Fuerzas Armadas y juventud, héroes nacionales

Jorge Nuño Jiménez

Ante el actual escenario de terremotos, huracanes, delincuencia organizada, secuestradores, presiones externas y rumores de discordia nacional impulsada por egoísmos políticos que buscan la codicia del poder, surge una voz fuerte y franca que no titubea. Me refiero a las palabras expresadas por el general secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Zepeda, quien con franqueza y con una profunda conciencia de ser un siervo de la nación, afirmó al comandante supremo de las Fuerzas Armadas en días pasados en el Campo Militar Número Uno, ante soldados presentes:

“Ante las calamidades por las cuales atraviesa la República, este es el momento de “¡jalar parejo!”, porque los esfuerzos aislados resultan insuficientes, unidos todos somos la gran fuerza que sacara adelante al país”.

Evocó sentimientos, convicciones de su origen mismo, forjado en la cultura de la institucionalidad y de un profundo amor a México, preocupado seguramente por la falta de unidad nacional ante las adversidades, como ocurre en estos instantes en la capital de la República y otras partes que azotan al país.

Ante tormentas tropicales, huracanes y terremotos recientes que llenaron de luto y de dolor a muchos hogares, las Fuerzas Armadas se la jugaron por el pueblo en estos momentos aciagos y de catástrofes, no titubearon, “jalaron parejo”, no se doblegaron ni se quebró su voluntad solidaria con el pueblo. Se volcó con un gran cariño a levantar a sus hermanos ante el escenario lastimoso del país herido y lastimado. Debemos resaltar que junto a los soldados se sumó otro ejército, que tampoco titubeo, miles de jóvenes aparecieron en las calles ese 19 de septiembre, ese otro ejercito integrado por mujeres, hombres, topos y policías, que junto con los soldados, su misión fue salvar la vida con una capacidad de acción asombrosa. Esa es la gran fuerza social de México. Aparecieron sentimientos supremos, entre lamentos levantaron heridos y muertos, inspirados en valores de humanidad y de solidaridad, conscientes del deber y la conciencia, me refiero al Ejército, a la Marina y a la juventud.

El mes de septiembre será recordado como una fecha fatídica por todos los mexicanos ante la fuerza destructiva de la naturaleza; pero ante la adversidad surgen sentimientos profundos de concordia, unidad y solidaridad con el pueblo mexicano. Este es el momento de reconocer sin regateos el espíritu de esta gran nación, que con ímpetu, orgullo y coraje están en pie. Juntos, Fuerzas Armadas y juventud forman un solo cuerpo, que después de esta amarga experiencia estrecharon sus corazones, constituyéndose en un verdadero orgullo para un México que es más grande que sus problemas.

Es en la adversidad donde se forja el carácter y el espíritu de las personas y de la nación entera. Hoy contemplamos atónitos el rostro de la dignidad humana, con esa fuerza y coraje de nuestra juventud mexicana, son la semilla y germen del mañana. Hoy nos han dado un lección al ser los actores centrales ante esta tragedia, mañana serán los líderes, que tomaran las riendas de la nación, son un ejemplo ante el mundo digno de encomio y no tengo la menor duda de que trabajaran con su ejemplo inspirados en valores por la paz, la solidaridad y la justicia internacional.

Mañana se integrarán a tareas nacionales, sin duda trabajarán con un ejemplo digno de admiración con valores por la paz, la solidaridad y justicia internacional. Son ejemplo admirable para el mundo entero, héroes nacionales dignos, por lo cual debemos expresarles nuestros sentimientos de profundo agradecimiento.

Director general del Centro de Estudios
Económicos y Sociales del Tercer Mundo

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