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Para la señora Olga Robles, el cáncer de mama ha sido una enfermedad muy dura y sobre todo inesperada. Tiene 84 años y lleva 19 meses con este padecimiento que le ha cambiado las expectativas que se había fijado para esta etapa de vida, en la que había planeado dedicarse a descansar y estar tranquila.
Aunque estuvo casada, Olga nunca tuvo hijos; hace unos años perdió a su marido y desde entonces dejó la Ciudad de México y se mudó a Querétaro, donde encontró amigos que —al igual que su familia— la apoyan y acompañan en este momento de enfermedad.
Fue diagnosticada en su lugar de residencia, pero como todavía estaba asegurada por la pensión de su esposo, decidió atenderse en el Seguro Social y actualmente, después de haber sido sometida a varias intervenciones quirúrgicas, continúa con el tratamiento de quimioterapia en el Centro Médico La Raza.
Desde que le fue practicada una mastectomía —que le permitió eliminar el tejido cancerígeno— su vida ha cambiado y se ha convertido en una batalla constante, pero no pierde el buen ánimo y las ganas de seguir luchando hasta conseguir estar sana otra vez.
La enfermedad le arrebató su mama izquierda y, por el momento, su salud. “No deja de ser una mutilación muy dolorosa y triste, pero hay pasos que se deben dar. Y si usted no se atiende a tiempo, no hay remedio: sea la edad que sea, hay enfermedades que no respetan las edades. Hay que luchar y no hay que tener miedo de la palabra cáncer. Con mis 84 años, tengo muchas ganas de estar aquí los días que Dios me deje, pero con una sonrisa, no con lágrimas”.
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