Más Información

México envía nuevo cargamento con más de mil toneladas de ayuda a Cuba; zarpan dos buques desde Veracruz

Morena suspende derechos políticos de Sergio Mayer; Comisión de Honestidad señala "impacto negativo a imagen del movimiento"

Cuauhtémoc Cárdenas llama a “abrir diálogos” en marco de reforma electoral; “que las diferencias no se vuelvan enemistades”, pide

Seguridad en México rumbo al Mundial 2026; selecciones expresan preocupación y piden garantías a la FIFA

Guerra interna por nuevo liderazgo, vaticinan especialistas tras muerte de "El Mencho"; nuevo líder del CJNG no será del círculo cercano
El alcalde de Múnich, el socialdemócrata Dieter Reiter, abrió con los tradicionales mazazos a un barril de cerveza la popular Oktoberfest, la fiesta cervecera para la que la capital bávara espera recibir a más de seis millones de visitantes.
A Reiter le bastaron dos mazazos al grifo cervecero -el año pasado, su primero en el cargo, precisó cuatro- para abrir el flujo cervecero y poder lanzar el ritual grito de O'zapft is -traducible por "está abierto"-.
Con eso se dio por inaugurada la 182 edición de la más multitudinaria e internacional fiesta de la cerveza del mundo.
Este año, Múnich recibirá el habitual alud de visitantes aún bajo el impacto de la situación vivida en las semanas anteriores, en que la estación ferroviaria de la capital bávara quedó colapsada por las oleadas de refugiados.
El gobierno de la canciller Angela Merkel había dado luz verde a la llegada de los peticionarios de asilo a través de las fronteras con Hungría, por razones humanitarias, lo que precipitó la llegada a la capital bávara de hasta 10 mil refugiados por día.
La situación se ha descongestionado algo desde que el pasado domingo se implantaran controles fronterizos y se distribuyeron a los solicitantes de asilo por otras regiones del país, en trenes especiales.
La imagen festiva del alcalde hoy, en la inauguración de la Oktoberfest, contrasta con las llamadas de advertencia del mismo Reiter, una semana atrás, advirtiendo que la capacidad para la acogida de refugiados en Múnich se había agotado y que no quedaban más camas de campaña para darles una atención digna.
Múnich espera, entre hoy y el 4 de octubre, en que cerrará sus puertas, a los millones de visitantes de todo el mundo -seis y medio, en 2014- que anualmente acuden a la capital bávara atraídos por la popular fiesta.
La Oktoberfest comenzó, de acuerdo a la tradición, con el mazazo del alcalde, a las 10:00 GMT, pero horas antes la explanada donde están instaladas sus carpas y atracciones estaban ya a rebosar.
Se estima que, hasta su cierre, se habrán consumido siete millones de litros de cerveza, aunque este año la Maß, tradicional jarra de litro, costará 10.40 euros, un máximo histórico y casi el doble de los 5.30 euros que valía en 1995.
El origen de esta fiesta popular se remonta a 1810, cuando en la ciudad se celebraron durante cinco días las bodas del príncipe Luis de Baviera con la princesa Teresa de Sajonia-Hilburghausen.
Sólo el cólera en el siglo XIX, las dos guerras mundiales y la hiperinflación que sacudió a Alemania en 1923 y 1924 obligaron a cancelar el evento, que se ha celebrado ininterrumpidamente desde 1946.
jlc
Noticias según tus intereses
[Publicidad]
[Publicidad]









