La política cultural de AMLO

Hernán Gómez Bruera

El martes por la noche asistí a la presentación de la propuesta de política cultural que llevará a cabo el gobierno de López Obrador de la mano de Alejandra Frausto, si éste gana la Presidencia de la República. He escrito ya sobre las razones por las cuales creo que vale la pena votar por AMLO (https://goo.gl/K9pf6y). El primero de julio también votaré por la conformación de un gabinete paritario, con caras nuevas, donde Frausto bien podría ser uno de los elementos capaces de impulsar un cambio generacional renovador.

La próxima secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, estuvo al frente del Instituto Guerrerense de la Cultura, donde promovió un proyecto ingenioso y creativo de inserción social a través de orquestas con niños y adolescentes –previamente ensayado en Venezuela y Colombia–, para evitar que caigan en manos de la delincuencia organizada. Se trata de uno de esos proyectos que te hacen recuperar la fe en la especie humana y conmueven hasta al más insensible. Quien ha tenido la oportunidad de presenciar estas orquestas –que Fraustro promoverá a nivel federal– puede atestiguar su poder transformador.

Seguramente habrá analistas mejor capacitados para opinar sobre los claroscuros de la propuesta “el poder de la cultura” (https://goo.gl/4UjQb7). Sin ser un experto en política cultural veo al menos cinco elementos interesantes:

1. La determinación de que la cultura ocupe un lugar estratégico. Hasta ahora, la cultura ha desempeñado un lugar accesorio en el ámbito de las políticas públicas, a pesar de su enorme potencial, a pesar de que México es una potencia cultural. La futura Secretaría de Cultura no se ha planteando ocupar un lugar más en medio de la burocracia, sino articularse con varias secretarías para ser parte de la estrategia diplomática, de desarrollo social, de inserción a la juventud, etcétera. Para que la política cultural sea efectivamente estratégica debe servir a propósitos más amplios, bajar a tierra y articularse con diversas instituciones, como se está intentando hacer.

2. Utilizar la cultura para recuperar la confianza de la ciudadanía, superar la fragmentación social y combatir la violencia. A través del desarrollo de proyectos culturales (como las orquestas infantiles) en las zonas marginadas y anegadas por la violencia, donde reina la desconfianza entre las personas, se apostará a la reconstrucción del tejido social. Por medio de proyectos culturales se pretende recuperar el espacio público, para lo que se intentará retomar parques y plazas públicas en zonas de conflicto a fin de promover la convivencia mediante proyecciones de cine, música, danza, etc…Un aspecto importante que se plantea es el aprovechamiento de la infraestructura cultural existente (en muchas ocasiones abandonada o destinada a otros propósitos). Frausto ha insistido en que antes de poner un ladrillo más se debe aprovechar lo existente.

3. Superar la vieja y falsa dicotomía entre “alta cultura” y “cultura popular”. La cultura no solo es la ópera, la música clásica o los actos públicos organizados por los caciques culturales que por años se han beneficiado del dinero público. El proyecto cultural del próximo gobierno apuesta a que la cultura urbana de la clase media interactúe con una diversidad de culturas locales por medio de “misiones culturales” que buscarán generar el intercambio entre regiones, con énfasis en las comunidades más alejadas y los pueblos indígenas. El Fonart dejaría de estar en manos de Sedesol para enviar la señal de que el arte popular no es para los marginados, sino un valor de toda la nación.

4, Redistribución de la cultura. Los servicios culturales han estado hasta ahora hipercentralizados en la Ciudad de México o, con alguna suerte, en las distintas capitales. Por eso se plantea diseñar programas culturales a partir de lo que sucede en los territorios y en diálogo con la gente, en lugar de hacerlo desde el escritorio. De acuerdo al documento presentado se crearán circuitos culturales en todo el país que impactarán en la distribución de obras cinematográficas y editoriales, al tiempo que servirán de escaparate para lo producido en las comunidades.

5. Cultura tecnológica y empresas culturales. La conectividad se percibe como un derecho, y el internet como un medio para crear, distribuir y consumir productos culturales. Se busca promover la creación de industrias culturales y empresas creativas que involucren al sector privado y tengan a la juventud como actor central. La agenda digital parece tener un lugar prominente en el programa cultural del obradorismo, con aspectos que van desde la apropiación tecnológica hasta una reforma a los derechos de autor con visión digital.

Un comentario final sobre la propuesta “Los Pinos para Todos”: La idea de convertir el sitio en el que han vivido los presidentes de México desde 1934 en un gran espacio para la cultura y las artes abierto a la ciudadanía tiene un gran valor simbólico. Se trata de 60 hectáreas (frente a 11 de la Casa Blanca) que representan la falta de sobriedad de nuestra clase política. Decidir qué hacer exactamente con ese espacio no será sencillo. El equipo de campaña abrió un sitio (www.lospinosparatodos) en el que ya se han recibido hasta 200 propuestas. La mayoría de ellas tienen que ver con educación en Ciencia y Tecnología, e incluso con crear allí un “museo de la corrupción”. Aunque comparto la idea en términos generales, temo que el objetivo de transformar ese espacio en “uno de los complejos culturales más grandes de Latinoamérica” podría implicar un enorme gasto que más valdría la pena utilizar para apuntalar los que a mi modo de ver son los elementos centrales de la propuesta cultural obradorista.
 

Investigador del Instituto Mora

@HernanGomezB

Comentarios