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Arizona rinde tributo al más grande

Muhammad Ali ha muerto y Arizona, la que fue su casa en los últimos años, le rinde un silencioso homenaje

Foto: EDGAR LUNA CRUZ
Universal Deportes 04/06/2016 04:19 Édgar Luna/Enviado Scottsdale Actualizada 04:48

Unas vendas cuelgan de un altar improvisado, y una luz solitaria guía el camino del “Más grande”, del hombre que marcó toda una época, que luchó arriba del ring por un cinturón y debajo de él por sus derechos, que al final eran los de todos.

Muhammad Ali ha muerto y Arizona, la que fue su casa en los últimos años, le rinde un silencioso homenaje. “Vino para acá porque le gustaba el clima, decían que era lo mejor para él”, menciona Alex Fredman quien se pasea a las afueras del Lonnie & Muhammad Ali Pavillion, parte del Muhammad Ali Parkison Center construido en la ciudad de Phoenix en el 2009, parte del legado de la lucha de Ali por combatir esa enfermedad que lo fue minando en la segunda parte de su vida.

 

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“Era el mejor, no habrá otro como él”, dice Alex a la vez de que posa como si fuera un boxeador, uno de los tantos peleadores que soñaron en ser como quien nació con el nombre de Cassius Clay.

Ali murió a causa de problemas respiratorios cuando estaba internado en el Honor Health Scottsdale Osborn Medical Center, tenía 74 años. Desde hacía más de 30, luchaba contra el Parkison que le produjo los más de 50 combates que entre 1960 y 1981.

La prensa se presenta en el lugar y la policía hace su aparición para evitar que toquen un centímetro de propiedad privada, nada que moleste el sueño eterno del gran “Bocazas”.

La gente comienza a llegar… Un hombre porta un poster con la imagen más famosa de Muhammad, esa en la que ferozmente festeja haber mandado a la lona a Sonny Liston, en pelea de revancha de mayo de 1965. “¡Ali! ¡Ali! ¡Ali!”, gritan al unísono una madre y sus pequeñas hijas, contagiadas por el ambiente de nostalgia y admiración que se deja sentir en la calurosa noche de Arizona.  

“Get out of here , stinking niggers... dirty mexicans . Nobody wants them in America” (Largo de aquí negros apestosos, mexicanos sucios. Nadie los quiere en América), grita un estadounidense arriba de su auto, molesto porque las cámaras le estorban el paso, mancillando el recuerdo del hombre  que luchó desde abajo del ring también, porque todas las razas fueran tratadas de la misma forma en el país de la “libertad”.

Nadie se deja ver fuera de la sala de urgencias. La policía apura a los medios a retirarse… “mañana habrá información”, gritan y regresan a su lugar como vigías, resignados a pasar la noche en vela.

Este día se anunciará la forma en que se llevarán a cabo los funerales de Muhammad Ali. La familia ha decidido enterrar su cuerpo en su natal Lousville, Kentucky, de donde salió como uno más, para volverse el “Más grande”.

La gente se va, sabe que pasar en vela es inútil. Ali agradece en silencio.

La vela no se consume, las vendas no se mueven, siguen colocadas en el improvisado altar, ellas si se quedan a pesar de que ya ha sonado la última campanada.

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