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La intensidad de Gonzalo Vega no sólo la puso en cine, teatro y televisión, también en su vida amorosa y en su familia. Desde muy joven supo lo que era responsabilidad. Apenas había debutado en cine con Los recuerdos del porvenir cuando tuvo a su primera hija, Gabriel, fruto de una relación fugaz con María Eugenia Tovar, una estudiante de medicina a la que conoció mientras estudiaba teatro en la UNAM.
Se casó con ella. La ruptura fue igual de vertiginosa.
Conoció entonces a Ofelia Guilmáin, 25 años mayor y que ejerció sobre él una seducción impresionante. Años más tarde contaría al programa de televisión Historias Engarzadas que su método de tenerlo dominado eran los celos. “En cuanto yo llegaba con el libreto de alguna obra o película, ella me decía: ‘Bah, ¿y con quién te vas a besar?’”. En esa época poco fue lo que trabajó Gonzalo Vega. “Me cortaba las alas”, se lamentaba.
Después de esa relación vino Dulce, la cantante, joven como él, que venía de Tamaulipas con la ilusión de triunfar. Vivieron un romance tórrido y marcado por la complicidad. Muchos años después, ella aún lo recordaría como el amor de su vida a pesar de que tuvieron que separarse.
Entonces llegó la que sería la madre de sus hijas que seguirían su misma profesión: Marimar y Zuria Vega.
Gonzalo contaba su encuentro con Leonora Sisto, hija del entonces director del Museo Franz Mayer, como un cuento de hadas. “La vi caminar por el pasillo del Claustro de Sor Juana y dije: ‘¿quién será esa mujer?’” Era una que estaba casada. Y era el 14 de agosto de 1983. Vega, que no sólo arrojado para elegir sus papeles sino también en su vida, decidió ir a hablar con el papá de Leonora para explicarle la situación. El padre, un hombre de mundo, le pidió que esperaran al divorcio.
Tras separarse de ella, su última pareja fue Andrea Sisniega, a quien conoció en un casting para La señora presidenta y con quien vivió los últimos años de su vida.
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