pero no querían un diseño de los años 30. De la inspiración del diseñador Marcio Piancastelli llegaba Brasilia. El nombre buscaba evocar la esperanza de un mundo nuevo, pacífico y orientado al progreso, al usar la misma denominación de la nueva capital del gigante sudamericano, urbe diseñada por edicto.

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La guerra de Vietnam había llegado a su fin, la crisis del petróleo había golpeado a las 3 grandes de Detroit y Latinoamérica buscaba encaminarse a un próspero futuro. En Brasil, Volkswagen emprende un proyecto de diseño para hallar un complemento a su gama. Los ingenieros sabían que el VW sedán, con todo y su colosal volumen de ventas, no sería eterno, y adolecía de defectos como magro volumen para carga, así como una incómoda entrada para abordar las plazas traseras.

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Competidores como General Motors estaban reaccionando a la llegada de opciones japonesas a su territorio y habían lanzado a nivel continente opciones como Chevette, que comenzaron a en distintos mercados del continente, marcando una pauta de acción para Volkswagen, que ya no estaba tan sola en el mercado de económicos.

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Buscando un reemplazo de interés al Beetle, en 1970 Rudolph Leiding, presidente de VW Brasil, pide a su equipo desarrollar un nuevo producto. Este aprovecharía el vetusto pero confiable cuatro cilindros opuestos enfriado por aire que impulsaba a Sedán y Combi, en una plataforma con motor posterior pero una línea más actual.

La producción en México aprovechaba la fabricación nacional de la gran mayoría de los componentes, produciéndose de 1974 a 1982. Su comunicación comercial enfatizaba las ventajas del espacio interior, notable ventaja sobre el producto más vendido de la marca. Otra característica enfatizada era la suspensión independiente en las cuatro ruedas.

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El espartano interior en acabado color negro ofrecía volante de poliuretano y ventilación a dos velocidades. El optimista velocímetro llegaba en sus gráficas a 160 Km/h pero la velocidad máxima declarada era de 128. Las vestiduras disponibles eran en vinil labrado negro o miel, así como opciones en tela bajo combinación blanco-negro y miel-negro, con tejido en aspecto de panal. La pintura se ofrecía en coloridos tonos bajo nombres mexicanizados como Azul Vallarta, Verde Orizaba, Naranja Tuxpan o Amarillo Tabasco.

La gama VW en México complementaría a Brasilia con la llegada de Caribe en 1977, que posteriormente se renombraría Golf. Ambos productos coexistirían hasta 1982, cuando queda descontinuada Brasilia debido a la presión comercial que un precio más alcanzable y un diseño más contemporáneo aplicaría al producto setentero, pero por la conocida confiabilidad Volkswagen aún se encuentran en caminos mexicanos ejemplares de este singular hatchback con área de carga frontal.

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Casi dos millones de unidades vendidas a nivel global dan a Brasilia un lugar en la memoria de los vehículos que han llegado a México de distintos orígenes, en este caso, del corazón de la jungla carioca.

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