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La prensa estadounidense cuestionó ayer el despido del director del FBI, James Comey, señalando que el país atraviesa una situación peligrosa.
En uno de sus editoriales, titulado “Donald Trump es demasiado inepto para llevar a cabo un encubrimiento exitoso”, el diario Los Angeles Times dijo que el despido “es la demostración de la torpeza, que es el verdadero sello del estilo ejecutivo de Trump”, y añadió que el mandatario “parece incapaz de dejar de hacer cosas tontas que hacen parecer que tiene algo que ocultar”.
El caso ha llevado a expertos y políticos a comparar el despido de Comey, quien investiga el supuesto espionaje ruso en la campaña presidencial estadounidense para favorecer al republicano, con la decisión de Richard Nixon, en 1973, de despedir al fiscal especial de Watergate, Archibald Cox.
El veterano periodista del Wa-shington Post, Bob Woodward, quien destapó junto con Carl Bernstein el Watergate, dijo que existen paralelismos entre aquel caso y lo que ocurre ahora. “Este es un momento muy significativo. No es algo que se deba tomar a la ligera”, dijo al canal MSNBC.
El Post, a su vez, indicó en un artículo de opinión de Jonathan Capehart que Trump “carece de una cosa que tuvieron sus 44 predecesores: sentido de la vergüenza”. También criticó la “cobarde” forma en que se realizó el despido.
Lo ocurrido el martes, resaltó, es una obra que se habría pensado estaba en el campo de acción de “dictadores y déspotas a quienes no les importa el Estado de derecho. Y es un indicio de que la administración y el presidente están desesperados por escabullir de una investigación cada vez más incómoda con implicaciones no sólo para nuestra seguridad nacional sino para nuestra democracia”.
“El presidente da un puñetazo en el que muchos ven el eco del Watergate”, tituló a cuatro columnas el diario The New York Times, que en un editorial alertó que este es “un momento tenso e incierto en la historia de la nación”. “Ahora no hay un fiscal especial que pueda determinar si la confianza pública ha sido violada, y si la presidencia fue robada efectivamente por una potencia extranjera hostil. Por eso, el país ha llegado a un momento aún más peligroso [que Watergate]”, enfatizó.
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