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Río de Janeiro.— Amo y señor de la velocidad. Deidad que extiende su imperio a un nuevo tricampeonato. El “Rayo” de nombre, Usain Bolt, que cruza por Río de Janeiro vuelve a ser dorado. Conquista los 200 metros planos. Trono que no suelta desde Beijing 2008.

La escena vuelve a ser la misma de siempre. Arranque que parece lento y en cuanto toma ritmo es un leopardo imparable. Es inalcansable al registar una marca de 19.78 segundos, aunque lejos del récord del mundo (19.19). Lo hace ver sencillo, sus rivales quedan sometidos. Andre de Grasse y Christophe Lemaitre, agradecen obtener medalla de plata y bronce, respectivamente, antes de seguir asombrados por Bolt.

El jamaicano ha vuelto rutinario el triunfo. Suma ya ocho metales dorados en su trayectoria olímpica, su segundo en la presente justa en Brasil nadie se atrevió a poner en duda al ganador, sino por cuánto margen, y si haría una mueca a sus contrincantes.

Usain Bolt, Usain Bolt”, corean los fieles al caribeño en el estadio Olímpico. El hombre más veloz sobre la tierra agradece el gesto, celebra con los brazos apuntando hacia arriba y el público queda enloquecido. El dios de la velocidad asombra, por ser irreal, dominante e incontestable. Las cámaras de los celulares le apuntan para captar cada suspiro de esa divinidad que corre en el estadio Joao Havelange.

La sede olímpica tuvo sus inconvenientes para Bolt. Una pista de tartán húmeda, porque en momentos previos a la carrera, cayó una ligera lluvia que, quizá le impidió ser aún más rápido.

Razón por la que Usain no volteó a ver a quienes le perseguían inútilmente rumbo a la meta. El “Relámpago” se esforzó por tratar de quebrar la marca del orbe. Su esfuerzo se quedó corto. Hoy por hoy, sólo él mismo ha sido capaz de correr más rápido en los 200 metros. Mas la exhibición vuelve a ser inexpugnable. Es invencible, no tiene ninguna fragilidad cuando corre, que pudieran hacer pensar que puede ser derrotado en algún momento de la competencia. Además es un hombre espectáculo. Le gustan los reflectores. Calentó con un baile que sólo fue el anuncio de que no daría concesiones a ningún otro participante.

Bolt es inmortal en el mundo del atletismo. Deidad admirada que no se cansa de ganar. Cada día lo hace más sencillo. El dios de la velocidad no tiene clemencia.

Y hoy por la noche, Usain Bolt saldrá de nuevo a su escenario preferido para buscar su noveno oro olímpico en los relevos 4x100 y con ello aumentar su historia que dicho sea de paso, no tiene precedente y parece que tampoco tendrá repetición.

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