15 | SEP | 2019
Ícaro , versión libre del mexicano Gabriel Pacheco, será uno de los grandes lanzamientos que hará el Fondo de Cultura Económica en el último trimestre del año (IMÁGENES DE ÍCARO. CORTESÍA DE GABRIEL PACHECO)

Gabriel Pacheco, un clásico de la ilustración

24/07/2017
00:20
Yanet Aguilar Sosa
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Con 15 años de trayectoria, el artista habla de la importancia de su reciente trabajo, Ícaro, en el que confluyen sus intereses sobre la creación. Su trabajo será expuesto en Italia en enero

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Gabriel Pacheco, un clásico de la ilustración

Pacheco es uno de los mejores ilustradores mexicanos con más reconocimientos y premios internacionales. Sus obras se traducen y publican en México, España, Francia e Italia

 

Gabriel Pacheco ve y comparte el mundo a través de imágenes, lo ha hecho así desde hace cerca de 15 años y en alrededor de 50 libros para niños y jóvenes. Su búsqueda va más allá, desde hace varios años reflexiona sobre el acto creativo; así ha llegado a la pintura que ejercita desde una técnica antigua: la veladura, y desde la escritura de un ensayo que también tiene impacto en su Ícaro, el bello libro que publicará el Fondo de Cultura Económica (FCE) en unos meses.

En esta nueva obra, que vendrá a presentar a la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ), el ilustrador nacido en la Ciudad de México en 1973, ha puesto el alma, como en todos sus libros, pero también ha hecho un acto consciente sobre paternidad, humanidad, pasión y filosofía.

“Es un mito en el que parece que se encierra todo el mundo, se podría explicar gran parte de lo humano a través de Ícaro. Yo me identifiqué mucho sobre todo con Dédalo porque ahora nosotros tenemos hijos y jóvenes que vuelan desesperados e incluso abandonados”, señala a EL UNIVERSAL, el artista que está de visita en México.

Gabriel Pacheco es uno de los mejores ilustradores mexicanos, es uno de los artistas con más reconocimientos y premios internacionales. Sus obras se traducen y publican en México, España, Francia e Italia, donde radica desde hace algunos años, y donde dirige la Sármede, la escuela más antigua de ilustración en Italia. Justo allí es donde está poniendo en práctica una nueva pedagogía, pues desde hace varios años comenzó a teorizar sobre su oficio y sobre el arte creativo.

El artista que estudió Teatro y se especializó en Escenografía, en el INBA y tiene un diplomado en Literatura infantil, en Barcelona, Catalunya, tiene una fascinación por los clásicos de la literatura, esa es una de las razones por las que ha contado con imágenes su propia versión de obras como Alicia en el país de las maravillas, El libro de la selva y Los Miserables, pero también ha ilustrado Pinocho, y Peter Pan que junto con Ícaro, son sus dos más recientes trabajos que se publicarán en México en el último trimestre de este año.

De altos vuelos. Gabriel Pacheco reconoce su gusto por los clásicos, por las obras literarias de gran manufactura, también por los mitos y por los proyectos que han determinado su vida. Cuatro de ellos los ha publicado el FCE: Hago de voz un cuerpo, La bruja y el espantapájaros, Arenas movedizas, una obra sobre cuentos de Octavio Paz, y ahora Ícaro.

“Son como cuatro puntos muy significativos en mi trabajo. Lo interesante es que cuando llego a estos puntos es como si fuera un resumen de lo que pudiera ser la experiencia, si es que se puede acumular, y son proyectos en los que parece que llego a visualizar un poco en perspectiva todo... En Ícaro hay una tipología que cada vez yo intento que sea más plástica”, señala el ilustrador que es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

Ícaro tiene una gran importancia en la carrera de Gabriel Pacheco, pues aunque se ha adentrado en otros clásicos centrales de la literatura, en esta obra confluyen sus intereses sobre la ilustración y la pintura; también está allí toda su reflexión sobre el acto creativo, tema del proyecto que realiza para el FONCA, que es al mismo tiempo tema de la primera exposición pictórica que inaugurará en enero, en Italia, nación en la que radica desde hace algunos años y donde ha comenzado a crear de otra manera. Pero también en ese mito está su introspección sobre la paternidad, la pasión y los sueños.

Hoy en día Gabriel Pacheco está justo en la etapa de más sencillez en el trabajo y menos elaborado. “Será porque la elaboración de pensar cómo hacer una ilustración la he estado reflexionando y ahora como que llega un punto donde incluso la angustia, el padecer, la reflexión y todo lo que implica le agrega mucho a mi trabajo; ahora tengo algunas claridades, pequeñas, de donde me sostengo. Curiosamente me veo muy reflejado en el mito, porque Dédalo después de dejarlo todo se encuentra con su hijo y no lo conoce porque ha estado trabajando, ha estado empujado por la pasión, pensando siempre en qué inventar, es como esta voracidad o esta necesidad del creador de estar siempre trabajando sin mirar quién está atrás pero llega un momento donde uno se enfrenta con esas pertenencias, en este caso su hijo”.

