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La Liga de la Justicia

La nueva cinta de Zack Snyder es casi un salto cuántico a las dos previas, pero la barra estaba demasiado baja. Decir que "no es tan mala" es permitir que el villano gane. Es perpetuar la idea de que el cine basado en cómics no puede, ni debe, ser inteligente.
17/11/2017
12:02
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Al inicio de Justice League, en un intro filmado en ralentí y con un cover de Everybody Knows de fondo (secuencia que remite de inmediato al intro de Watchmen)- se puede ver a un indigente pidiendo dinero con un letrero en el que se lee “Lo intenté”. El mensaje bien podría venir del director, Zack Snyder, quien luego de dos fracasos previos (Man of Steel y Batman v Superman), regresa con más personajes, más presupuesto y el peso de finalmente hacer algo que le dé pelea a Marvel y a los Avengers.

 

Y en efecto, habría que concederle eso al “visionario” Snyder: lo intentó…. y de nueva cuenta fracasó, aunque no a los niveles de sus previas cintas. Justice League es una película que se deja ver, que tiene todos los vicios del cine Snyder, pero que cuenta con al menos dos elementos que hacen de esto algo digerible y hasta divertido: humor y una Mujer Maravilla que sigue siendo el mejor y único personaje bien desarrollado en el llamado Universo DC.

 

Es francamente sorprendente el porte, la personalidad y la gracia que Gal Gadot despliega frente a la cámara. La primera secuencia de acción está a cargo de ella y es emocionante entre otras cosas porque hace lo básico que tiene que hacer un superhéroe: salvar gente (y no brincar entre explosiones y pelear con villanos de CGI). El espíritu de un George Reeves vive en su personaje. “I’m a believer”. We all are, Gal.

 

Lo notable de Justice League es que son las mujeres las que más emocionan, las que mejor pelean, las que salvan el día. En otra secuencia, las amazonas de Temiscira combaten al villano, un amasijo de CGI con voz de Ciarán Hinds llamado Steppenwolf. Las amazonas pelean en grupo, son heridas, se levantan, mueren con tal de proteger su isla. Esa batalla es la mejor de toda la película y no sale ni uno solo de los superhéroes de la Liga.

 

Pero decir que esta cinta es mejor que las anteriores (decir que “no está tan mala”) es de plano claudicar. La barra estaba muy baja y casi cualquier desviación de las obsesiones Snydersescas sería un activo para la cinta. Ése activo se llama Joss Whedon, el director emergente que a la partida de Snyder (a causa de una tragedia familiar) tomó la batuta en la post-producción.

 

Su aporte principal parece estar en la edición. Hecha casi a mordidas, es clara la intención de recortar el tiempo en pantalla. Mientras que ese mamotreto llamado Batman v Superman duraba dos horas y media, aquí hay decenas de personajes pero la película dura apenas dos horas. La edición destroza la fluidez de la narrativa (if any), pero si a cambio el resultado es media hora menos de tonterías y CGI, entonces es un esfuerzo que realmente se agradece. Ya con ganas hasta podrían haberle quitado media hora más.

 

Lo que sigue siendo un lujo en el mundo de DC (a excepción de Wonder Woman, conste) es tener un buen guión (y de los diálogos mejor ni hablar). Aquí la premisa es tan básica que parece robada descaradamente de la primera Avengers. En resumen: un villano de otro planeta (galaxia, o lo que sea) invadirá la Tierra con un ejército de moscotas (muy parecido el ejército de monstruos de la primera Avengers) y como Batman (Ben Affleck) sabe que él solito no puede con el paquetote, busca reunir a los metahumanos que Lex Luthor convenientemente ya tenía ubicados, clasificados y hasta le había encargado a la de diseño en Lexcorp que les hiciera sus bonitos logos.

 

De los nuevos héroes el primero que destaca es Ezra Miller como Flash, único personaje de la Liga que es interpretado por un verdadero actor (si no me creen vean We Need to Talk About Kevin, por dios) y cuyo entusiasmo por estar en el grupo es desbordante. A Miller le toca ser el comic relief de la película y lo hace bien, aunque por momentos su insistencia por ser gracioso sea excesiva. El personaje resulta demasiado grande para la capacidades de los cineastas que nunca saben resolver con aplomo el hecho de que estemos frente al hombre más rápido sobre la tierra. Mientras que Bryan Singer resolvió las escenas de Quicksilver (el mutante que, como Flash, presume de supervelocidad) de una manera absolutamente novedosa y emocionante en Days Of Future Past y Apocalypse, Snyder no sale de su ralentí, unos rayitos y la evidente pantalla verde. Lástima, este Flash merecía mucho más.

