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“Todos los cronistas estamos poseídos por el síndrome de los músicos de la orquesta del Titanic, o sea, todos preferimos ignorar que el barco se está hundiendo para seguir tocando el violín y lo que hace posible contar historia es esto precisamente, esa pulsión, esa insensatez”, afirma Alberto Salcedo Ramos.

El cronista colombiano que está en México para presentar su antología Los ángeles de Lupe Pintor, publicada por Almadía, y para ser uno de los conferenciantes magistrales —junto con Juan Villoro y Sergio González Rodríguez— del Segundo Encuentro Nacional de Periodismo Cultural, que se realizará en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán, dice que tiene un banco de historias “y esperaría tener vida suficiente para contarlas”.

En entrevista, el también autor de La eterna parranda y El oro y la oscuridad. La vida gloriosa y trágica de Kid Pambelé reconoce que “un personaje me atrapa cuando excita mi capacidad de dar un testimonio”. Igual que lo puede excitar más de un personaje, la situación o el lugar.

Salcedo Ramos quiere seguir contando historias a pesar de reconocer que cada vez hay menos lectores, menos gente dispuesta a leer. “Cada vez es más difícil hacer que el lector se enfrente al texto de uno. Cada vez estamos más enfrentados a un tipo de lector intolerante que no está dispuesto necesariamente a escuchar toda nuestra historia, a leer toda nuestra historia, pero eso no quiere decir que dejemos de contar las historias, yo voy a seguir contando historias, aunque finalmente termine contándomelas sólo a mí mismo”.

El cronista nacido en Barranquilla en 1963 dice que las historias son inacabables. Que quien quiera contar historias las va a encontrar siempre. “Mi abuelo, que era un hombre de poca educación, solía utilizar un dicho que a mí se me grabó y que he convertido casi en una declaración de principios, mi abuelo decía: ‘Quien quiere besar, busca la boca’. Yo siempre he sido muy curioso, siempre quiero enterarme de cosas que están más allá de donde llega la punta de mi nariz, siempre quiero saber qué están hablando los campesinos que están allá en la esquina en un parque, siempre quiero saber qué hay detrás de aquella ventana que me intriga. Siempre he creído que cuando uno es curioso puede contemplar la vida como si fuera una gran película”.

Alberto Salcedo Ramos tiene la certeza de que el periodismo en esencia sigue siendo el mismo: servicio, interpretación, información, crítica, denuncia, que lo que cambia son las plataformas en las cuales se difunde. “Robert Capa, el gran fotógrafo de guerra decía: ‘Si la foto no es suficientemente buena, tal vez no estuviste lo suficientemente cerca’, creo que hoy como ayer se trata de acercarse a la realidad tanto como sea posible para poder contarla con propiedad”.

Su estancia espiritual en México ahora es vital a través de Los ángeles de Lupe Pintor, la antología con algunos de sus textos favoritos. “Lupe (Pintor) me ha dado una historia que me permite mostrar la condición humana, de nuevo, que es lo que me interesa cuando hago periodismo”.

En las 18 crónicas del libro que presenta hoy, a las 19:30 horas, en el Centro Cultural Horizontal (Colima 378. Roma), en conversación con Juan Villoro, Salcedo Ramos quería reunir “historias que mostraran mi trabajo, lo más representativo de lo que he hecho como contador de historias de no ficción, un trabajo que incluyera mis preferencias temáticas, mis obsesiones, las historias que he contado”.

Está en México para vivir otra de sus vocaciones: “Me gusta dar talleres de periodismo para contagiarme de vida, para renovar mi fe en el oficio y no sólo para enseñar sino también para entender, para buscar la complicidad de un grupo de colegas”.

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