Venezuela ¿llegó la hora del cambio?

Solange Márquez

Desde la proclamación de Juan Guaidó como Presidente Interino del país desde febrero pasado, he argumentado desde distintos medios, incluido este espacio, que no se trató de un Golpe de Estado, pues este implica la ruptura de un orden constitucional que había sido roto desde hacía tiempo por Nicolás Maduro.

Sin embargo lo ocurrido el martes pasado tiene dos aspectos distintos a lo que vimos en febrero que pueden llegar a cambiar el rumbo de esta crisis. Por supuesto este no es el final, sin embargo es claro que hoy por hoy Maduro está mucho más débil que hace unos días. Sus prolongadas ausencias solo abren la puerta a más y más especulaciones acerca de su propia salida del país de forma subrepticia, lo cual fortalece a Guaidó, quien hoy tiene una posición mucho más firme a nivel nacional.

Distinto a lo ocurrido en los dos meses anteriores donde parecía que Guaidó era más bien un presidente en el exilio, la liberación de Leopoldo López le ha dado a los venezolanos la imagen perfecta de un presidente que puede empezar a cumplir sus funciones como tal y puede ser obedecido.

Hace dos meses señalaba precisamente la imperiosa necesidad que tenía el presunto gobierno de Guaidó de mostrar que puede tener las riendas del país o de otra forma no sería más que una figura ornamental. La deserción de un grupo de militares logró esa imagen, o al menos lo ha hecho en las últimas 48 horas. Esto le dio a Guaidó combustible suficiente para volver a poner a la gente en las calles y mantener la protesta una vez más.

Asimismo, hay que señalar que la oposición internacional al régimen chavista es cada vez más fuerte y ello sumado a la severa crisis económica por la que atraviesa el país sigue siendo factor de crítica desde distintas latitudes. El martes la Unión Europea manifestaba su apoyo a una salida pacífica al conflicto, el apoyo firme a “las legitimas aspiraciones [del pueblo venezolano]” y “el restablecimiento de la democracia y el estado de derecho, mediante elecciones libres y justas”.

En la práctica, el gobierno de Maduro es insostenible sin el apoyo de Rusia, Cuba e Irán desde lo económico, pasando por medicamentos y alimentos para la población, hasta el envío de armas, pertrechos e inteligencia militar.

Sin embargo, aún con lo espectacular que fue la toma de la base militar de madrugada y las revueltas que le siguieron, esto no tuvo el efecto que se buscaba: lograr una deserción en cascada de los miembros de las Fuerzas Armadas. Una parte de los militares que apoyaron a Guaidó se hallaban solicitando asilo político y protección esa misma noche en distintas embajadas. 

En ese sentido, el mayor reto de la oposición sigue siendo demostrar que son ellos quienes tienen hoy el control de los acontecimientos y no al revés. Lamentablemente para lograrlo, han tenido que confiar cada vez más en sus aliados extranjeros, particularmente Estados Unidos, Brasil y Colombia.

Las llamadas de advertencia intercambiadas entre Mike Pompeo y Serguei Lavrov son una muestra clara de que la solución de este conflicto se traslada, cada vez más a otras arenas de suyo muy peligrosas pues conllevan a intereses, muchas veces, bastante alejados de los venezolanos promedio. Difícilmente podemos decir que los acontecimientos del martes darán lugar a un cambio pronto, lamentablemente para los venezolanos no hay soluciones mágicas y este conflicto durará aún un largo tiempo.
 

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