 

Luego está Jason Momoa como Aquamán, personaje que supuestamente habla con los peces y controla los siete mares. Para este Aquamán no hay misión complicada, su superpoder es ser bien entrón, como de Jalisco. Nada lo intimida, ni el tipo vestido como murciélago ni el de la capa roja. Funciona de igual forma como un comic relief pero menos ñoño que Flash.

 

El Cyborg (Ray Fisher) fue la gran sorpresa. No porque fuera un gran personaje sino porque al final no fue tan malo. Cyborg es como una Siri de Apple que se conecta a todo lo que tenga que ver con tecnología y electricidad. Aburrido, sí, pero hasta eso la voz super seria de Fisher aunado a su reticencia por verse a sí mismo como un milagro de la ciencia, lo hace interesante. “Somos los accidentes del grupo” le dice a Flash, y tienen razón. Es sola línea ya hizo que Cyborg me pareciera menos una pose y más una posibilidad para desarrollar algo interesante en el futuro.

 

Y luego viene Batman, cuya personalidad y ego es completamente destrozado en esta cinta. No me meteré en el debate nerd sobre si Batman no le gusta trabajar en equipo y que históricamente se ha mantenido al margen de la Liga, acudiendo básicamente sólo cuando sabe que no hay de otra. Eso es correcto, pero entiendo que en una película se pueden dar esas licencias.

 

El problema es que Batman en realidad no tiene nada que hacer aquí. Su personaje es el equivalente a Nick Fury, un tipo que funge como empleado de  administración y recursos humanos, que contrata gente, les da su kit de bienvenida, les provee de material para que trabajen… pero que se ve absolutamente inútil en la batalla. Mientras que todos los demás se convierten en héroes al momento de portar sus trajes, lo que vemos en Batman es a Ben Affleck vestido de murciélago, bofo, incómodo, diciendo sus líneas con cierto hastío. Hasta de traje y corbata se ve falso.

 

Ben Affleck debe de ser definitivamente el peor Batman de la historia, y recordemos que esa historia pasa por un George Clooney y un Val Kilmer en trajes con pezones. Así de terrible.

Y bueno, de Supermán ni hablar. El peor ridículo que puede haber. La película abre con una secuencia (a leguas sugerida por Whedon) donde mediante maquillaje digital le remueven el prominente bigote que el actor porta a últimos días. Es penoso. Y de actuación pues ni hablamos. Henry Cavill sigue siendo una masa impresionante de músculos, pero su rango sigue desarrollándose en dos vetas únicas: hacer cara de triste y cara de enojado. Nunca el símbolo de Supermán había generado tan poca emoción.

 

La trama se sostiene en una idea básica: Supermán era un faro de luz para la humanidad. Su ausencia provocó desesperanza y caos en el mundo. Ese argumento se machaca durante toda la película y cada que lo dicen pienso: ¿en qué película habrá pasado eso?, porque definitivamente no pasa ni en Man of Steel ni en Batman v Superman. En aquellas cintas Supermán era un cretino que a pesar de ser un dios poco le importaba destruir media ciudad, dejar cientos de heridos y damnificados. ¡Vaya héroe!

 

Y no, no está tan mala, hay algunos chistes, Wonder Woman se ve linda (ojo con la insistencia de Snyder en hacerle plano nalgamericano a Gal Gadot, una vulgaridad suprema si se compara la forma en como Patty Jenkins eludió ese recurso en plena congruencia con el mensaje de su película) y Flash está gracioso. Pero conformarse con eso es dejar que el villano gane, es perpetuar la idea de que a una cinta de superhéroes no se le puede ni se le debe exigir más. Es apelar a la desmemoria de apenas hace apenas nueve años cuando Nolan demostró que el cine de superhéroes no estaba peleado con la inteligencia y el buen cine.

 

La cinta recaudará millones (¿billones?) pero eso no debería de ser una carta abierta para que Snyder siga haciendo lo que se le dé la gana. El modelo está agotado, y aunque ahí está Gal Gadot, urge cerrar este penoso, accidentado y vacío episodio para dar paso a algo más. Vamos Warner, ahí está George Miller, ¿qué te cuesta tomar el teléfono y hablarle?

 

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Twitter: @elsalonrojo

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Crítico de cine con 9 años de experiencia profesional. Ha colaborado en revistas y periódicos como 24 Horas, Newsweek, Chilango, Quién, Esquire, Cambio, entre otros.
 

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