“...Y sucedió el nuevo milagro mexicano”

Francisco Suárez Dávila

“En aquellos tiempos…” a cien días del inicio de su gobierno, regresó nuestro líder mesiánico de su ascenso al Popocatépetl, imbuido de la inspiración que recibió del Espíritu Santo, para hacer algunas correcciones en su gobierno, inevitables para alcanzar una verdadera 4T y no un “retroceso”.

1º. Reconociendo el pecado de la soberbia y la necedad, decidió reiniciar el aeropuerto de Texcoco y cancelar Santa Lucía. Era —más de $300 mil millones— dinero literalmente enterrado, sin uso, ya que no iban a haber ni vuelos, ni conectividad sensata de pasajeros. Con ese dinero duplicaría los programas sociales.

2º. Canceló la desviación de recursos de un Pemex quebrado a la Refinería costosa y “subacuática” de Dos Bocas, para invertir mejor en fortalecer su área clave de producción y exploración.

3º. Recapacitó que ante todo la “ley del gobierno”, como la de Dios, se cumple, no se negocia. Aceptó que el terrible “pecado” de la corrupción debía castigarse con ejemplaridad. No debía otorgarse impunidad a ningún acto presente o reciente de corrupción.

4º. Asimismo, decidió no aceptar por principio ningún acto de “chantaje” por actos de abierta ilegalidad, como el bloqueo de las vías de comunicación por la CNTE. Los problemas no se resuelven a “billetazos”, lo que no tendría límite. Aplicar la ley no es represión. La reforma educativa es tan básica, como que los maestros se dediquen a enseñar.

5º. Decidió reabrir las guarderías para los hijos de las madres trabajadoras. Las abuelas se quejaron muy angustiadas, porque no podían con los nietos por tiempo prolongado, era mejor dárselos a maestras profesionales.

6º. Se comprometió a acelerar el crecimiento económico arriba del 4% como gran objetivo nacional, expresado en el Plan Nacional de Desarrollo, sin lo cual no puede haber Estado de Bienestar con reformas a grandes instituciones y no sólo un catálogo de dádivas asistenciales. Para que alcance el dinero, que los ricos paguen más “diezmo”.

7º. Decidió fortalecer los cuadros de la administración pública, flexibilizando las reglas de sueldos y prestaciones, no despidiendo a cuadros valiosos, ni sustituirlo por un gobierno de “cuates”, sin ninguna capacidad técnica.

8º. Sin entrar en el tema de a quién “se reconoce o desconoce como gobierno” en Venezuela (eso le toca a los venezolanos), hubo un fuerte pronunciamiento público criticando las atrocidades de Maduro, responsabilizándolo de la tragedia humanitaria de su pueblo.

9º. Como en otros gobiernos, accedió a una renovación de su “mesa de apóstoles” para poder dar resultados. Lo hizo con sus apóstoles de Energía, Pemex, CFE y SCT. Los sustituyó con profesionistas probados.

10º. Pasada la exitosa transición, decidió cambiar la entrevista “mañanera” por la “semanera”. Nadie puede decir algo inteligente todos los días y se multiplica el margen para cometer errores. Así también se reducirá el número de infartos en el gabinete. Reconoció, era pecado, sentenciar en la plaza pública sin pruebas claras.

Regresó entusiasmado, había merecido la felicitación del Espíritu Santo por sus grandes dotes de predicador, la cercanía y confianza con el pueblo. Innecesaria la argucia de la revocación de mandato. Asimismo, recibió indulgencias plenarias por la decisión de crear una Guardia Nacional, con base en el Ejército para recuperar pérdidas reales de territorio nacional y, por seguir el sabio mandamiento: “no gastarás el dinero que no tienes y no te endeudarás”.

Con todo ello, su popularidad superó el 80%, ya no sólo basado en los fenómenos de la emoción y el resentimiento acumulado, sino por la razón y el entendimiento. Las calificadoras subieron la calificación, el peso bajó a $15.00, la tasa de interés a 5%. ¡La 4T se encaminó hacia el “nuevo milagro mexicano” y todo el mundo feliz!
 

Exembajador de México en Canadá.
@ suarezdavila

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