“La mano del diablo los mató”

Reconocen que esta comunidad quedó marcada como insurrecta y violenta; familiares de Ezequiel, el secuestrado, se niegan a hablar del linchamiento

Después de más de 48 horas de que el kiosco de este poblado de casi 5 mil habitantes fue el escenario del linchamiento de tres personas, dos hombres y una mujer, algunas personas sienten pena por lo ocurrido (ESPECIAL)
Metrópoli 27/05/2016 01:13 Emilio Fernández Teotihuacán, Méx Actualizada 13:09
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“Fue la mano del demonio, no la del Señor la que los mató”, dijo una de las residentes más religiosas de la comunidad de Santiago Atlatongo, que está marcada ya como violenta, insurrecta y así lo reconocen sus propios pobladores.

Pasaron más de 48 horas después que el kiosco de este poblado de casi 5 mil habitantes, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), y vecino del municipio de Acolman, se llenó de más de 10% de su población para ver o participar directamente en el linchamiento de tres personas, dos hombres y una mujer, a quienes acusaron de secuestrar a un joven de 25 años dedicado a la albañilería, identificado como Ezequiel.

Dos de estos señalados públicamente como plagiarios murieron por los golpes que les propinó una turba enardecida, fuera de sí, que se hizo justicia por sí misma. El tercer supuesto secuestrador, identificado como Pedro de Jesús “N”, sobrevivió al juicio y castigo ciudadano y ahora está detenido.

De Pedro de Jesús fue encontrada en la plaza principal una licencia de conducir de Coahuila que expira en mayo de 2017, en la que está registrado un domicilio en la ciudad de Piedras Negras, dice que tiene 34 años de edad.

“Nos sentimos culpables en el pueblo porque tanto peca el que mata a la vaca como el que la agarra, aunque muchos sólo observamos lo que ocurrió también somos responsables porque no hicimos nada para evitarlo”, se sinceró otra de las vecinas que acudió a misa a la iglesia de Santiago Atlatongo.

En esa misma parroquia de la que repicaron las campanas varias veces el martes, algunos de los habitantes expiaron sus culpas, sus miedos por lo que ocurrió. Se sienten arrepentidos.

Todo empezó la madrugada del martes, cuando el albañil no llegó a su casa. Sus familiares lo buscaron y no lo encontraron. Se llevó su camioneta Dodge, tipo Caravan, color blanca, con placas de circulación 911 WSC de la Ciudad de México. Esa misma unidad fue encontrada por su hermano Humberto en calles de la colonia El Palomar, al medio día del martes, según contaron policías municipales.

En el vehículo estaban dos personas, una mujer y un hombre, otro tercer individuo fue detenido por otros lugareños cuando, afirman, se quería fugar.

Los tres fueron retenidos y los comenzaron a golpear. Los condujeron al centro de la comunidad y ahí continuó el suplicio para ellos. El reloj marcaba las 12:35 en los relojes de algunos de los oficiales de Teotihuacán que estaban en un curso en el centro de Santiago Atlatongo y cuando escucharon a la muchedumbre salieron a ver qué ocurría.

Cuando lo hicieron en el kiosco y su alrededor había más de 600 personas. Arriba de éste los dos hombres y la mujer eran golpeados sin misericordia.

Uno de los residentes que observó lo que ocurrió contó que eran como 50 habitantes quienes golpearon a los supuestos plagiarios.

A Nayeli, nombre de la mujer, de 30 años, quien murió cuando era trasladaba a un hospital para su atención luego de que fue rescatada por elementos de la Policía Estatal, la querían quemar al igual que a los otros dos.

A ella le colocaron una soga que sujetaron del barandal, la subían y la dejaron caer varias veces. “¡Mátenme ya, mátenme ya!”, suplicaba.

El cuerpo del hombre que murió en el kiosco, identificado después como Octavio “N”, de 31 años de edad, oriundo de Ayutla de Los Libres, Guerrero, quedó tendido en el piso tres horas.

Una mujer les rogó a sus vecinos que lo pusieran boca abajo para que no se viera que ya había muerto. “¡No, así que se quede para que vean lo que le ocurre a las ratas!”, le respondió un hombre.

Más tarde a tres funcionarios del gobierno estatal les permitieron recoger el cuerpo. Ya eran las 16:30.

Pedro de Jesús fue sacado del centro de Atlatongo por miembros del Ejército y de corporaciones mexiquense para llevarlos a la casa de seguridad donde supuestamente estaba Ezequiel, en el estado de Hidalgo.

Familiares de la presunta víctima iban en el convoy para encontrarlo, nunca dieron con el paradero y después fueron trasladados al centro de justicia de Tecámac, luego a Toluca.

Dieciocho personas de la c omunidad fueron detenidas, pero durante la madrugada fueron liberadas al no encontrarse elementos para responsabilizarlos del linchamiento.

Los residentes de Atlatongo aseguraron que retuvieron al alcalde de Teotihuacán, Arturo Cantú Nieves, durante la noche del martes y madrugada del miércoles para intercambiarlo por los 18 detenidos. El secretario de Gobierno, Jorge Manzur Quiroga, lo negó.

A las cuatro de la madrugada Ezquiel fue encontrado por elementos de la Policía Federal deambulando sobre el kilómetro 28 de la carretera Venta de Carpio-Teotihuacán. Contó que cuatro personas lo habían secuestrado. Esa cuarta persona lo dejó en libertad, según contaron las autoridades estatales, quienes confirmaron que los tres retenidos pertenecían a una banda de plagiarios que operaban en el límite de Hidalgo y el Estado de México.

EL UNIVERSAL visitó la casa de Ezequiel, ubicada en el centro de Santiago Atlatongo, pero sus familiares se negaron a hablar. Cuando el reportero estuvo en el callejón llegaron varias personas para exigirle que se fuera del lugar “porque la gente está muy caliente todavía y a cualquier extraño le pueden hacer lo mismo que a los secuestradores”, dijo uno de los habitantes.

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