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Foxborough.— El peruano Raúl Ruidíaz metió un gol con la mano. El árbitro uruguayo, Andrés Cunha lo convalidó, pese a la flagrancia de la acción, que pasará a la historia, por la pifia del nazareno y porque con ese gol Brasil se quedó fuera de la Copa América Centenario apenas en la ronda de grupos. Perú avanza a cuartos como líder del Grupo B.
Minuto 75. El escándalo se desató. Un centro en el área brasileña terminó con un remate digno del voleibol por parte de Ruidíaz. Los brasileños, vueltos locos, se fueron en contra del juez central con reclamos, manotazos y ademanes de que ese tanto había sido ilegítimo.
Los impartidores de justicia lucieron confundidos, anonadados, sin saber si anular el tanto o subirlo al marcador. Cunha hablaba mediante el auricular con quién sabe qué autoridad. Los peruanos estuvieron nerviosos. Sabían que ese tanto era como uno de oro, porque Brasil tiene tan poca pegada que es una selección que ha renunciado por completo a su leyenda.
Al final, el árbitro lo dio por bueno y fue el 1-0 que se mantuvo hasta el final. Las repeticiones evidenciaron que estaba en un error. Se reportó que se apeló a la tecnología y aún así el nazareno charrúa terminó cruzado y como el gran villano de un encuentro olvidable.
La “Verdeamarela” quedó fuera por esa decisión arbitral, pero también porque su funcionamiento dista mucho del brillo que alguna vez tuvo con versiones que encabezaron personajes como Pelé, Romario, Ronaldino y un largo etcétera.
Brasil puede apelar a que cayó por un mal fallo de los jueces y por la traición a su esencia.
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