Se encuentra usted aquí

El peso de las palabras

Después de ser piñata de la retórica de odio, hoy somos blanco de los desquiciados
06/08/2019
00:00
-A +A

En teoría, un líder debe guiar con esperanza y buenas prácticas que lleven a su gente a una mejor vida. Debe ser responsable de sus dichos y actos, pues puede inspirar optimismo o desatar polarización y confrontación. Los dos tiroteos masivos del fin de semana en Estados Unidos ocurrieron en un ambiente de crispación política y social alimentada por alguien que no se apega a la teoría: el presidente Donald Trump.

El gatillero de El Paso, Texas, cuyo nombre no merece ser mencionado, perpetró un atentado terrorista, un crimen de odio en contra de mexicanos en una ciudad donde domina esta comunidad. Acudió a un centro comercial donde nuestra gente hace compras a precio de descuento en preparación para enviar a sus hijos a la escuela. Actuó con alevosía, premeditación y ventaja exhibiendo la única enfermedad que padece: un corazón lleno de odio influenciado por una cabeza repleta de excremento aprehendido en sitios de internet de supremacistas blancos. No obstante, sabía lo que hacía, así lo prueban los pasos sistemáticos del ataque.

Al momento de escribir estas líneas van 22 muertos por el atentado en El Paso, veremos cuántos más pierden la vida. Estos eventos cambian la vida de los latinos en Estados Unidos, pues después de ser piñata de la retórica de odio, hoy somos blanco de los desquiciados. Vivir con miedo es ahora “normal” para nosotros.

Trump nos llamó criminales y violadores, deshumanizó con palabras y políticas públicas a los inmigrantes y, en general, a las minorías. En mayo pasado durante un mitin de campaña en Florida preguntó a sus seguidores: “¿Cómo detener a esta gente [a los indocumentados]?” Un seguidor gritó: “Disparándoles”.

Trump reaccionó sonriendo y bromeando. Felicidades, presidente, un loco ya siguió el consejo, asesinó e hirió a decenas con el objetivo de detener lo que cree es “la invasión hispana a Texas”, según un documento que dejó en internet.

Es claro que Trump no disparó las armas asesinas en los tiroteos de Texas y Ohio, pero su discurso de odio ha polarizado a esta sociedad al punto de que aquellos con corazón y mente podrida pueden caer del filo de la navaja de su inestabilidad para perpetrar actos de barbarie.

La sociedad no puede ser generosa con los demagogos, debemos denunciar y reprobar a quienes llaman “infestación” a refugiados o inmigrantes, término apropiado para una plaga de insectos, pero no para seres humanos; no debemos tolerar que nos confronten entre “fifís y el pueblo”, entre “patriotas” y quienes según estos mentirosos “odian a su país”. Un líder que abusa de su investidura para arremeter en contra de ciudadanos de a pie, entidades específicas, opositores y críticos es un bully y un cobarde. Quien impone opciones binarias entre los buenos que lo apoyan y lo malos que no lo hacen, no puede, no debe, no es apto para gobernar.

Un reporte del Centro de Estudios sobre el Odio y el Extremismo en California concluyó que los crímenes de odio aumentaron en los últimos años en las 30 ciudades más grandes de Estados Unidos, siendo el aumento de 9% durante el último año el salto más alto en décadas.

Puedo citar más cifras, estudios y contorsionarme para probar que la situación está jodida en este país, pero prefiero reaccionar como ser humano repudiando a los canallas que nos llevan a enfrentarnos los unos con los otros. ¡Malditos sean los que siembran la discordia que ha costado la vida a decenas de víctimas, entre las que hay mexicanos, cuyas vidas fueron arrebatadas sólo por ser quienes eran!

Las palabras y los actos tienen consecuencias, y éstas pueden ser muy graves. La matanza de El Paso deja claro el peligro de la polarización inducida con fines políticos por personajes tan pequeños como irresponsables.

 

@ARLOpinion