yanet.aguilar@eluniversal.com.mx

Juan Gabriel Vásquez vuelve a rondar el pasado violento de Colombia, su país, pero lo hace como si fuera la primera vez que se sumerge en esa dolorosa memoria. Si antes ya se había adentrado en las tragedias de su patria en Los informantes y El ruido de las cosas al caer, ahora llega a las entrañas a través de la indagatoria puntual sobre el crimen del general Rafael Uribe Uribe, en 1914, y el crimen de Jorge Eliécer Gaitán, candidato liberal a la presidencia en 1948. Dos hechos que han determinado la historia reciente de Colombia.

“La pregunta esencial del libro es ¿cómo heredamos los traumas del pasado, cómo heredamos los ciudadanos privados, cómo heredamos los momentos de violencia pública de nuestros países? Sobre eso sí hay una revelación al final y los lectores salen del libro entendiendo algo que no entendían antes”, afirma Juan Gabriel Vásquez al hablar de La forma de las ruinas (Alfaguara), la nueva novela en la que se adentra en las teorías de la conspiración y en las intrigas.

Para llegar a la médula de cómo heredamos la violencia a las generaciones jóvenes, el narrador, ensayista, periodista y traductor, cuya obra circula en 26 lenguas, optó por escribir una novela de géneros, una novela en la que está la novela policíaca, la histórica, la biografía, la investigación y el periodismo.

“Todas mis novelas se montan en algún momento sobre entrevistas que yo voy a buscar para construir a mis personajes, y sobre investigaciones históricas que hago para sustentar la invención aunque luego para efectos prácticos arme una ficción; desde el punto de vista de la práctica hay una mezcla de éticas y el libro mismo es una mezcla de géneros, cada día me interesa más la novela que hace más de una cosa al mismo tiempo. Y es tan particular que es la novela más autobiográfica que he escrito, pero al mismo tiempo es una novela histórica, y al mismo tiempo es una novela policial, y al mismo tiempo hay páginas enteras que son ensayos. Yo digo que estas novelas son como circos con muchas pistas, donde uno como lector va pasando de pista en pista. Me gustan estas novelas, yo creo que así nació el género, Don Quijote es eso”, asegura el autor de Las reputaciones.

El narrador que ha sido llamado por Mario Vargas Llosa como “una de las voces más originales de la nueva literatura latinoamericana”, se mantiene fiel a una de sus indagatorias obsesivas: el violento pasado colombiano.

“Sigo defendiendo de una manera un poco fanática la pertinencia de la novela, creo que si seguimos leyendo y escribiendo novelas es porque a través de ellas llegamos a lugares donde no nos puede llevar la historia ni el periodismo; las estrategias con las que yo como novelista construyo mis libros son muchas veces las del periodista y las del investigador, tienen que ver con el buceo en los misterios de la historia y en esta fue un proceso de investigación que tiene que ver con el comportamiento de un periodista”, afirma Vásquez.

Los misterios del crimen. A Juan Gabriel Vásquez le gusta citar una frase de Faulkner: “El pasado no está muerto, ni siquiera es pasado”, pues coincide con está idea de que el pasado está con nosotros, que no es algo fijo e inamovible, no es una foto en blanco, no es una estatua de piedra, sino que el pasado nos acompaña hoy y moldea nuestras vidas, eso es algo a lo que Vásquez es especialmente sensible, de ahí la obsesión de sus novelas.

“He crecido oyendo hablar de esos días, tienen una relación íntima, privada, familiar con mi vida, con mi biografía. Todo eso tomó una nueva vuelta de tuerca en 2005, donde está el verdadero origen de este libro, que es cuando por varios azares que se cuentan en la novela yo tuve en mis manos una vértebra de Gaitán y una parte del cráneo de Uribe Uribe, que eran efectivamente los lugares del crimen. La vértebra con un orificio de bala y un pedazo roto por las hachuelas de sus asesinos del cráneo de Uribe Uribe”, afirma.

Que llegaran a sus manos esos pedazos de historia coincidió con el nacimiento de sus hijas, ambos hechos dieron lugar a la pregunta: “¿De qué manera esas niñas van a heredar esos crímenes y de qué manera los he heredado yo?”, cuestiona el escritor colombiano.

Eso lo llevó a una marca de su literatura: sus narradores son siempre investigadores. “En la forma de las ruinas ocurre que todo mundo está investigando algo, todo el mundo está buscando un secreto o un misterio, ya sea en el pasado oscuro del país o en el pasado oscuro de un personaje. La forma de investigación me ha atraído mucho porque es la forma que yo tengo de comportarme en la vida real. Mi relación con mis temas es una relación de investigador”.

De ahí que, de nuevo, en su quinta novela hay un misterio que se esclarece y una indagatoria donde se descubre quién es uno. “Hay un alto grado de descubrimiento de uno mismo y de alguna manera una novela también es una especie de viaje a lugares oscuros de nuestro pasado común colombiano; esa sonda que uno manda puede volver con informaciones nuevas, con revelaciones, con iluminaciones sobre nuestra relación con los momentos traumáticos de nuestro pasado”, concluye el escritor.

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