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El escenario perfecto para echar la pelota. El grito de “¡vamos, Diablos!” hace vibrar el estadio Fray Nano, mientras que la porra de Quintana Roo no se deja intimidar “¡Tigres!, ¡Tigres!”.
El inmueble, sin cabida para un alma más, recibe el clásico del beisbol nacional, en el segundo partido de la serie. El color rojo empapa la mayor parte del estadio cuando sale el ex ligamayorista, Jorge Cantú.
Los vestidos con tintes azul y naranja no se sientan en sus butacas, es como si los Tigres nunca se hubieran ido de la ciudad de México.
El sol se muestra tímido, de repente sale, y a los pocos minutos, vuelve a entrar entre las nubes pintadas de gris. Esto provoca que el italiano Alex Liddi se quite y se ponga sus lentes.
Un vuelo de Carlos la “Chispa” Gastélum, en la baja de la quinta, se lleva las palmas de todo el estadio.
En el transcurso del partido, las pelotas de foul se festejan en la zona general, el pagar menos efectivo conlleva a obtener mejores souvenirs.
El eco de trompetas y maracas es frecuente cuando los Diablos Rojos están a la ofensiva. Niños, padres y abuelos, aficionados del rey de los deportes, viven la belleza de un estadio lleno. Una fiesta total a la cual acudieron casi seis mil personas a disfrutar del beisbol.
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