El verdadero cambio en México

Enrique de la Madrid

La economía de México no va bien. El miércoles 31 de julio, Inegi publicará la estimación del PIB correspondiente al segundo trimestre del año y muchos analistas adelantan que los resultados serán negativos. Nuestra economía se estancó, o incluso se contrajo, durante la primera mitad de 2019.  

Subsiste la desconfianza en nuestro país y sin confianza no habrá inversión ni la generación de empleos que necesitamos los mexicanos. Pero hoy me quiero enfocar en lo que cada uno de nosotros podemos hacer para tener un país más parejo y más justo.

El debate público se ha limitado a analizar lo que hace bien o mal el gobierno y qué más debería de hacer, cuando en realidad deberíamos de estar analizando y debatiendo las causas que nos han traído a donde hoy estamos. Me refiero a la inseguridad, la corrupción, y especialmente la pobreza y la desigualdad de oportunidades.

En las últimas décadas, la generación de riqueza en el mundo ha tenido un crecimiento espectacular. Cientos de millones de personas han salido de la pobreza pero muchos se han quedado atrás.

En México, alrededor de 54 millones de personas viven en condiciones de pobreza y más de nueve millones en pobreza extrema.

Según el INEGI, el 10% más rico del país tiene ingresos 21 veces superiores al del 10% más pobre y para el Coneval, las familias mexicanas con menores ingresos requieren tres generaciones para salir de la pobreza. ¡Esto es inaceptable y por ello debemos actuar!

Un crecimiento económico alto, incluyente y sostenido es necesario para alcanzar una sociedad más justa, pero no basta si queremos eliminar la pobreza en esta generación. Para lograrlo todos tenemos que asumirnos corresponsables.

Así como los mexicanos reaccionamos de manera espontánea, solidaria y desinteresada ante fenómenos como sismos y  huracanes, así tenemos que reaccionar ante esta emergencia nacional que es la pobreza y la desigualdad.

No busquemos el liderazgo de otros para evitar hacer lo que a cada uno de nosotros nos toca. Asumamos cada uno de nosotros el liderazgo que el país nos exige. Seamos siempre esos mexicanos solidarios y empáticos por los que nos reconocen y admiran en el mundo entero.

Parafraseando a un líder de nuestra época: mientras haya niños pidiendo dinero en la calle yo soy responsable; mientras haya jóvenes sin acceso a educación de calidad tu y yo somos responsables; mientras haya personas desesperadas por la falta de atención médica adecuada y haya ancianos desatendidos, todos somos responsables.

Las empresas juegan un papel importantísimo en nuestro país a través de la generación de empleos y muchas de ellas llevan a cabo una gran labor social en su comunidad. Debemos entender que ahora son tiempos de no sólo emprender y crecer negocios, sino de que las empresas mejoren al máximo las condiciones de vida de sus colaboradores y de sus familias, sin poner en riesgo la viabilidad de sus negocios, elementales para el desarrollo de México.

Al igual que las empresas, todos podemos hacer más. Algunos dando su tiempo, otros su talento e ideas, y otros, incluso, con apoyo económico.

Sigamos el ejemplo del doctor que da un par de consultas gratis a la semana; del abogado que defiende al desvalido sin cobro alguno; del ciudadano que dona libros y computadoras a la biblioteca de la colonia; del inversionista que apoya algún proyecto con amplios beneficios sociales; y del joven voluntario que realiza labor social en las comunidades cercanas a su colonia.

¡México no cambiará si solo cambiamos de gobiernos! ¡México cambiará el dia que todos decidamos cambiar!

Hagamos de la adversidad una oportunidad para que, a partir de la empatía y de un diálogo fraterno, juntos creemos el México en el que creemos.

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