Al finalizar los 90 días de campañas cada quien verá los resultados a través del cristal que mejor le convenga, pero en una primera evaluación puede afirmarse que dominaron más los oscuros que los claros.

En materia de propuestas los aspirantes se quedaron cortos. En el inicio hubo planteamientos diferentes, polémicos, que dominaron en la opinión pública y enriquecieron el debate, como las propuestas de conceder una eventual amnistía para personas vinculadas con el narcotráfico y la de otorgar un ingreso básico universal para los mexicanos. Al avanzar las campañas , las propuestas fueron dejando su lugar a las ofensas y a las acusaciones cruzadas, muchas veces sin sustento.

En los eventos públicos de los candidatos , aparecieron también las verdades a medias y las declaraciones falsas. EL UNIVERSAL puso bajo la lupa 108 dichos verificables de los aspirantes; de ese número, sólo 62 resultaron verdaderos (57%), el resto de los datos que citaban no eran correctos, no especificaban los periodos a los que se referían o no decían cuál era la fuente original de la información. La diversidad de cifras solo generó dudas sobre quién decía la verdad.

El dispendio marcó también a las campañas. En propaganda, los 44 candidatos a gobernador –en los ocho estados que renovarán gubernaturas– erogaron más de 86 millones de pesos en diversos artículos; sólo en playeras gastaron 21.5 millones de pesos, que equivalen a 244 mil días de salario mínimo.

Los debates fueron –para bien– bastante diferentes a lo que había predominado en campañas anteriores . Se puede asumir que resultaron de interés para el electorado por los elevados registros de audiencia. La innovación en los formatos dio agilidad a las participaciones, pero pueden mejorar todavía.

De los millones de spots que se difundieron, varios tuvieron que ser retirados por ir en contra de la ley electoral y por divulgar contenido calumnioso. Sin embargo, mientras salían de las pautas de transmisión, los mensajes que denostaban al adversario fluyeron sin problema.

El periodo de precampaña resultó un mal chiste. El objetivo era que los partidos eligieran de entre varios aspirantes a su candidato. Sin embargo, la realidad poco democrática de las agrupaciones políticas devino en “precandidatos únicos”, con lo cual durante más de seis meses el electorado tuvo prácticamente a diario en los medios de comunicación a los candidatos presidenciales.

Aunque candidatos y partidos pudieron haberlo hecho mejor, la apuesta, ahora, al comenzar el periodo de “reflexión”, es que el elector emita su voto el domingo con base en una revisión de las propuestas planteadas y no en el miedo que se infundió o en las noticias falsas que proliferaron. Ante el lodo, las trampas y las calumnias, la única opción es el voto informado.

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