Exhumación de amor
Del 31 de octubre al 2 de noviembre, las puertas de los cementerios de Pomuch se abren a visitantes para presenciar un acto de verdadero amor: familias desentierran los restos óseos de quien alguna vez ocupó un lugar en su corazón, para limpiarlos y seguir refrendando la tradición maya de “darle aire” a los restos de su difunto.
Los familiares acuden con brocha en mano y un mantel blanco para limpiar la osamenta y para retocar el nicho donde ahora descansan. 
El cráneo es la última pieza que se asea; el pariente de más edad de la familia lo toma entre sus manos y le cuenta lo sucedido en el último año. Así, cuando el difunto regrese al más allá estará al día sobre la vida de sus seres queridos. 
Una vez que la osamenta está libre de polvo es puesta en una caja de madera encima de otro mantel con las iniciales del difunto, bordadas en colores llamativos y adornos con rosas.
 El nicho también es decorado con flores frescas y veladoras que alumbran esas cuevitas sagradas, donde antiguos pomucheños dormirán, un par de días, fuera de la tierra. 
La tradición marca que, para hacer la exhumación, el difunto debe cumplir tres años de enterrado. Ya fuera, los restos se limpian por vez primera y se dejan a la intemperie sobre la sepultura para que les caiga la primera lluvia y los primeros rayos del sol. 
La fiesta en casa
Los familiares, después de limpiar huesos, montan un altar en su hogar con tierra fresca, flores y veladoras, que acomodan en forma de tumba.
El resto del día, se realizan rezos y se reciben a los visitantes con cochinita pibil y xtabentún, licor que los mayas hacían a base de miel fermentada y bebían en ceremonias. 
El pueblo de Pomuch se localiza a 52 kilómetros de la ciudad de Campeche.

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