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Responsabilidad política y constitucional

08/07/2018
02:13
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Los resultados electorales del primero de julio rebasaron expectativas y previsiones; rompieron de fondo con dos paradigmas: el neoliberal y el de la democracia minimalista. El triunfo de Morena es la irrupción de una subjetividad social agolpada bajo un liderazgo carismático, el de AMLO, que parece tener por común denominador el hartazgo con la exclusión de la mayoría social de las decisiones políticas y económicas del país.

De una parte, la consigna de hierro del fundamentalismo económico, el mercado como buque insignia de la política pública y del Estado, reclama la corrección de sentido común que impidieron a capa y espada los guardianes y los beneficiarios de esa iglesia. Dicho una y otra vez por los críticos desde el centro hasta la sinrazón de los extremos, la regulación se impone, como se impone la prioridad del bien público sobre el pantagruélico festín de acumulación sin límites en y por los que habitan el tope de la pirámide social. Festín, dicho sea de paso, que se explica también por la ausencia de una sociedad exigente y respetuosa de los derechos de sus miembros. Las culturas socioeconómicas sí hacen la diferencia entre patrones distributivos; en México esa cultura habita en el subsuelo de la degradación, del que surgen los gritos de rechazo de amplios sectores que no supieron actuar en política antes de que fuera demasiado tarde.

La democracia concebida como mero acto electoral que regresa a los ciudadanos a su ámbito privado hasta las siguientes elecciones, esa democracia “sin adjetivos”, ha sido barrida por insatisfactoria. Las oligarquías políticas y económicas se la apropiaron conforme a la tradición de siglos. La representación política se degradó por el doble efecto de petrificación de los intereses partidistas en la zona de confort del dinero y los puestos públicos y una sociedad que se despolitizó, no bien alcanzada las alternancia, hasta que llegaron el hartazgo y la náusea.

Puestas ambas en el balance, no resisto citar a Norbert Lechner (Las sombras del mañana. La dimensión subjetiva de la política): en esta época que nos ha tocado vivir “el incremento de la libertad individual tiende a coincidir con un incremento de la impotencia colectiva”. La democracia liberal representativa se diluyó en al menos dos puntos centrales: la ceguera de los representantes que dieron la espalda a los ciudadanos y la exclusión de la mayoría de las consideraciones de la hacienda común. Ambos derrumbes, del principio de mercado convertido en trinchera de oligarquías y de la política divorciada del interés colectivo, convocaron el espejismo cíclico y recurrente: el pueblo y el líder providencial, el rebaño y el pastor. Una entidad tan inexistente como inefable cuando se instala en la imaginación de muchos.

El “pueblo” que votó no se gobernará directamente por simple lógica aritmética, y será tutelado por los que desde las oficinas públicas tomarán decisiones siempre discretas, segmentadas, fragmentarias por la lógica inherente a la administración del gobierno. Ellos tienen la responsabilidad de transformar la economía para desarrollarnos con justicia social y “civilizar” el capitalismo, y la política para dar capacidad representativa a las instituciones. En ambas deben asegurar que la voluntad y el juicio de los ciudadanos no sea relegado a los márgenes del sistema político y propiciar una cultura de ciudadanos que brilla por su ausencia. Habrán de demostrar con hechos que su política y sus decisiones responden al interés público.

Tienen también la responsabilidad constitucional de preservar el control del poder. Las posibilidades de reformar la Constitución unilateralmente están, por primera vez desde 1988, al alcance de la mano. Si el gobierno va a tomar en serio ese reto, tendrá que enfrentarse al mandato de los derechos humanos, al principio contramayoritario para garantizar derechos de las minorías, a la hipertrofia de la presidencia, a la división de poderes, a la reconstrucción del federalismo, al rediseño del municipio y la reforma de la justicia, entre otras cosas que no están funcionando en el país. A eso nos referiremos próximamente.

 

Director de Flacso en México.
@ pacovaldesu

Francisco Valdés Ugalde
Francisco Valdés Ugalde es Doctor en Ciencia Política, académico del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM y miembro del Consejo Superior de la Facultad Latinoamericana de Ciencias...