Laboratoria, te enseña a programar

El proyecto busca a mujeres de entre 18 y 30 años que, por sus circunstancias socioeconómicas, no hayan tenido acceso a una educación superior y les da la oportunidad de trabajar en el campo tecnológico

América Latina necesita 1.2 de millones de desarrolladores de software para 2025 y actualmente solo el 10 por ciento son mujeres
Techbit 20/11/2015 12:37 EFE Actualizada 12:37

Laboratoria es un proyecto de emprendimiento social peruano que forma a mujeres jóvenes y de bajos recursos de Perú, México y Chile como desarrolladoras web en un campo profesional "lleno de hombres", dijo a Efe su fundadora, Mariana Costa, premiada por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Costa señaló que América Latina necesita 1.2 de millones de desarrolladores de software para 2025 y actualmente solo el 10 por ciento son mujeres, un dato que no ayuda a que la industria pueda innovar en la región.

La fundadora de Laboratoria lidera desde 2014 esta iniciativa que busca a mujeres de entre 18 y 30 años que, por sus circunstancias socioeconómicas, no hayan tenido acceso a una educación superior y les da la oportunidad de trabajar en el campo tecnológico, cada vez más en auge.

"El país tiene mil problemas y todos no los va a resolver el Estado", dijo Costa, que inició este proyecto en Perú, apoyada por empresas como Google y Telefónica y que ya ha recibido premios de innovación como el de emprendedores de menos de 35 años por el MIT.

Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) 21.8 millones de jóvenes en América Latina no estudian ni trabajan, los denominados "NINIs", y de éstos, el 74 % son mujeres.

"Ahí influyen factores socioculturales, porque aún son muchos los que piensan que la mujer debe quedarse en casa y ocuparse de las tareas del hogar", reflexionó Costa.

Costa participó este miércoles en Idear Soluciones, actividad organizada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que muestra proyectos como el de Brayan Salazar, un hondureño de 22 años que creó un dispositivo eólico que carga teléfonos móviles en zonas sin acceso a electricidad, o el del guatemalteco Daniel Monroy con Mayan Pitz, un juego para conservar la herencia cultural de su país.

La programación, según la emprendedora, es una carrera "donde hay mucha flexibilidad", pues "no hace falta que tengas un título universitario para que te vaya bien porque muchísima gente es autodidacta".

Mediante una formación intensiva de seis meses, las mujeres salen preparadas para la alta demanda que hay en la industria tecnológica.

Costa habla no sólo de la flexibilidad académica que ofrece ser desarrolladora web sino también de la laboral, ya que es una profesión idónea para la conciliación familiar y social.

El proyecto, definido por su fundadora como "emprendimiento social", ha formado a lo largo de 2015 a 130 desarrolladoras y las expectativas para 2016 son las de instruir entre 600 y 800 jóvenes en sus sedes de Lima, Arequipa, México D.F y Santiago de Chile.

Las estudiantes que ingresan a Laboratoria deben tener 18 años, o cumplirlos durante el curso, y un perfil con alto razonamiento lógico y matemático.

Antes de comenzar su formación, las candidatas pasan pruebas que miden habilidades como la perseverancia, la capacidad de aprender material nuevo y tolerancia a la frustración o al cambio.

Finalmente, los evaluadores se entrevistan con cada participante para estudiar su caso particular y también con sus familias, porque, según explicó, han "identificado que si las familias no apoyan, es más probable que deserten".

Para Costa, montar una empresa tecnológica en Perú "tiene sus retos", pero considera buena la experiencia por la recepción que han tenido y por lo bien que se acepta el "emprendimiento social".

El proyecto cuenta con una alianza con 15 empresas para promover el trabajo de las exalumnas y su formación práctica, por lo que el 60 % de las mujeres formadas ya ocupa un puesto de trabajo.

Además, el precio por estudiar en Laboratoria es un pago retroactivo que empieza cuando las jóvenes consiguen trabajo como desarrolladoras.

"No cobramos a las alumnas por estudiar, porque estamos enfocados en jóvenes de bajos recursos, pero cuando ellas se ubican en el entorno laboral donan el diez por ciento de su salario al proyecto durante tres años y así financian la educación de alguien más", concluyó.  

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