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cristina.pineda@eluniversal.com.mx
En su primera de cinco noches en el Auditorio Nacional, Enrique Bunbury nunca dejó su actitud de rockero.
Paseó de un lado al otro del escenario, sudó en exceso y hasta aventó su botella de agua por el aire.
Con un pedestal con las iniciales EB, el español salió junto a sus seis músicos en punto de las 20:40 horas. Entallado en un traje negro con detalles de dragones en color rojo, tal como también se encontraban en la base de las tarimas de los instrumentos, inició su repertorio ante el júbilo de los cerca de 9 mil asistentes con “Iberia sumergida”.
Sus lentes oscuros lo acompañaron al inicio, al igual que sus característicos movimientos y bailes. En el recinto, incluso se adaptó la primera parte quitando algunas butacas, todo para que algunos pudieran estar más próximos a él, tocar su mano y hasta cantar cuando les acercó el micrófono.
“Buenas noches cabrones”, gritó ante el clamor de “Enrique, Enrique”. “Muchas gracias Ciudad de México, es nuestra especie de maratón y les agradecemos que hayan venido en un día de lluvia. Venimos con ganas de celebrar 30 años de mutaciones y vamos a hacer un recorrido por estas décadas de canciones”, expresó.
El sentimiento y las múltiples reverencias inundaron el foro al ritmo de “El club de los imposibles” y “Sirena varada”, para que poco antes de “Porque las cosas cambian” se dispusiera a tocar la guitarra.
De pronto, se quedó solamente en chaleco, por lo que recibió piropos por sus brazos llenos de tatuajes.
Él señaló a los asistentes para agradecer y siguió con “El camino del exceso”, “Puta desagradecida”, “Que tengas suertecita”, “El extranjero”, “Infinito” y “Lady Blue”, con la que dijo adiós.
En la promoción de su MTV Unplugged regresó para ofrecer más música y sonrió cada vez que escuchaba el coro de sus letras, un poco más alto en éxitos como “Sí”, “Los habitantes” o el recuerdo de Héroes del Silencio en “Maldito duende” y “La chispa adecuada”.
Sin embargo, eligió para cerrar “De todo el mundo” y “...Y al final”.
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