Peritos argentinos respaldan informe

Equipo advierte que en el nuevo examen se documentó un número de traumatismos considerablemente mayor

El EAAF reveló que en la segunda autopsia se encontraron fracturas en dos vértebras dorsales y en una vértebra lumbar que no se habían reportado anteriormente (ARCHIVO EL UNIVERSAL)
Nación 12/07/2016 02:20 Javier Garduño Actualizada 02:20
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El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) coincidió con la mayoría de las conclusiones que dio a conocer la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) sobre la muerte de Julio César Mondragón Fontés, estudiante de la Escuela Normal Rural Isidro Burgos, de Ayotzinapa y describió las fallas en la investigación de la Procuraduría General de Guerrero.

La CNDH aseguró que la causa de fallecimiento fue por traumatismo craneoencefálico, también resaltó que fue víctima de una severa golpiza, principalmente en tórax y cabeza, lesiones graves que en la primera autopsia no fueron debidamente documentadas, y que corresponde al Ministerio Público determinar si se trató de actos de tortura, subrayó en un comunicado.

En cambio, sobre la posibilidad de que haya sido desollado con un objeto punzocortante, mencionó que hay huellas de fauna, como señaló la primera autopsia, pero también hay áreas con sospecha de intervención de instrumento cortante, sin embargo, por las diferentes autopsias y las condiciones de descomposición del cuerpo no fue posible ahondar en este aspecto, precisó el documento difundido por Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez.

El EAAF añadió en su mensaje que la causa de muerte es similar a la obtenida también por la PGJ de Guerrero en su primera autopsia, aunque durante el segundo examen se documentó un número considerablemente mayor de traumatismos en tejido óseo y en tejido blando y se realizó una descripción más profunda sobre las lesiones y su origen.

El Equipo Argentino publicó, después de darlo a conocer a los familiares del occiso, que las fracturas en cráneo observadas en este segundo examen fueron severas y abarcaron el lateral derecho, la base de cráneo, área posterior y fragmentación masiva en cara.

Destacó que en el tórax se registró un número más alto de fracturas de costillas. Aunque en la autopsia inicial se señaló sólo la presencia de dos costillas fracturadas, en el segundo examen pudieron documentarse por lo menos 12.

También en este segundo examen el EAAF encontró fracturas en dos vértebras dorsales y en una vértebra lumbar que no se habían reportado anteriormente. La autopsia inicial reportaba lesiones en pulmones, cerebro y abdomen, mientras que en la segunda autopsia el EAAF documentó hemorragias en regiones similares (cerebro, pulmones, intestino y posible daño en uno de los riñones), describiéndolas con mayor amplitud.

Las lesiones ocurrieron en circunstancias alrededor de la muerte, además de que no se encontraron lesiones por arma de fuego.

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