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Los múltiples rostros de la violencia contra las mujeres los ha confrontado con su obra Teresa Serrano. La artista conceptual a través de formatos propios de la cultura popular —telenovela, canción y cine—, de soportes artesanales —piñatas y tejidos con lana y cuero— y de la plástica —escultura, pintura, fotografía, instalaciones y videoarte— ha señalado los diversos matices que abarca lo femenino en el mundo actual: desde los feminicidios en Ciudad Juárez, hasta la violencia laboral, el acoso, el maltrato y la esclavitud del mercado de la belleza.

Serrano, una mujer que eligió ser artista cuando tenía 37 años, después de ser madre de seis hijos, comenzó por hacer arte sobre el tema más esencial para ella en ese momento: la maternidad; 43 años después, sus obras más recientes son una crítica a la estética y a la industria que lleva a las mujeres a transformar su cuerpo en aras de un ideal de belleza.

“Siempre voy a tocar lo que estoy mirando o escuchando para apuntar, to appoint, el problema, hacer comentarios de lo que sucede. He trabajado la violencia de género por muchos años, hice mucha soap opera, usé el formato de la telenovela para decir cosas contra la violencia de género, para mostrar los comportamientos machistas de la sociedad mexicana, como con las muertas de Juárez”.

¿Ha disminuido esa violencia?

Al revés. Se ha exacerbado. Creo que es porque la mujer se ha liberado muchísimo, se ha vuelto autosuficiente, trabaja, gana dinero, no está supeditada a que el marido le dé nada. Nos hemos vuelto autosuficientes y eso molesta. El machismo sigue ahí; los hombres siguen pensando que ellos tienen que ser lo que mandan, dicen, tornan...

¿No han funcionado las campañas?

Son muy pocas. Hay mujeres que han estado fuertes, como Lidya Cacho, y muchas otras. Pero no es suficiente porque las campañas de los gobiernos no son importantes.

¿Y qué hace el sector privado?

Cuando tú tienes un confort muy grande, no evolucionas. Cuando te refugias en el confort que te dan el dinero y el estar en cierta zona privilegiada, no peleas. Es muy cómodo el cojín de plumas, y ya no te mueves. No se dan cuenta, pero ellas solas se ponen un muro, se autolimitan. Eso es parte de esta cosa elitista de todo Latinoamérica, del mundo; de eso forman parte las esposas de Donald Trump y de Enrique Peña Nieto; son niñas que por comodidad están donde están. Mutiladas absolutamente. Thalía también, era una chica que tenía talento y ¿qué pasó? se casó con el rico de Sony y se acabó; el señor la guardó. Eso es lo que hacen: impiden su salida. Eso le pasó a Angélica Rivera; se equivocó, tenía muy buen rating, pero acabó guardada en el closet e insultada por todo México.

Serrano ha desarrollado casi toda su obra artística en Estados Unidos, país donde también, advierte, las batallas de las mujeres aún no se ganan: “¿Feminismo en Estados Unidos? ¿quién se lo cree?”, cuestiona la artista que acaba de presentar en ZonaMaco (con la galería EDS) la serie de obras Pseudo needs, que consta de zapatos de plataforma con herraduras delanteras altas, con las cuales habla de la transformación del cuerpo en aras de la belleza:

“He hecho muchas cosas con humor e ironía sobre la cosmetología (como mi pieza Barro de belleza), el hedonismo, el quererte quedar joven (Vanity), algo que es tan importante en este momento del mundo. Hemos vuelto a esa época de Grecia, donde si nacías feo te tiraban al barranco; si no cumples con los patrones de belleza te sientes feo, es hedonismo puro. Ahora hice los zapatos para hablar del estatus y del control. En el siglo XII, un emperador chino quería que su mujer tuviera los pies chiquitos, entonces comenzó la costumbre de vendarles los pies desde niñas y esta ley se acabó en 1912. No podían correr las mujeres; ahora, lo que pasa es que las mujeres tampoco pueden correr, se destrozan los pies.

