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En la historia pasada y reciente el país ha sido rehén de protestas encabezadas por grupos sociales, las cuales la mayoría de las veces han tenido un final violento y en medio de represión. Este fin de semana se vieron quema de urnas, de boletas y de propaganda oficial durante la consulta que el gobierno federal realizó en Morelos, Puebla y Tlaxcala para determinar si se pone en marcha una central termoeléctrica en la localidad de Huexca. Agrupados en el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y Agua, miles de pobladores están en contra del plan oficial.
El rechazo al Proyecto Integral Morelos, que incluye la construcción de la termoeléctrica en Huexca, un acueducto y un gasoducto de 160 kilómetros no es nuevo. El plan existe desde 2011, en el gobierno de Felipe Calderón; durante la administración de Enrique Peña Nieto se mantuvo aunque no entró en funciones.
Ahora el gobierno federal tiene el propósito de ponerlo en marcha a pesar del rechazo que existe en comunidades, pero para ello efectuó la consulta popular sábado y domingo. Los resultados muestran una ciudadanía polarizada: 59.5% por el Sí, 40.1% por el No. El presidente López Obrador reconoció el ambiente de división que hay en la región.
En esta ocasión hay varias razones para aseverar que se requiere algo más que la consulta o la oferta de beneficios sociales para el inicio de operaciones de la termoeléctrica.
De acuerdo con opositores, en los municipios afectados por la generadora de energía, la gente votó en contra del proyecto. El Frente de Pueblos desconoció los resultados y amagó con bloqueos y tomas de carreteras. La participación fue mínima: solo 33 mil personas votaron por el Sí, mientras únicamente el padrón electoral de Morelos es de un millon 444 mil (al 31 de marzo de 2018); poco más de 2 por ciento de los votantes decidió el sentido de la consulta. Además, los opositores han ganado amparos en procesos judiciales.
Entre los pobladores los temores principales son a la contaminación, al desabasto de agua y que el gasoducto que conducirá gas metano para la termoeléctrica es de alto riesgo por ubicarse en una zona sísmica. Una forma de disiparlos es involucrar en el proyecto a la población y a organismos internacionales —esto último lo ha planteado incluso el jefe del Ejecutivo.
No se descarta que el malestar por la termoeléctrica llegue a puntos más algidos. La mejor forma de evitar conflictos sociales es previniéndolos a tiempo por medio del diálogo.
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