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El Madison Square Garden, en Nueva York, fue el sitio en el que se mostró la última colección de Yeezy, la marca de Kanye West. Sin embargo, el evento se convirtió en un espectáculo en el que la moda no fue lo más importante. El público fue muy diverso: una combinación de invitados que iban de Anna Wintour hasta 50 Cent, la prensa y un gran número de admiradores de West. Ellos esperaban mientras el clan Kardashian-Jenner robaba la atención en el front-row con sus atuendos en blanco y rosa, imposibles de pasar desapercibidos. Y eso sólo era el inicio.
El hip-hopero, productor y diseñador es un experto en crear polémica y esta vez no fue la excepción (entre otras cosas mencionó que su sueño es ser el director creativo de Hermès). Además de los fans que obtuvieron entradas gratuitas para el show, millones de personas alrededor del mundo pudieron seguir el evento en streaming. Asimismo, Kanye no sólo fue el anfitrión del evento, sino que también aprovechó el momento para estrenar su álbum The Life of Pablo.
Cuando por fin llegó el momento de conocer la tercera colección de Yeezy, en vez de una pasarela ordinaria, se mostró a varios modelos estáticos sobre unas plataformas montadas al centro del recinto. Las piezas, creadas en colaboración con la artista de perfomance Vanessa Beecroft, tiene como motivos predominantes las prendas oversized, bodysuits y jerseys rotos. Algo interesante fue la elección de los modelos, pertenecientes a varias razas, de diferentes edades y contexto. Lo anterior creó un mensaje sobre la diversidad en las pasarelas. También es destacable la aparición de las supermodelos Naomi Campbell, Veronica Webb y Liya Kebede, quienes lucieron leotardos negros y largos abrigos de mink.
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