21 | OCT | 2019
Por qué amamos al Vocho

Por qué amamos al Vocho

09/09/2019
15:04
CARLOS CAVAZOS
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Llegó a México en 1952 para terminar el dominio que ostentaban las marcas norteamericanas

Reliquia rodante de los años 30, el Volkswagen sedán permitió a millones alrededor del mundo acceder a la movilidad personal. En México, a su llegada en 1952 instituyó una nueva era, pues llegó a abrir categoría ante una oferta dominada por los modelos nacidos del ideal Detroit, que por sus características en dimensiones y motorización resultaba excluyente.

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El Type 60, rebautizado políticamente KdF-Wagen (El Auto de la Kraft durch Freude, fuerza a través de la alegría), y que posteriormente ha sido llamado Type 1, Käfer (escarabajo), o para los mexicanos “vocho”, fue producido inicialmente como prototipo por Daimler-Benz, quienes le llamaron W30, antes del arranque de la planta de Volkswagen en Wolfsburg para su producción en masa, en 1938.

La notoria historia de su concepción, deja usualmente de lado tres interesantes hechos. El primero, su resultado formal estuvo inspirado en el Checoslovaco Tatra V570 de 1933, en cuanto a su aspecto exterior, pero en especial a su sistema de enfriamiento, por lo que su novedad está apoyada en este antecesor, si bien el segmento al que Tatra daba servicio era de mayor ingreso. Esta polémica quedó resuelta en 1961 con un acuerdo fuera de cortes sobre una demanda, con lo que VW compensó a los originales dueños de Tatra por el supuesto plagio. En defensa del escarabajo hay que ver un diseño previo de Porsche, el redondeado Type 12, que fuera creado en 1931 para otro fabricante alemán, Zündapp.

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El segundo hecho poco mencionado se refiere a que su creación no fue directamente de Ferdinand Porsche, sino que el autor de esta legendaria pieza del diseño industrial fue su colaborador, el austriaco Erwin Komenda.

Un tercer hecho es que, el Volkswagen KdF originalmente dista en gran medida de calificarse como un éxito. Bastante lesivo para el volumen de ventas fue que su producción en masa comenzara en mayo de 1938 y que para agosto de 1939 Alemania encendiera las llamas de la guerra. La cuenta de unidades armadas en Wolfsburg en esos dos años es de únicamente 94, pues para 1940 la planta se orientó a producir principalmente vehículos militares. Al término de la contienda, el factor decisivo en el éxito del Beetle fue la visión del Mayor británico Ivan Hirst, quien detectara la oportunidad de reactivación económica que resultaría el echar a andar nuevamente la maquinaria de Volkswagen para impulsar la reconstrucción de la derrotada Alemania.

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Habiendo comprobado las robustas capacidades en combate de los derivados del KdF-Wagen, Hirst convence al ejército británico de ordenar 20 mil unidades, y reabre la planta. Tras un arranque cuesta arriba con el fin de ofrecerla en administración a fabricantes británicos, estos la rechazan, con lo que el gobierno británico la ofrece en 1948 a Ford Motor Company como parte de las compensaciones de guerra. Asesores de Henry Ford le proponen abstenerse de tomarla, con lo que pierde la oportunidad de quedarse con lo que ahora es el segundo constructor de automóviles más importante del planeta.

Otro gran impulsor de este icónico auto para México fue Alfonso de Hohenlohe, empresario de origen madrileño, quien fundara la primera concesionaria en nuestro país en 1955, tras atestiguar el gran interés por el sedán en la exposición “Alemania y su Industria” del año previo, y los excelentes resultados de su flotilla de siete unidades en la Carrera Panamericana.

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Tras el arranque de armado en México a cargo de Studebaker-Packard ensamblando el vocho con partes enviadas desde Europa, en 1964 se funda la empresa Volkswagen de México, y su planta en Puebla comienza operaciones tres años después. La confiabilidad del VW lo vuelven el favorito de los mexicanos, con lo que el primer millón de vochitos nacidos en México se alcanza en 1981.

Rey absoluto del parque vehicular nacional por décadas, con el cambio de siglo resulta cada vez más presionado por competidores asiáticos y europeos, así como otras opciones de la propia VW, para finalmente cesar su producción en 2003.

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Para algunos mexicanos, este humilde vehículo se constituyó en la fuente de ingresos familiar, ya fuese como vehículo de alquiler o bien como unidad móvil en multitud de industrias, y por las cifras que actualmente están alcanzando en subastas, para otros podría significar una jubilación digna. Y es que, gracias al mercado de la nostalgia, el interés por el Beetle se ha incrementado como vehículo de culto, así que debido a la escasez de unidades disponibles ese viejo vochito oxidándose en la cochera o sirviendo de soporte a matorrales en el patio, ahora con un poco de atención puede alcanzar cifras que superan el precio de un auto nuevo.

El Grupo Volkswagen recién anunció el desarrollo de un kit de conversión diseñado para convertir a propulsión eléctrica al icónico escarabajo, con el cual las históricas unidades podrán integrarse a la movilidad del futuro.
 

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