Racismo: un fenómeno odioso

Es la discriminación, inferiorización, exclusión y marginación de personas sobre la base de que son biológicamente inferiores; se da en todos los países

Olivia Gall, coordinadora de la Red INTEGRA (Olivia Gall, coordinadora de la Red INTEGRA (ACADEMIA MEXICANA DE CIENCIAS)
Cultura 04/11/2016 00:25 Roberto Gutiérrez Alcalá Actualizada 11:44
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Las raíces del racismo son antiquísimas; incluso es probable que se remonten hasta la época de los primeros grupos humanos que habitaron la Tierra. No resulta difícil imaginar cómo entonces, al toparse con otro, al que veía extraño, raro, un grupo —clan o tribu— socioculturalmente determinado se sentía amenazado por la otredad. ¿Por qué? Por las diferencias que percibía en ella.

“Sí, el solo hecho de encontrarse con otro que ha construido su edificio identitario de manera diferente al suyo es suficiente razón para que un grupo se sienta amenazado por él y tienda a otorgarle un valor inferior al de su propio yo colectivo, pues pone en duda sus verdades, su identidad”, señala Olivia Gall, investigadora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la UNAM y coordinadora de INTEGRA: Red de Investigación Interdisciplinaria sobre Identidades, Racismo y Xenofobia en América Latina, del CONACyT/CEIICH-UNAM (www.redintegra.org).

De acuerdo con Gall, el concepto de racismo tal como lo entendemos hoy en día —esto es, la discriminación, inferiorización, exclusión y marginación de personas sobre la base de que son biológicamente inferiores— nació más o menos al mismo tiempo que surgieron los Estados-nación modernos (en la primera mitad del siglo XVIII).

Asimismo, la humanidad pasó por un largo período oscuro —la Edad Media— en el que muchos pueblos rechazaron, inferiorizaron, marginaron e incluso quisieron exterminar a otros por motivos religiosos, fundamentalmente, lo cual, en opinión de Gall, no es tan diferente del racismo.

“Si nos colocamos en las mentalidades de la Edad Media, el hecho de creer en ‘el Dios incorrecto’ era considerado tan esencial y constitutivo como lo es hoy lo biológico o lo genético. En todo caso, el racismo no es únicamente un conjunto de actitudes y prejuicios, una construcción de estereotipos y estigmas aplicados al Otro; es, sobre todo, un problema que tiene que ver con relaciones de poder que hacen que el acceso a la justicia y a la igualdad de trato y de oportunidades del Otro racializado quede vulnerado”, dice.

Proyecto interdisciplinario

La Red INTEGRA se creó en julio de 2014 como una red temática de investigación CONACyT. Se aloja en el CEIICH de la UNAM y está conformada por unos 110 integrantes distribuidos en 47 centros, institutos y facultades de 14 estados del país (70% son académicos y 30% estudiantes, la mayoría de posgrado).

“Nuestros objetivos son, por un lado, visibilizar el racismo y la xenofobia (una manifestación específica del primero que consiste en temer, rechazar e incluso odiar a quien llega de fuera o vive fuera de las fronteras nacionales) en nuestro país, ya que, contra todas las evidencias, se sigue afirmando que aquí no se dan estos fenómenos; y, por el otro lado, tratar de combatirlos, de avanzar en todos los frentes para ir disminuyendo el sufrimiento que muchos seres humanos experimentan en el mundo a causa de ellos”, apunta Gall.

Se podría pensar que entre más nivel educativo tenga un individuo, menos racista y xenófobo va a ser, pero no necesariamente ocurre así, porque ello depende de a qué grupo socioculturalmente pertenezca, de cómo sea el sistema educativo que lo forme, de cuáles sean los valores sobre la otredad de ese grupo en ese momento y de hasta qué punto se aferre al poder, si es que lo tiene...

Por eso, la Red INTEGRA recurrió al Programa de Apoyo a Proyectos de Investigación e Innovación Tecnológica (PAPIIT) de la UNAM para realizar una investigación interdisciplinaria sobre educación primaria, racismo y xenofobia en nuestro país.

