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“Que la gente sepa que estamos sufriendo. Es una tragedia, fue un ataque a traición”, expresa su indignación un oficial del Ejército después del ataque cometido en contra de sus compañeros en la penumbra del pasado viernes 30 de septiembre, en Culiacán, Sinaloa.

Son alrededor de las 2:00 horas del 30 de septiembre, un grupo de elementos del Ejército se encontraba detenido en una base de operaciones. Los elementos estacionaron sus vehículos junto a una carretera, en el poblado de Bacacoragua, Sinaloa.

La mayoría descansaba mientras los centinelas vigilaban los alrededores. Aquellos uniformados tenían como misión la destrucción de plantíos de droga y estudiaban la zona donde trabajarían al día siguiente, cuando un comando de criminales pasó frente a ellos y los atacó por sorpresa.

Los soldados repelieron el ataque y en la balacera fue herido uno de los agresores en un brazo y sus cómplices lo abandonaron para huir.

Los elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional se dividieron en dos grupos, uno para resguardar la escena del crimen hasta que llegara el Ministerio Público local y otro para trasladar al detenido al hospital más próximo.

Al llegar a Badiraguato los médicos no tenían lo necesario para atenderlo, pero consiguieron una ambulancia de la Cruz Roja para su traslado a Culiacán. Los uniformados no sabían a quién llevaban, el herido pudo haber dado otro nombre y por eso no pidieron apoyo de más unidades castrenses.

Segundo ataque. Cerca de las 5:00 horas, en la entrada a la ciudad, la ambulancia y dos vehículos Humvee en los que iban 17 militares fueron emboscados por al menos 40 delincuentes que viajaban en dos camionetas pick up de tres y media toneladas, seis camionetas tipo Tacoma y varios autos sedán, describieron los sobrevivientes. Era el segundo ataque sorpresa en la misma noche.

“Fueron los de Badiraguato, ellos dieron el pitazo, ¿quién más? Iban con toda la saña, estaba planeado porque le prendieron fuego a las camionetas del Ejército. Dos cuerpos quedaron quemados”, lamentó un oficial de la zona.

Los narcotraficantes llevaron fusiles Barrett M-82 calibre .50. Son armas largas antitanque con cartuchos más largos que la mano de un hombre diseñados para atravesar blindajes, también llevaron granadas y fusiles antiasalto, favoritos de los narcos.

En el Cuartel General de la Novena Zona Militar, en Culiacán, Sinaloa, se nota la tristeza, el silencio es absoluto, tensan el ambiente. Fueron cinco soldados los que murieron, 10 resultaron heridos y dos más sobrevivieron prácticamente ilesos al ataque cometido en la madrugada cuando, a bordo de dos vehículos Humvee, escoltaban una ambulancia de la Cruz Roja que trasladaba a un civil herido.

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