Otro ángulo de su trabajo es el lenguaje. “Estoy haciendo crítica de que hemos perdido la lengua absolutamente, y todo por Internet, por la velocidad, como hay que escribir rápido se hace como una síntesis de la palabra”.

A partir del lenguaje, Serrano ha creado obras que hablan de la pérdida, el duelo y el miedo. Llevó hace años a la Sala de Arte Público Siqueiros una obra en cera llamada Fear (Miedo), que luego quemó y que invitaba justamente a quemar el miedo. Esa pieza, sostiene, está más vigente que nunca, en especial en Estados Unidos.

¿Qué analizas de estos últimos años de Estados Unidos?

Después de que entró Bush padre a la presidencia, habló del new order y eso marcó un antes y un después; significó el cambio absoluto a un capitalismo salvaje. Ahí comenzó la tragedia. Bush chico hizo una guerra injusta, mentirosa, inventó que había armas de destrucción masiva, engañó a su pueblo y militares. Estados Unidos vivió con Bush todo el miedo del mundo, y cada vez que estaban bajos sus ratings, sacaba a Bin Laden, el cascabelito, y todo el mundo acababa aterrorizado. Nueva York cambió radicalmente: de ser una ciudad libre pasó a ser una ciudad donde no puedes hacer nada; hay muchas prohibiciones; no puedes filmar, no puedes usar un trípode; se fue haciendo una ciudad muy restringida y muy superficial.

Tu viviste el cambio en Estados Unidos, ¿cómo ves este momento?

Es muy grave, terrible. En Estados Unidos fue perdiendo mucha calidad la educación, estas elecciones son resultado de la falta de educación, nadie con un poquito de juicio y capacidad va a elegir a un señor como éste. Es la gente mediocre la que lo eligió, la que no piensa, la que no se cuestiona. La gente de las dos costas tiene otra idiosincrasia, su horizonte es amplio y es amplia de criterio, pero la gente de la montaña no. Lo ves en los resultados: la gente del centro no quiere lo diverso, no quiere al otro, es la que votó por Trump. Esa gente eligió a alguien con quien se identificaba en su manera de hablar; Trump es un hombre extremadamente limitado, ser rico no quiere decir que seas inteligente. Estados Unidos es un imperio que está cayendo porque escogieron a la peor persona. Es una cultura de puritanos y eso es lo peor, implica que estás regulado, que no te puedes salir del guacal, que tienes que pensar y ser de determinada manera. Estados Unidos es así: por encima es puritano y por debajo hace lo que le da la gana: por debajo están las drogas y los abusos. Es un puritanismo que tiene que ver la religión y es el comportamiento de una “elite” que siempre va a permear en el que está abajo.

Ese es un problema con Trump, que discrimina a la mujer, pero ¿quiénes lo escogieron? La gente que se parece a él. Estados Unidos lo eligió porque se identificó con él. Y es un personaje al que no le importa la educación y, si no le importa la educación ¿qué le va a importar la cultura? No sabe qué es cultura. Él sólo sabe de table dances, de casinos, de juego, de mujeres bonitas, bonitas para él; ese es su mundo.

¿Cómo ves a México con relación a Estados Unidos?

Por un lado, los mexicanos aspiran a tener una economía como ellos y, por otro, los odiamos, nos pisan cada vez que quieren. Para México es un momento de reflexión, México está en un continente con una religión y un habla común, tiene todos los recursos, pero nos falta comunicación y querernos identificar. Tenemos una cantidad de gente de Centro y Sudamérica que quiere entrar aquí y ¿qué hacemos? Los tratamos como perros. Ya quisieran estas personas que los tratáramos como los gringos nos tratan a nosotros. Los tratamos peor, infinitamente peor. México ha estado de espaldas a Latinoamérica. Nos fijamos mucho en Estados Unidos pero hay que mirarnos a nosotros también.

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