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¿Democracia en riesgo?

Jorge Islas

El modelo político que propuso y diseñó Carranza para gobernar el país es insuficiente en la actualidad. Por ello se requieren nuevas reglas institucionales, que logren establecer un nuevo pacto de gobernabilidad democrática

La unidad de análisis de la revista The Economist acaba de publicar su más reciente estudio sobre el estado que guarda la democracia en el mundo (2018). En casi todo el mundo. Con independencia de ideologías, creencias y etiquetas, con seriedad nadie puede poner en duda la calidad, rigor y libertad con la que ofrece su trabajo de investigación periodística, el que también es considerado uno de los semanarios más prestigiados en el Mundo Occidental que habla sobre economía y política global desde el siglo XIX. En estos casos, no se le clasifica como prensa fifí o chaira.

A la pregunta de si la democracia está en riesgo, hay varias respuestas que dar, según el lugar en donde se practique esta forma de gobierno. En Venezuela, Bolivia, Cuba y Nicaragua, por ejemplo, la democracia no está riesgo, simplemente porque no hay democracia, de acuerdo con el sentido común, pero también de conformidad con las variables con las que miden el nivel y calidad de esta forma de gobierno, se concluye que son sistemas autoritarios, no democráticos al igual que Rusia, Hungría y Turquía, en Europa. Claro que hay casos peores como lo son algunos países africanos; y en especial, en Asia, Corea del Norte, que es una monarquía comunista hereditaria con poder nuclear.

Aún y cuando hay una gran desilusión sobre la política y los políticos tradicionales, hay muchos países en todos los continentes que han mejorado sus prácticas internas de organización, para elevar el nivel de la democracia. Resalta la participación política de los ciudadanos para elegir libremente a sus representantes populares. En el caso de Ruanda, por primera ocasión, tienen un parlamento conformado por una mayoría de mujeres. Esto es un gran logro para una sociedad que se había caracterizado por la segregación y misoginia.

De 165 países que analizan, únicamente 8 de estos son considerados como una verdadera y amplia democracia. Noruega, Islandia, Suecia, Nueva Zelanda y Dinamarca encabezan la lista de las democracias más sólidas del mundo. Por regiones, en América: Canadá, Costa Rica y Uruguay son las mejores democracias del continente. ¿Y México?

A nuestro país lo ubican en un segmento que han titulado de la democracia imperfecta o débil, que califica entre 6 y 6.99 de 10 puntos posibles. Pasamos la prueba de panzazo, dado que, si bien hemos tenido elecciones libres para elegir a nuestros representantes de manera legal y legítima, no hemos avanzado en otros rubros que son indispensables para cualquier democracia, como es el caso de la alta y reiterada violación a los derechos humanos. De igual manera hay observaciones a la cultura política, a la forma en cómo se observa el poder desde el poder, que en muchas ocasiones tiene una visión patrimonialista, impositiva, lo que tiende al mal gobierno y a la corrupción.

El estudio en cuestión, califica a la democracia de acuerdo con 5 rubros. En primer lugar, analiza los procesos electorales, la funcionalidad del gobierno, los derechos humanos o libertades políticas, la participación política y finalmente, la cultura política.

Cinco variables con las que se analiza la efectividad de la democracia, para que un sistema político se pueda considerar una verdadera democracia y no una fachada que se quiere autonombrar como tal, sin tener las características y, menos aún, los méritos.

Considerando estos rubros, ¿en dónde están los retos de la democracia mexicana hacia el futuro? Considero que hay dos grandes pendientes. En primer término está educar con calidad a nuevas generaciones de ciudadanos. Para ejercer la democracia, es necesario entenderla primero. También es necesario comprender que el modelo político que propuso y diseñó Carranza para gobernar el país es insuficiente en la actualidad. Por ello se requieren nuevas reglas institucionales, que logren establecer un nuevo pacto de gobernabilidad democrática, que haga más funcional y eficaz al gobierno en turno, sea del partido que sea con cualquier pluralidad que esté representada en el Congreso.

Claramente hay otros retos, más allá de contar votos a mano alzada.
 

Académico en la UNAM.
@Jorge_IslasLo

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