Después de 8 millones 68 mil 272 víctimas —más de 225 mil muertos, 45 mil desaparecidos y más de 6.4 millones de desplazados— en 52 años, tres meses y 14 días del más antiguo conflicto bélico en América y tras 14 administraciones de 12 presidentes y dos guerras —contra el narcotráfico y el paramilitarismo— paralelas y sangrientas, Colombia llega hoy al más importante acontecimiento en casi siete décadas de prolongada crisis política: la firma de la paz.

En uno de los sucesos de mayor trascendencia en América en el siglo XXI y con un impacto global similar a la reconciliación entre Estados Unidos y Cuba, iniciada en diciembre de 2014, el gobierno colombiano como jefatura del Estado y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) suscribirán un acuerdo de paz negociado de noviembre de 2012 a agosto de 2016, en La Habana.

Con una ceremonia en el corazón de Cartagena de Indias, caluroso balneario caribeño y uno de los sitios históricos de la vida colonial y luego independiente de esta nación de 48.8 millones de habitantes y más de un millón 141 mil kilómetros cuadrados, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y el comandante en jefe de las FARC, Rodrigo Londoño Echeverri —cuyos seudónimos de guerra fueron Timoleón Jiménez y Timochenko— rubricarán un acuerdo de paz de impacto nacional e internacional.

El Acuerdo Final para la Construcción de una Paz Estable y Duradera, de 297 páginas y resultado de exhaustivas negociaciones en la capital cubana, con Cuba y Noruega como garantes y Chile y Venezuela como acompañantes, será suscrito en un acto programado para que empiece a las 17:00 horas (mismo tiempo de la Ciudad de México), en el Patio de Banderas de la Explanada San Francisco del Centro de Convenciones de Cartagena. De previo, habrá actividades militares y religiosas.

El pacto, que será sometido a plebiscito el próximo 2 de octubre para que los colombianos voten si lo ratifican o no en las urnas para darle mayor soporte institucional, define vías para que las FARC —de ideología comunista y surgidas para luchar por un cambio en el sistema político y socioeconómico de Colombia— transiten por el puente de guerrilla a movimiento político y compitan por puestos de elección popular.

Si es avalado por los colombianos, las FARC, fundadas en 1964, iniciarán de inmediato y formalmente el desmontaje total de su aparato militar, con verificación nacional e internacional.

El acuerdo está asentado en un convenio general de seis puntos: desarrollo agrario, participación política de los insurgentes, fin del conflicto, narcotráfico, resarcimiento de las víctimas e implementación, verificación y refrendación de los pactos en el plebiscito.

“En una guerra interna nunca pueda haber vencedores”, dijo el colombiano Jorge Restrepo, director del (no estatal) Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos, de Bogotá. “Aquí no hay ningún grupo que sea victorioso, así como tampoco hay heroísmo. Este fue un conflicto que le costó a esta nación décadas de desarrollo político, social y de crecimiento económico”, afirmó, en una entrevista con EL UNIVERSAL.

El arreglo entre los dos bandos enfrenta el rechazo de influyentes sectores políticos y sociales colombianos, en una actitud encabezada por el ex presidente Álvaro Uribe (2002—2010). Tras fustigar que Santos hizo profundas concesiones a “los terroristas” de las FARC para permitirles eludir la justicia, mantener impunidad sobre sus acciones criminales y ganar beneficios políticos, sin ofrecer perdón ni arrepentimiento.

Colombia llega a la paz tras una guerra contra el cártel del narcotráfico de Medellín, en los decenios de 1980 y 1990, y los paramilitares, aproximadamente de 1980 a 2010. Pese a las arremetidas estatales para tratar de reprimirlas y aniquilarlas, todavía existen temibles mafias del contrabando de drogas y redes paramilitares.

En el trayecto hacia la paz, Colombia registró guerras de menor intensidad de variados movimientos guerrilleros, de izquierda y de derecha. Con un cese del fuego vigente desde el pasado 29 de agosto, hoy se cierra formalmente la última conflagración bélica heredada de la Guerra Fría en el Hemisferio Occidental en la pugna comunismo versus capitalismo.

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