Se esfuerzan para seguir unidos y estudiando

Se esfuerzan para seguir  unidos y estudiando
Los Malvaez viven en un pedazo de terreno que les cedió su tía (JORGE ALVARADO. EL UNIVERSAL)
Nación 08/05/2016 02:07 Julián Sánchez - enviado Donato Guerra, Mex. Actualizada 11:36
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A Mauricio Malvaez Moreno su madre le dejó una instrucción muy clara: “Quiero que en la vida tú seas alguien, que tengas una carrera y no andes trabajando en cosas pesadas, quiero que no te compliques la vida”.

Ella no verá si su hijo mayor lo cumplirá. En 2013 el cáncer de colon acabó con su vida y dejó en la orfandad a otros cuatro varones y una niña.

Mauricio ha podido llegar al sexto semestre de ingeniería en sistemas computacionales, motivado por la encomienda que le dejó Raquel Moreno Hernández y el amor que le tiene. Los seis hermanos, desde Rosario, la única mujer y la más pequeña de la familia Malvaez Moreno (de 8 años) hasta el más grande, con el apoyo de su padre intentan hacer lo que mamá deseaba: mantenerse unidos y estudiando.

Por un tiempo, dice el joven universitario, estuvo a punto de dejar la escuela. Ante la falta de dinero, los hermanos tuvieron que pedir apoyo a varias personas. “Llegamos hasta el punto de pedir casi limosna a todos los que conocían a mis padres, nos ayudaban económicamente”, señala.

Hubo una temporada en la que sus papás se ausentaron, viajaron a la Ciudad de México para que su madre fuera atendida con quimioterapias, pero el cáncer terminó con su vida el 18 de septiembre de 2013.

El costo de la atención de Raquel Moreno llevó a su padre, Santos Malvaez Soto, a vender el terreno en el que vivían, se quedaron sin hogar. La hermana de Santos les prestó su casa de dos cuartos en este municipio y les cedió parte de su terreno para que construyeran una vivienda.

Lo poco que les quedó de la venta del terreno sólo sirvió para poner unos muros. La necesidad del padre de atender a los hijos y su hogar, le ha afectado para conseguir un buen empleo y la desesperación creció, hasta que se enteraron que podían solicitar apoyo, y los ayudaron para que los hijos pudieran retomar sus estudios a través del Programa Seguro de Vida para Jefas de Familia. Reciben un apoyo bimestral de 9 mil 450 pesos para los seis hermanos. “Eso lo administramos para que nos alcance a todos para cubrir los gastos de la escuela”, dice Mauricio.

En promedio gasta 3 mil pesos al mes en pasajes para llegar al Tecnológico de Zitácuaro, que le queda a más de una hora de camino desde su casa. Su padre dice que cuando llega a salir a trabajar al campo apenas gana 100 pesos por día, por lo que quisiera tener la oportunidad de un empleo mejor pagado, pero al no concretarse se dedica a las labores del hogar. Le preocupa estar al tanto de sus hijos y apoyarlos, sobre todo a los más pequeños de ocho y nueve años.

“Ahorita no puedo salir a trabajar por ocuparme de las cosas de la casa, hacer la comida, atender a los muchachos, y cuando salgo gano 100 pesos al día en el campo”, dice Santos, quien anhela tener apoyo para dedicarse a la crianza de animales y así poder estar al pendiente de sus hijos.

“Es que nos quedamos sin nada, cuando a mi esposa se le detectó el cáncer de colon, y después se le fue al hígado, anduve en la Ciudad México como año y medio, pero no se pudo hacer nada, no había dinero que pudiera con eso. Tenía un terreno y lo vendí y la situación empeoró, pero mi hermana nos prestó este lugar y desde el año pasado nos apoyan con el seguro”, comenta.

Aliki Flores, responsable del Programa Seguro de Vida para Jefas de Familia en el Estado de México, detalla que en la entidad se tiene registro de más de mil madres fallecidas, así como más de 2 mil 400 niños y jóvenes beneficiados, un padrón que se incrementará en las próximas semanas. El objetivo es apoyar al mayor número de personas en pobreza.

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