El acto creativo. Gabriel Pacheco es otro y es el mismo. En cada una de sus ilustraciones de los 50 libros que ha hecho está su trazo, su técnica y su paleta de colores pero al mismo tiempo es otra. “Técnicamente hay cambios, la línea se vuelve de otra forma, cambian los colores, los trazos; por fortuna uno pretende estar vivo y asumir eso, el trabajo es como un trazo de eso que vamos haciendo, de los gustos, de lo que uno ha vivido, de los emociones, de la luz. A veces uno puede ser más oscuro o más luminoso”.

Es un creador en potencia, no sólo en su obra y sus búsquedas, no sólo en sus ilustraciones y las técnicas a las que arriba, no sólo en sus reflexiones sobre el acto creativo; también lo es en otras vocaciones que lo impulsan, en los cursos que ha comenzado a delinear en la Sármede, a donde llegan siempre jóvenes aspirantes con toda la pasión por la ilustración; lo es también en los talleres que no deja de venir a dar a México.

“Tengo una idea que utilizo en los talleres que doy para jóvenes, nosotros somos como la luna donde los asteroides chocan y eso son las repercusiones. Cada repercusión nos afecta, donde uno vive, cómo está con la familia, con la sociedad, cómo se relaciona, si uno emocionalmente está en cierto estado, si lee, si no lee, si uno se mueve o vive en el desierto, somos muy susceptibles y la ilustración es una resonancia de esas repercusiones, si yo dibujo ocho horas al día, mi dibujo lo va a sentir, es una resonancia de esa repercusión también, si no dibujo igual, la ilustración es un espejo, es como si fuera un campo de arena en donde dependiendo de cómo uno va caminando será la huella que uno va dejando en el dibujo, en el color, en las formas en cómo incluso lee un texto”, afirma Pacheco.

El ilustrador que asegura que uno es el cúmulo de su pasado y de sus deseos; el mismo que asume la ilustración como una resonancia de todos esos conflictos, tensiones y vínculos entre el deseo que uno quiere hacer y de lo que uno ha sido, trabaja en varios proyectos. Está escribiendo una serie de textos sobre el acto creativo en un proyecto para el FONCA, pero también está explorando entre esas dos artes que son la ilustración y la pintura; y desde luego esas reflexiones las lleva a sus libros, a sus apuestas literarias para primeros lectores y para lectores más adultos; y las plantea en su labor docente. De allí saldrá un libro de ensayos, su primera exposición de pintura, tres libros en los que trabaja, un rediseño pedagógico y una serie de sueños.

“Estoy dirigiendo un proyecto de cursos en Italia en la escuela de Sármede, estoy tratando de implementar estas ideas del proyecto en el FONCA en una nueva didáctica y por otro lado me ha acercado más a la pintura”, afirma el ilustrador que dice que si acaso hay algo que une a toda esta serie de proyectos sería encontrar la parte humana, hacer una filosofía de esto que todavía se cataloga como algo muy superficial: la ilustración”, afirma.

Aunque no es nada común que los ilustradores teoricen sobre su acto creativo, Gabriel Pacheco lo ha hecho. Dice que se ha desarrollado a tal punto la ilustración que deben asumir responsabilidades. “A mí me gusta ese aspecto de asumir esa parte, de reflexionar, de no dar por sentado, de no subestimar el método, de no dejar todo en la superficie, de no banalizar. Es algo que pretendo defender y continuar”.

Dice que no ha hecho bastantes libros, pero lleva 50. En sus inicios hacía ocho libros al año, ahora hace acaso dos. Nunca se ha sentido parte de una generación de ilustradores mexicanos, aunque reconoce el trabajo de otros, pero sobre todo el de los jóvenes. “La ilustración en México siempre ha sido muy cerrada, algo que me interesa mucho y hacen bien las nuevas generaciones es que se están comunicando por Internet, aunque peligrosamente tienden a separarse, tiene que ver mucho con los circuitos Guadalajara, la Filij, Oaxaca. La esperanza que veo es que vienen muchos ilustradores que no vienen de la ilustración, esos son los más interesantes, sobre todo los que están aprendiendo a hacer ilustración desde su propia cuenta... pero ahí está la naturaleza: unos serán de centro, otros de las orillas. Yo soy más de las orillas”, concluye Gabriel Pacheco.

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