“Estamos convencidos de que debemos abordar este tema porque dentro de los contenidos educativos, dentro del imaginario de los profesores, directivos, padres de familia y constructores de la política pública educativa flotan —y a veces hasta están muy asentadas— ideas falsas sobre la otredad que se les transmiten a los niños desde los primeros grados de la enseñanza”.

Así, por ejemplo, en los libros de historia de casi todos los países de los cinco continentes, el racismo y la xenofobia están presentes en mayor o menor medida.

“A los niños se les enseña que para convertirse en buenos ciudadanos deben ser fieles a la construcción identitaria nacional que el Estado ha impuesto o desarrollado —y en la cual siempre hay ideas sobre el Otro que lo inferiorizan desde lógicas racializantes—, y que si ellos se desmarcan de alguna manera del esquema identitario oficial no serán verdaderos ni buenos ciudadanos”, añade Gall.

Esto en cuanto a la educación cívica o de valores, pero la investigadora y sus colegas han descubierto que las materias de biología y ciencias de la vida también son impartidas en muchos países en formas que no solamente no pelean contra la idea de que hay razas superiores e inferiores, sino que la reproducen.

“En el año 2000, cuando descifraron el genoma humano, los genetistas descubrieron que las únicas diferencias genéticas en el ADN de los siete mil 500 millones de seres humanos que vivimos en la Tierra están alojadas en 0.01% del genoma humano. Este fabuloso descubrimiento habría bastado para que el racismo ya hubiera desaparecido de la faz del planeta, pues toda la argumentación científica de la diferencia biológica se vino abajo; sin embargo, no ha sido así. De ahí que en la Red INTEGRA sostengamos que una de las acciones fundamentales para tratar de mitigar el racismo en nuestras sociedades es la modificación de los sistemas educativos”.Regímenes racistas legales

En el siglo XX hubo en el mundo tres regímenes en los que el racismo, además de formar parte de la estructura de la sociedad y la política, era la base del sistema jurídico.

El primero fue el régimen de la supremacía blanca en Estados Unidos, en el que las llamadas leyes Jim Crow sancionaron, de 1876 a 1965, la separación completa entre blancos y negros en los estados sureños de ese país (los antiguos estados confederados).

El segundo fue el régimen nazi, en el que el racismo se incrustó legalmente en las formas de poder del nacionalsocialismo desde 1933 hasta 1945, para erigir al pueblo alemán como la raza superior y llegar al punto de querer borrar del mapa, mediante el exterminio sistematizado, a un grupo humano: el de los judíos.

Y el tercero fue el régimen del Apartheid en Sudáfrica, en el que, amparado bajo el disfraz de la legalidad, el racismo operó durante cinco décadas (de 1948 a 1992) para sojuzgar e inferiorizar a los negros y mantenerlos separados de los blancos.

El racismo se renueva constantemente; en la actualidad está presente en todos los países, con distintas modalidades, algunas graves, otras menos graves y otras más que oscilan entre las graves y las menos graves; en muchos de estos casos puede advertirse en algunas leyes y en gran parte del sistema de impartición de justicia.

Con todo, cada vez hay más conciencia de él y del peligro que representa, pero a veces todavía vemos que está como metido debajo del tapete y oímos que todos los fenómenos de inferiorización responden, antes que nada, a la injusticia de clase.

“Los integrantes de la Red INTEGRA decimos que si bien la lógica de clase casi siempre está presente en los fenómenos racistas, éstos no se pueden explicar sólo bajo ese argumento. En algunas ocasiones, el racismo es el que lleva a la inferiorización de clase, en otras ocurre a la inversa y en las más las dos causas se entretejen y no se sabe qué fue primero: si el huevo o la gallina. Ahora bien, no debemos olvidar que el racismo es, sobre todo, un problema que tiene que ver con relaciones de poder”, finaliza Gall.

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